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Lunes 1 de noviembre 2010


 

+ Policía municipal: descuidos

+ Cuernavaca: sin confianza

 

Si la célula de la democracia es el municipio, el virus de la descomposición de la seguridad también comienza en el municipio. A pesar de la dependencia que existe de ls autoridades locales, las estructuras de seguridad municipal se han convertido en nichos de poder con funcionamiento casi autónomo.

El caso del municipio de Cuernavaca es ilustrativo. El nuevo secretario de seguridad pública municipal, Mauricio Vega Chavaje, ha creado un bunker en su dependencia desasociado de la alcaldía. Lo grave es la complicidad. Uno de sus primeros nombramientos fue el de Miguel Angel Zambrano Escobar como subsecretario de la dependencia, pero a pesar de que cuenta con una orden de aprehensión en Jalisco.

Los espacios de seguridad en los municipios han derivado estructuras de poder ajenas a la lucha contra la inseguridad. En Ciudad Juárez, por ejemplo, los policías municipales hasta hace poco eran los encargados de cobrar cuotas a los picaderos, lugares donde llegaban a consumir al menudeo droga por inyección. Algunos cálculos hablaron de 100 dólares a la semana por cada uno de los casi tres mil picaderos. Y esos lugares eran el eslabón fundamental del narcotráfico

En este contexto, los enlaces primarios de la corrupción asociada al comercio de la droga y luego ésta articulada al crimen organizado se localizan justamente a nivel municipal. Los policías municipales son los que tienen el contacto directo con la comunidad… y con los criminales. La policía estatal se encarga de los asuntos por especialidad y no por observación directa.

La estrategia de seguridad atendió tarde el conflicto municipal. En Ciudad Juárez los policías municipales fueron sustituidos por personal militar. La decisión fue urgente por la circunstancia. Luego vino la decisión aún en debate del mando único o de la policía única a nivel estatal. Pero hasta ahora nada se ha hecho para revalidar el papel imprescindible de la policía municipal por su contacto directo con la comunidad social. Los policías municipales necesitan capacitación, supervisión, control de confianza, renovación y, sobre todo, un mejor nivel de vida. Su contacto directo con la comunidad no ha sido aprovechado como un control de confianza.

Lo malo ocurre cuando el espacio municipal se observa como desecho político. El caso de Cuernavaca ha prendido algunas alarmas en los altos mandos de seguridad porque hay indicios que exhiben al desdén a los criterios de mayor pulcritud en su funcionamiento. El caso del subsecretario municipal de seguridad está documentado en los expedientes de información, sobre todo porque fue probada la acusación de abuso de autoridad en Puerto Vallarta, Jalisco, en 1995.

El nombre del flamante subsecretario municipal de seguridad Miguel Angel Zambrano Escobar debió de haber saltado en los mecanismos de supervisión de las designaciones. El asunto se procesó en el 1º distrito de Guadalajara, Jalisco, bajo el oficio 3354/95MPF en calidad de asunto federal. Sin embargo, la orden de aprehensión fue anulada por intervención del secretario Vega Chavaje y no por un desahogo de expediente.

El municipio de Cuernavaca se vio de pronto sometido al asedio del crimen organizado, con la presencia en la zona de los principales capos de las grandes bandas de delincuentes. Ocurrió lo de siempre: los jefes de las bandas llegaron a la plaza no a operar sino como refugio, pero inevitablemente comenzaron las disputas por la plaza.

Ahí es donde la policía municipal debió de haber comenzado una labor de organización de fuerzas, de inteligencia y de resistencia. Pero ahí también hubo fallas acreditables a la policía municipal. En los últimos meses la alcaldía inició labores de capacitación más estrictas para tener efectivos mejor preparados. Sin embargo, poco puede lograrse si las estructuras de mando carecen de sensibilidad --cuando menos-- para atender la función de la policía municipal como primer y principal muro de contención ante la delincuencia.

Si la estructura municipal no atiende a su papel central y directo en la seguridad, de poco servirá el mando único de policías estatales que tienen que cubrir un espacio territorial estatal más amplio. La tarea primordial de una policía municipal --y de nuevo se toma el ejemplo de Ciudad Juárez-- tiene que ver con el contacto con el espacio social inmediato de la comunidad, pero al mismo tiempo se requieren de mecanismos de organización social para la supervisión de las autoridades policiacas.

Lo peor que le puede pasar a una estructura de seguridad municipal --y ocurre en caso todos los más de 2 mil 700 municipios del país-- es que la estructura policiaca de primer nivel opere de manera autónoma y sin los controles de confianza indispensables. En Ciudad Juárez y Tijuana, por ejemplo, las fuerzas policiacas municipales actuaban al margen de la alcaldía. Inclusive, la intervención del ejército para limpiar esas oficinas hubo de requerir la fuerza y el fincamiento de responsabilidades penales, aunque con la obvia utilización de los derechos humanos como mecanismos de defensa de una estructura enferma y penetrada por el crimen organizado.

Cuernavaca es puerta de entrada al DF, espacio de descanso de los capitalinos y, como se ha visto en los últimos meses, territorio en disputa por las bandas criminales. De ahí la prioridad de atender el problema en la organización policiaca municipal para someterla al control de la alcaldía y de mecanismos más estrictos de control de confianza, antes de que salgan con la sorpresa de que el aparato municipal policiaco fue penetrado por las bandas.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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