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Jueves 13 de mayo de 2010


 

+ Alianzas: razones del fracaso

+ Gordillo y APPO las infectaron

 

El principal problema de las alianzas PAN-PRD en elecciones de gobernador radicó en la venta de falsas expectativas. Y como se presentan las cosas, los promotores de las alianzas aún no asimilan la derrota prevista en las encuestas, a riesgo de llevar las elecciones estatales a situaciones de violencia que desvíen la atención de las derrotas.

La política mexicana es bastante previsible. Y los casos de Oaxaca y Puebla podrían ser un buen laboratorio para el análisis político de las posibilidades de las alianzas PAN-PRD en el 2010 y con vistas a la posible alianza electoral para las presidenciales del 2012 para enfrentar a un PRI bastante adelantado.

El principal error de los estrategas de las alianzas fue suponer que la suma automática de los porcentajes de la oposición daba la ventaja inicial. Y no ha sido así. Hay inclusive datos de que el PAN y el PRD habrán de perder votos al acudir unidos. El segundo error estratégico fue no alcanzar a explicar bien las razones de la unión y ahogarse en los ataques al PRI. Y el tercer error estratégico se localizó en la falta de unidad de la oposición, pues la rebeldía de Andrés Manuel López Obrador hizo perder el efecto sicológico de la unión opositora.

Las candidaturas aliancistas no han sabido explicar las razones de sus nominaciones. Su énfasis en el cambio, la alternancia y la ética chocan de frente con sus propias representatividades. Gabino Cué en Oaxaca y Rafael Moreno Valle en Puebla representan los intereses de políticos del pasado priísta reciente que tienen pasivos --para decir lo menos-- en la entidad: Cué va a restaurar los cacicazgos de Diódoro Carrasco, José Murat y López Obrador. Y Moreno Valle en es el candidato de Elba Esther Gordillo, la cacique sindical que encarna hoy en día al México del pasado y que representa lo peor del corporativismo-rémora del pasado priísta.

La ubicación de los candidatos aliancistas abajo del candidato del PRI puede explicarse por diez razones:

1.- La ciudadanía no percibió un cambio político de fondo en las candidaturas de coalición. El perfil priísta de los candidatos aliancistas se convirtió en un lastre.

2.- La alianza se basó en una tendencia estimulada artificialmente de polarización política, luego de que la ciudadanía no ha tenido ningún beneficio con esa división. Las crisis en Oaxaca y Puebla mostraron la insurrección del PRD ante la capacidad de resistencia del PRI. Los ciudadanos no quieren conflicto sino transiciones ordenadas.

3.- El impacto de una unión opositora se perdió con el juego político de López Obrador y su tendencia a dividir a la oposición. El tabasqueño no se sumó a la unión sino que se movió para sus propios intereses. Al final, López Obrador --como siempre-- le hizo el juego sucio al PRI.

4.- Las alianzas desdeñaron el factor local: el buen posicionamiento político de los gobernadores salientes. Y Manuel Camacho como politólogo debió de entender que la gente vota en función del periodo anterior. En las crisis de Puebla y Oaxaca, los gobernadores se fortalecieron localmente, mientras sus opositores armaron una insurrección en el DF.

5.- Los aliancistas han confundido el DF con la plaza local. El lenguaje de violencia política molesta a los electores que votarán por su mandatario estatal. A ello se ha agregado el hecho de que los candidatos Gabino Cué y Rafael Moreno Valle llegan por la venganza, no para ofertar un cambio. Más que una alternancia, la oposición propone una ruptura violenta.

6.- La ausencia del gobierno federal dejó la plaza bajo el dominio de los gobernadores priístas. Y los aliancistas representan al PAN ausente y al PRD violento, no una oferta de estabilidad y desarrollo. El presidente de la república ha carecido de una estrategia de fortalecimiento de su figura --y la de su partido-- en los estados gobernados por el PRI.

7.- La alianza desdeñó un factor determinante: la identidad partidista. El PRI trabajó la lealtad, en tanto que el PAN y el PRD sufrieron divisiones ad infinítum. En todas las encuestas aparece la identidad partidista como uno de los elementos de lealtad en el voto. La oposición perdió sus bases y el PRI fortaleció sus espacios tradicionales.

8.- El PRI ha ofertado la continuidad de una política que ha beneficiado a los ciudadanos --política asistencialista--, en tanto que la alianza propone una ruptura radical como sinónimo de violencia y de exclusión. La oposición no ha analizado si las sociedades de Oaxaca y Puebla quieren la alternancia o la continuidad.

9.- La oposición como partido carece de fuerza estructural. El PRI, en cambio, ha privilegiado un partido fuerte con su estructura electoral como globo y ancla. Al final, la clave se localiza en la estructura electoral para el aseguramiento del voto. Las encuestas revelan que la oposición depende del voto de castigo y del voto de los indecisos.

10.- El PRI ha desarrollado una campaña basada en la atención a los ciudadanos, en tanto que los candidatos aliancistas se han inclinado por satisfacer al círculo rojo de la crítica y la confrontación. Ahí se ha dirimido una buena parte del voto.

Los casos de Oaxaca y Puebla ilustran que las alianzas carecieron de una estrategia de fondo.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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