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Lunes 11 de abril 2011


 

+ Posmodernidad sin modernidad

+ Estado digital, debate eludido

 

Como siempre el corto plazo termina comiéndose al futuro, México se aleja cada vez más de la modernidad y se adentra en el analfabetismo funcional digital. El debate sobre la iniciativa priísta de reforma laboral quiere retrotraer el país al echeverrismo populista, cuando la digitalización de procesos productivos obliga al replanteamiento mismo del concepto de clase trabajadora.

El desafío de la digitalización debería representar una de las prioridades del gobierno federal. Sin embargo, las angustias de los intereses inmediatistas han ido retrasando el debate mismo sobre la modernización. Hoy un grupo de asociaciones propondrá al presidente de la república la urgencia de diseñar una Agenda Digital Nacional para arribar a la Sociedad de la Información y el Conocimiento.

Los gobiernos que miran hacia el futuro --Europa, Asia, Medio Oriente y Estados Unidos-- han creado organismos del Estado para consolidar el Estado digital a través de políticas públicas que vinculen conocimiento, educación e inversión. El asunto no se agota en la sola promoción del internet sino en la utilización de la tecnología cibernética para impulsar desarrollos productivos.

La desorientación mexicana se advierte en la reforma laboral del PRI, con el apoyo del PAN y la oposición del PRD porque no quiere disminuir “conquistas históricas” obreras. Esa iniciativa quiere retrotraer la política laboral a situaciones previas a la gran crisis iniciada en 1973 pero poniendo como prioridad la salvaguarda de prestaciones. El problema, sin embargo, es que en casi cuarenta años se modificó la estructura productiva. El avance en el uso de la tecnología en los procesos productivos ha ido remodelando el papel de los trabajadores en el sistema de producción.

La crisis de México no radica en mantener o adecuar los beneficios para los trabajadores sino en replantear el modelo de desarrollo y en definir las posibilidades de la modernización tecnológica. Ello implica un rediseño total del sistema educativo, hoy mantenido sólo como estructura de poder político al servicio de los intereses de la dueña del Sindicato de maestros, Elba Esther Gordillo. La modernización digital pasa por una nueva forma de organización de quienes tengan que ver con procesos de educación, información y producción.

Un grupo importante de empresas crearon la Asociación Mexicana de la Industria de la Tecnología de Información (AMITI) para impulsar la definición y conducción estatal de una Agenda Digital Nacional que coordine los esfuerzos públicos y privador hoy dispersos. La AMITI congrega a 18 empresas más importantes en tecnologías de la información, entre ellas HP, Microsoft, Cisco, la Cámara Nacional de la Industria Electrónica, de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información (CANIETI), Telcom y la Asociación Mexicana de Internet. Hoy entregarán su propuesta en el Museo Interactivo de Economía.

Por primera vez existe una confluencia de intereses privados en el futuro de las sociedades: la digitalización. El reto es mayúsculo. Un dato: Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en México se encuentran, en comparación con el bloque de las BRIC, en el índice .65, casi igual que Rusia, pero muy debajo de China (.76), India (.72) y Brasil (.67). Lo malo es que en el 2088 México estaba en segundo lugar. Ello quiere decir que México se estancó en materia de utilizad productiva de tecnologías de la información, además de profundizar la desarticulación de esfuerzos. En este punto se localiza la iniciativa de la AMITI para crear la Agenda Digital Nacional y un organismo especial del gobierno para coordinar las tareas; en otros países son departamentos especializados y hasta secretaría de gabinete.

El debate del futuro productivo debe comenzar no con reformas laborales sino con la definición de una agenda digital que implica competitividad, capacitación y equipamiento. México ha avanzado en la digitalización pero sin políticas públicas y menos una política de Estado. El asunto comienza en la redefinición de una política de educación, aunque en México se sigue mirando a la educación como una estructura de poder electoral al servicio de los intereses del SNTE. Las Secretaría de Educación Pública debiera ser el centro motor de la modernización digital, pero apenas tiene tiempo para lidiar con los intereses de la señora Gordillo.

La política pública en materia de tecnologías de información y comunicación, a juicio de la AMITI, debe abarcar organizaciones, desarrollo de tecnologías de la información y la comunicación, acceso y protección de usuarios, gobierno electrónico y telecomunicaciones. El efecto político del Estado digital tiene que ver con la gobernanza o calidad en el ejercicio del gobierno. La MITI propone una Agenda Digital Nacional con cinco metas (resumen ejecutivo en www.grupotransicion.com.mx):

1.- Definir en la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal un responsable de planear, coordinar, ejecutar y evaluar la ADN de forma transversal en la Administración Pública.

2.- Institucionalizar la ADN en la Ley de Planeación, dentro del Plan Nacional de Desarrollo.

3.- Garantizar que la ADN incorpore a todos los actores implicados, sin diferencias de edad, género, capacidades, ideología o demás distinciones, conforme al Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012.

4.- Fortalecer los mecanismos de coordinación entre los tres poderes y los tres órdenes de gobierno, así como los actores privados y sociales.

5.- Contemplar a la ADN como un ordenamiento jurídico transexenal, reconocido como una política de Estado, con revisiones y actualizaciones periódicas.

El futuro de los países está en la modernización digital, no es los privilegios de clase.

 

www.grupotransicion.com.mx

carlosramirezh@hotmail.com

 

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