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Miércoles 1 de septiembre 2010


 

+ Nava, ¿autoexpulsado del PAN?

+ Camacho, el Córdoba del PRD

 

1.- La expulsión del aún gobernador panista aguascalentense Luis Armando Reynoso Femat por haber apoyado al candidato priísta al gobierno estatal ha colocado al virtual expresidente nacional del PAN, César Nava, en el umbral de la autoexpulsión del partido. En la pasada campaña electoral del 4 de julio, Nava operó a favor de priístas en las elecciones de gobernador en Oaxaca, Puebla, Veracruz, Durango, Sinaloa

Casos concretos: detrás del gobernador electo impugnado Gabino Cué se localizan los cacicazgos políticos del (¿ex?) priísta Diódoro Carrasco y del priísta José Murat y la victoria de la alianza PAN-PRD justamente va a beneficiar a esos grupos de poder priístas. En Sinaloa el candidato PAN-PRD, Mario López Valdez, renunció a regañadientes al PRI y apareció como el Juanito del jefe máximo priísta en funciones Juan S. Millán y por tanto el gobernador aliancista ya se sometió a los intereses del priísmo millanista local…, con el aval de Nava.

En Puebla, el PAN de Nava excluyó a los panistas de la candidatura a gobernador y avaló al (¿ex?) priísta Rafael Moreno Valle, candidato no panista sino de la red de intereses de la (¿ex?) priísta Elba Esther Gordillo, cacique del sindicato de maestros, además de algunos priístas que traicionaron a su partido para subirse al carro panista. En Veracruz, Nava impuso al (¿ex?) priísta-salinista Miguel Angel Yunes Linares como candidato panista al gobierno estatal, a costa de provocar la renuncia al partido del senador panista Gerardo Buganza. En Durango, Nava también apoyó a un precandidato priísta para hacerlo candidato del PAN, aunque tuvo que esperar a que renunciara al PRI aunque después de su ungimiento.

Así que el gobernador aún panista de Aguascalientes --impugnará ante tribunales su expulsión-- tiene argumentos más que suficientes para demostrar que Nava como presidente del PAN benefició más al PRI y a los priístas que al panismo. Y que debe autoexpulsarse del PAN.

2.- A partir del criterio de que segundas partes nunca fueron buenas y del Marx hegeliano que señaló que la historia aparecía primero como tragedia y luego como farsa, Manuel Camacho Solís se ha convertido en el Joseph-Marie Córdoba Montoya de PRD: el asesor-operador de las maniobras palaciegas del poder.

Y en esa lógica, su pupilo Marcelo Ebrard ya se perfiló como el Ernesto Zedillo de la historia repetida, porque será el jefe de la campaña de Andrés Manuel López Obrador a la espera de que el tabasqueño le ceda el lugar como candidato sustituto o se enfile desde ahora como el candidato presidencial para el 2018.

Como Córdoba Montoya en el sexenio salinista, Camacho es el asesor del oído del presidente del PRD, Jesús Ortega, cuya ignorancia de la política como ideas se justifica porque no abrevó en el marxismo dialéctico del Partido Comunista sino que aprendió teoría política nada menos que con ¡Rafael Aguilar Talamantes! Lo bueno para Camacho es que Ortega no necesita teoría sino que se ha ajustado bastante bien al maniobrerismo político de Camacho y su ambición de poder. Camacho es el garante de la alianza del PRD de Ortega con el PAN del presidente Calderón.

Como Córdoba Montoya en el sexenio salinista, Camacho representa un grupo de interés: el propio. Y su tarea es la de empujar el posicionamiento presidencial de Ebrard, aunque en el fondo no suelta aún la posibilidad de que la descomposición política del país le ayude a él mismo a colocarse como el hombre providencial que pueda salvar a la patria. Al estilo Córdoba Montoya, Camacho se ha convertido en el principal estratega del presidente del PRD.

Camacho quiso colarse como el asesor-estratega de López Obrador, pero no pudo llegar más allá de coordinador del Frente Amplio PRD-PT-Convergencia. Pero muy a su estilo, Camacho traicionó al tabasqueño, disolvió el FA y lo convirtió, con los mismos partidos, en una organización aún difícil de explicar: Diálogo Nacional, DIA. Con ese paso, Camacho desplazó a López Obrador de la coalición porque no hay ninguna duda de que López Obrador nada tiene que ver con un diálogo nacional y Camacho quiere vender al PAN una alianza para Ebrard. Con maniobras palaciegas al estilo Córdoba Montoya con el PRI, Camacho ya se hizo del control político del PRD para quitarle al tabasqueño el PRD del DF y del gobierno del DF.

La estrategia de Camacho logró, ante la paralización del PRD de Ortega, colocar la figura mediática de Ebrard junto a la campaña de masas de López Obrador. Y Camacho también tuvo éxito en imponer el criterio de que la candidatura presidencial del PRD-PT-Convergencia no salga de una competencia de proyectos o una elección interna abierta estilo primarias, sino de una encuesta, como si el candidato presidencial de la autodenominada izquierda fue producto de un concurso de belleza o el que ganara más portadas en las revistas Quién y Hola.

Camacho ha confirmado su perfil de un ideólogo a la carta, un politólogo al servicio del mejor postor o un político molusco por carecer de estructura ósea y amoldarse gelatinoso a cualquier espacio que le dejen: como politólogo fue marxista, como priísta resultó más ortodoxo que el Carlos Sansores Pérez con el que se forjó en el PRI, como salinista avaló y participó en el diseño del proyecto salinista y ahora como perredista ha sentado cátedra de traiciones políticas al viejo estilo priísta.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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