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Lunes 17 de mayo de 2010


 

+ DFC: inicia desestabilización

+ FCH: 2012 y las ocho guerras

 

Independientemente de las razones de fondo detrás de la desaparición del líder panista Diego Fernández de Cevallos, el asunto debe insertarse en los expedientes abiertos de una alternancia-transición sin nuevos pactos políticos.

El contexto del caso Diego tiene aristas que debieran atenderse:

1.- Un clima de sucesión presidencial adelantado y sin acuerdos de estabilidad. La alternancia del 2000 tuvo su más nítido antecedente en la descomposición nacional de mayo de 1993 a diciembre de 1994.

2.- Una guerra en las élites políticas pero dentro de un sistema político que carece de instancias de mediación, negociación o redistribución del poder. En este escenario caben lo mismo las disputas por el poder, que el regreso del PRI y la ofensiva política contra los capos del narco que antes tenían acuerdos con el PRI.

3.- Unas guerra entre las mafias políticas, sociales, criminales, económicas y mediáticas del poder, como parte de la debilidad de gobierno del presidente Calderón y del ejercicio del poder sin involucrar la variable de los acuerdos existentes del viejo y vigente régimen priísta.

4.- Una guerra de estrategias para detener cualquier reforma estructural al viejo sistema político priísta y sus acuerdos secretos que garantizaron la estabilidad del pasado. Ello se percibe en la guerra de posiciones en los espacios legislativos y político-electorales.

5.- Una guerra por los espacios políticos por las tendencias del regreso del PRI al poder presidencial. Más que una oposición a esa posibilidad, el país va a comenzar a resentir la inestabilidad por sectores que quieren ganar posiciones privilegiadas antes de las elecciones del 2012.

6.- Un reacomodo violento de espacios de poder entre los grupos ante la incapacidad de las administraciones de gobierno de Vicente Fox y Felipe Calderón para contener el activismo de corrientes acostumbradas a imponer privilegios por el lado de la desestabilización.

7.- La existencia del Proyecto Futura de ciertas élites de poder para aprovechar las condiciones de inestabilidad y la falta de respuesta del Estado y del poder público y buscar el relevo presidencial pero no por razones de falta de capacidad de gobierno sino para consolidar un escenario político-electoral en el 2012 más propicio al regreso del PRI.

8.- De nueva cuenta el factor norteamericano en situaciones extremas de peligro para su posición geoestratégica. Los organismos de inteligencia y seguridad nacional de los EU se mueven en el espacio de una autonomía relativa para fijar las condiciones de estabilización de la inestabilidad mexicana. La guerra contra el narcotráfico en México movió los equilibrios de poder y afectó los intereses estratégicos de los EU en el tema del narco: frontera, terrorismo, lavado y mafias locales.

México no enfrenta una situación inédita. Es más, existen posibilidades de análisis para encontrar correspondencias con la crisis 1993-1994: una guerra en las élites, escenario por cierto en el cual participó directamente Diego Fernández de Cevallos como candidato presidencial panista. La crisis de 1994 aprovechó la debilidad política de Carlos Salinas y su ceguera ante el relevo presidencial para generar desde dentro de su grupo un clima de inestabilidad para preparar el cambio del PRI hacia la alternancia panista.

Aún si se probara que el caso Diego no tenía relaciones directas con el momento nacional, de todos modos su contexto no podía haber sido más definitorio. Así ocurrió, por ejemplo, con el asesinato del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo en mayo de 1993 y su papel como punto de arranque de la inestabilidad que terminó con la devaluación de diciembre de 1994. O el asesinato del columnista Manuel Buendía en mayo de 1984 que hasta la fecha sigue sin resolverse pero que en su momento marcó el inicio de una ofensiva política de los Estados Unidos contra el gobierno de De la Madrid y por la alternancia panista que no llegó en 1988.

Los problemas del país se acreditan al escaso margen de maniobra del gobierno de Calderón pero en realidad responden a la negativa de las élites, estructuras y grupos de poder para aceptar la alternancia partidista como una transición a la reformulación del proyecto nacional de desarrollo y sus nuevas correlaciones de fuerzas sociales, políticas y de poder. El narcotráfico es un ejemplo: Calderón combate no a mafias o cárteles sino que su ofensiva ha revelado que el enemigo no es en realidad el capo sino sus redes de poder político, institucional y criminal. Es curioso que cada acusación de Calderón a los EU por venta de armas o consumo es respondido con acciones de desestabilización.

Una evaluación racional del caso Diego revela los indicios de un conflicto que obedece más a sus efectos que a sus causas. De ahí la importancia de la decisión del presidente Calderón que no romper su programa de trabajo y con ello negarse a caer en las situaciones de pánico que suelen buscar esas acciones. Al final, vale más analizar las reacciones sociales y políticas de la desaparición de Diego que tratar de aclarar qué fue realmente lo que ocurrió.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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