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Jueves 25 de marzo de 2010


 

+ Visita EU: razones de fracaso

+ Clinton escurrió el conflicto

 

La visita del gabinete de seguridad nacional de la Casa Blanca fue una victoria política y diplomática del presidente Calderón, pero un fracaso para la estrategia mexicana de lucha contra el narcotráfico. La corresponsabilidad reconocida por Hillary Clinton no se tradujo en medidas de fondo.

El problema del narcotráfico se localiza en el principal consumidor de droga del mundo: la sociedad norteamericana. Y el gobierno de los Estados Unidos es realmente impotente para cambiar los enfoques porque internamente se enfrenta al consumo como un asunto de derechos y garantías individuales.

En materia de la violencia exportada en forma de tráfico de armas también será imposible cambiar por el gobierno de Barack Obama, porque en los EU existe la garantía constitucional para poseer y portar armas. Sólo que ese derecho para los locales ha sido aprovechado por los traficantes de armas para venderlas clandestinamente a las bandas de narcotraficantes

La cultura, tradiciones y prácticas entre México y los EU son diferentes. Por tanto, el gabinete de seguridad nacional de los EU pudo hacer realmente muy poco para engarzarse con la estrategia mexicana de lucha contra el crimen organizado. De nueva cuenta la Casa Blanca aplicó el enfoque unilateral de dejar en claro que el problema era mexicano y que la corresponsabilidad estadunidense se iba a agotar en la colaboración y la aplicación dentro de los EU de algunas medidas que no modifiquen las prácticas cotidianas ni rompan con la estructura del consumo de drogas.

El punto central del problema de las drogas es el consumo. Y en los EU, el consumo es perseguido sólo cuando está asociado a conflictos legales o violencia. Aún en los estados donde no está legalizado el consumo, la posesión de droga por persona para uso propio no genera procedimientos legales.

La victoria política del gobierno de Calderón radicó en el hecho de que el gabinete de seguridad nacional de la Casa Blanca no llegó a reclamarle públicamente a México su política antidrogas. El uso del concepto de “corresponsabilidad” por primera vez presentó al gobierno de los EU con una nueva visión estratégica del problema.

Sin embargo, los conceptos no aterrizaron en políticas claras y novedosas. En el fondo, la Casa Blanca aplicó al caso de las drogas el mismo enfoque sobre el terrorismo: atacar el problema en los territorios alejados de los EU pero sin comprometer cambios en las políticas básicas.

Del mismo modo, el gabinete de seguridad nacional dejó claro que el problema es de México y por eso los funcionarios llegaron a territorio mexicano. Una forma diferente de enfocar el problema hubiera sido la presencia del gabinete de seguridad nacional mexicano en los EU para anunciar una ofensiva más clara en materia de consumo y el fin de la tolerancia con las pandillas que se han asociado con los cárteles mexicanos para controlar el mercado de las drogas en las 250 principales ciudades de los EU.

Ahí, en el mercado de venta de droga al menudeo para el consumo, se localiza el punto más importante del narcotráfico. Y nada anunciaron los funcionarios mexicanos en materia de persecución del consumo al menudeo, por la sencilla razón de que el consumo personal en realidad no es delito aunque esté penalizado. Pero el hecho de que existan 35 millones de consumidores de drogas implica, de hecho, la existencia de un mercado de venta-compra de droga que sólo ha podido funcionar por la complacencia de las autoridades y por las tradiciones de garantías individuales de los estadunidenses.

En realidad, la visita del gabinete de seguridad nacional de la Casa Blanca estuvo apresurada por el asesinato de funcionarios menores del consulado de los EU en Ciudad Juárez. Y aunque ahora no hubo las actitudes prepotentes del pasado --como ocurrió con el caso del agente de la DEA Enrique Camarena Salazar en 1985-- en el fondo la política fue la misma: acreditar la responsabilidad central a México como país de consumo y de tránsito.

Sin embargo, el gabinete de seguridad nacional de la Casa Blanca eludió el punto central, localizado más allá de la siembra y trasiego: el conflicto en las ciudades fronterizas México-EU no estalló por una lucha por la plaza sino por el control de las puertas de entrada de droga aprovechando el tratado comercial con camiones de mercancías sin revisar a los Estados Unidos y --como lo reconocen los reportes de inteligencia de los EU-- por el control de la red de carreteras en el sur de Texas para la distribución nacional de drogas.

El mensaje final de la visita fue decepcionante, más allá de la victoria política y diplomática de México por el reconocimiento a la “corresponsabilidad”: al eludir el problema del consumo como punto principal del narcotráfico, los EU dejaron la certeza de que reamente no habrá una solución de fondo al problema y que sólo van a combatir la violencia.

 

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