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Miércoles 3 de marzo de 2010


+ Elba: poner presidente 2012

+ Educación pública, al garete

 

 

Encumbrada por Carlos Salinas y Manuel Camacho en 1989 para fundar una de las bases de poder del salinismo neoliberal, la señora Elba Esther Gordillo ha convertido el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación en un verdadero cacicazgo político personal que se ha planteado hoy la meta de poner presidente de la república en el 2012.

A lo largo de veintiún años de control sindical férreo, la señora Gordillo ha convertido al SNTE en un factor real de poder corporativo monopólico, aunque en ese mismo lapso la educación pública ha perdido calidad, sentido social, apostolado, honestidad y preocupación por la niñez. Una vez que cumplió los periodos como secretaria general, se inventó el cargo a perpetuidad de presidenta del sindicato.

El proceso electoral del 2010 ha visto consolidar el poder político del SNTE y de la señora Gordillo: puso candidato a gobernador en Puebla (Rafael Moreno Valle) por la coalición PAN-PRD-PT y en Veracruz (Miguel Angel Yunes) y ha utilizado el Partido Nueva Alianza para establecer compromisos de poder con el PRI y con el PAN en otras entidades. Así, los maestros han disminuido su función de formación de conciencias cívicas de los estudiantes.

El problema de la educación se localiza en tres niveles: de un lado, en la conformación del SNTE como un organismo político y, peor aún, electoral; de otro, en el establecimiento de un cacicazgo de veintiún años a favor de una persona; y en tercer lugar, en la decisión de Salinas de federalizar la educación a nivel de presupuesto pero no modificar el centralismo sindical, al grado de que los estados pagan los cheques a los maestros pero la negociación salarial es federal y se lleva sólo en la Secretaría de Educación Pública.

La educación ha sido uno de los pilares del viejo sistema político priísta porque justamente la educación formaba parte del aparato de control ideológico del PRI. Pero la desintegración del PRI y la pérdida del poder llevaron al reacomodo de algunos de sus sectores corporativos. El SNTE como el organismo se desarticuló del PRI y se convirtió en un poder en sí mismo, al servicio del mejor postor.

La señora Gordillo acaba de dar un salto cualitativo: pasar de sindicato a partido político en sí mismo y de ahí a poder monopólico corporativo, inclusive más allá del fracaso del Partido Nueva Alianza como partido magisterial. Por eso la propia señora Gordillo ha tenido que operar personalmente las relaciones de poder del magisterio: lo mismo pacta con el PRI que con el PAN y el PRD, convirtiendo la agenda magisterial en una agenda nacional basada en un poder personal y no gremial.

La jugada final de la señora Gordillo radica en imponerle candidato presidencial al PAN: por un lado, ya dejó entrever la posibilidad de colar en la lista de presidenciales panistas al senador ex priísta Rafael Moreno Valle, a condición de que gane la gubernatura de Puebla; de otro, contaminar la figura del secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio, al presentarlo como una propuesta presidencial del SNTE, cuando en realidad Lujambio llegó al gabinete por su condición de académico, politólogo, simpatizante panista, historiador del PAN y relación directa con el presidente de la república.

El poder político de la señora Gordillo es correlativo a su cacicazgo magisterial. Los gobernadores están atrapados en una decisión de Salinas y Camacho en el gobierno salinista: descentralizar el presupuesto educativo, pero centralizar a nivel nacional el poder político de la revisión salarial. Los gobernadores tienen que esperar la negociación salarial de la SEP y luego deben de lidiar con las secciones sindicales del magisterio que han abierto su propia agenda económica, llevando al absurdo de que por mantener el cacicazgo sindical de la señora Gordillo se tengan prácticamente dos negociaciones anuales salariales.

Lo idóneo sería la descentralización sindical y que cada sección se convierta en autónoma de la nacional y así que cada gobernador se haga cargo de su relación con sus sindicatos a nivel estatal. Sin embargo, la organización nacional del SNTE significa la conformación con autorización oficial de un poder sindical que ya no responde a los intereses del Estado mexicano. De hecho, el SNTE se ha convertido en un poder monopólico personal que genera conflictos estatales y que sólo se sostiene como una concesión graciosa a la señora Gordillo por los servicios electorales prestados antes al PRI y ahora al PAN. Más que un organismo encargado de velar por la educación pública, gratuita, laica, científica y popular, el SNTE es el IFE paralelo --al viejo estilo de los mapaches priístas-- al servicio de quien le garantice poder político a la señora Gordillo. La descentralización del SNTE ayudaría a liquidar un poder público paralelo y contrario al Estado.

Desde el punto de vista de la política, el poder de la señora Gordillo para manejar a los maestros e imponer candidaturas es un poder derivado del absurdo de la centralización del poderío sindical. Es decir, la descentralización del SNTE es parte de la agenda para la transición a la democracia. Si no, en el 2012 la señora Gordillo va a poner presidente de la república o negociará el apoyo magisterial a cambio de mantener su cacicazgo.

 

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