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Viernes 22 de octubre 2010


 

+ Barrios Sierra no, Revueltas sí

+ 68: la Belisario y la represión

 

Con una juagada habilidosa, la bancada del PRI en el Senado encontró la forma de reivindicar su historia en la represión de 1968: otorgarle la medalla Belisario Domínguez al priísta Javier Barros Sierra como rector en el movimiento estudiantil del 68.

Sin restarle méritos propios, Barrios Sierra quedó atrapado entre su militancia priísta como secretario de Obras Públicas del gobierno de López Mateos y su condición de precandidato presidencial priísta en 1963. La defensa de Barrios Sierra a la ola represiva del gobierno de Díaz Ordaz no exime su corresponsabilidad en el análisis de fondo del conflicto del 68: la protesta estudiantil contra la represión priísta.

La verdadera figura simbólica del 68 mexicano fue José Revueltas, uno de los hombres más puros, el escritor que definió la literatura de la posrevolución y sin duda el pensador marxista más brillante. Revueltas fue arrestado por la policía en noviembre de 1968, encarcelado como preso político en Lecumberri, agredido por hordas pagadas por el gobierno priísta y sentenciado a casi 20 años de prisión por su crítica al poder presidencial y su promoción --dijo el MP-- de la “autosugestión universitaria”, cuando el tema era autogestión. Revueltas le dio contenido al movimiento: no una protesta juvenil sino un “movimiento de desenajenación” priísta.

Revueltas encarnó el papel de la víctima del poder político priísta represor. Su alegato de defensa fue una de las críticas más duras, brillantes y de filosofía del derecho que alguien hubiera podido hacer contra la estructura jurídica del estado priísta. Revueltas fue condenado por el juez Eduardo Ferrer McGregor, quien sin duda representó al poder judicial orgánico del sistema priísta. Revueltas acusó al sistema judicial de fabricar pruebas, de defender al Estado priísta y de reprimir la disidencia.

En su ensayo México: una democracia bárbara, publicado en 1958, Revueltas analizó el proceso de sucesión presidencial priísta de ese año con Adolfo López Mateos como el candidato-símbolo de la represión e hizo uno de los análisis críticos más lúcidos de la estructura de poder del PRI. En el equipo de campaña de López Mateos aparecía Javier Barros Sierra como funcionario priísta. Por cierto, Barros Sierra fue después compañero de gabinete de Díaz Ordaz.

De acuerdo con Revueltas, López Mateos representaba la represión priísta como método: como secretario del Trabajo en el periodo 1952-1958 fue el encargado de aplastar a los grandes movimientos obreros de los maestros, los campesinos, los ferrocarrileros y los estudiantes. Por tanto, fue lógica la sucesión a favor de Díaz Ordaz, su secretario de Gobernación encargado de la represión. Barros Sierra fue secretario de Obras de los gobiernos de Ruiz Cortines y López Mateos, los años más duros de la represión de Estado.

En el prólogo de su ensayo, publicado en 1975, Revueltas hizo una de las aportaciones más lúcidas, brillantes y profundas del marxismo sobre la teoría del Estado mexicano: “el Estado mexicano es un Estado total y totalizador” pero no totalitario y la clave de su poder residía en “la total manipulación del total de las relaciones sociales”. La represión era asumida como la decisión final después de fallar el control estructural y corporativo a través de del PRI como el partido del Estado.

Por tanto, el símbolo de la lucha contra la represión en el 68 no fue Barros Sierra sino Revueltas. Al contrario, la estrategia de Barros Sierra fue la desactivar el potencial político del movimiento para encauzar una solución del conflicto pero funcional a los intereses del sistema político priísta. Como señaló el politólogo Salvador Hernández en su libro clásico que debiera reeditarse El PRI y el movimiento estudiantil de 1968 (1971, El Caballito), la protesta juvenil fue directamente contra el sistema político priísta.

En su alegato de septiembre de 1970, Revueltas acusó a la estructura del sistema político priísta de la represión. Se refirió a la afirmación del presidente Díaz Ordaz en su cuatro informe de septiembre de 1968 --en pleno conflicto estudiantil-- que en México “no existían presos políticos”, cuando las cárceles estaban llenas de disidentes por sus ideas políticas. Y Revueltas acusó a los miembros de los poderes legislativo y judicial de cómplices: “no hubo un solo diputado, un solo senador, un solo magistrado (de la Corte Suprema) que elevara su voz de protesta contra aquel delito del Estado que se perpetraba delante de ellos, delante de sus propias y respetabilísimas narices”.

De ahí que la medalla Belisario Domínguez al priísta Barros Sierra deba a ser considerada como un acto tibio y tramposo de contrición del PRI sobre el 68. La figura emblemática del 68 --por su inteligencia, participación y lucidez-- fue Revueltas. Inclusive, Revueltas fue uno de los críticos más demoledores de las inconsistencias teóricas y prácticas y el aventurerismo del Partido Comunista Mexicano. En la bancada perredista del Senado están algunos miembros de la lucha del 68 que fueron encarcelados por el gobierno priísta. Y ahora aceptan la medalla para Barros Sierra como si la verdadera izquierda de lucha no hubiera existido en el 68.

La defensa de la dignidad de la UNAM no la dieron las autoridades universitarias --que venían del poder priísta y que después regresaron al poder priísta-- sino los estudiantes en lucha que enfrentaron la represión y fueron a la cárcel como presos políticos.

Por ello es que la medalla a Barros Sierra busca la autoexoneración del PRI en el 68, con la complicidad de ex comunistas del PRD.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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