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Domingo 11 de diciembre de 2011

+ Moreira: alto costo político

+ La primera derrota de Peña

 

La renuncia de Humberto Moreira a la presidencia del CEN del PRI el viernes 2 de diciembre, luego de nueves meses de gestión y electo hasta el 2015, abrió el juego sobre la dimensión de la disputa por la presidencia de la república. En el caso Moreira se conjuntaron cinco escenarios:

1.- La lucha dentro del PRI entre grupos y facciones que quieren espacios en el equipo de Enrique Peña Nieto, precandidato único a la presidencia de la república, enemigos políticos de la señora Elba Esther Gordillo que regresa al PRI en una alianza con Peña y sostenida por el ex presidente Carlos Salinas de Gortari y grupos políticos que perdieron posibilidades de candidaturas a senadores y diputados por la “cesión” de espacios del PRI de Peña al Panal de Gordillo y al Partido Verde.

2.- El PAN aparece en los escenarios priístas como el origen del expediente sobre la deuda de Moreira en el gobierno de Coahuila y la filtración progresiva de documentos que fueron minando la credibilidad del dirigente nacional priísta. El problema se complicó cuando el propio Moreira desdeñó cualquier intención de aclarar el problema para desactivar la potencialidad de las denuncias y se dedicó a dejar crecer el espacio mediático. En el PRI hay la percepción de que el PAN tiene bastantes más expedientes contra priístas y que los irá soltando paulatinamente para minar la imagen pública del tricolor.

3.- El papel de los medios de comunicación en el proceso electoral 2012 se consolidó en importancia con el caso Moreira. La información fue reventada y seguida por Reforma y logró ponerla como parte de la agenda general de los medios. Por primera vez, e inclusive más que en el 2000 y en el 2006, los medios no tienen ningún control político y publican todo lo que cae en sus manos. Por tanto, los medios de comunicación se convirtieron en un factor político de poder que no podrá ser desdeñado por los partidos y candidatos.

4.- El precandidato priísta único Enrique Peña Nieto no sabía del expediente de la deuda de Moreira pero no hizo nada para atemperar las presiones políticas y mediáticas. Desde el principio se hizo a un lado y dejó que la fuerza política del presidente del PRI, al que el propio Peña había puesto en esa posición como parte del control total del partido para el 2012, tratara de sobrevivir a las presiones. En el PRI ha habido ya críticas al estilo de Peña de asumirse como un candidato que no quiere contaminarse con los priístas, aunque sabe que su campaña y los votos dependerán de las estructuras de poder del partido. Sin embargo, Peña abandonó a Moreira y luego del resultado de Michoacán comenzó a fijar su posición en los medios para dejar a impresión de que la decisión de renunciar tendría que ser de Moreira. Con ello Peña dejó en claro que su candidatura es personal y no tiene el factor de complicidad que en el pasado fue un factor de cohesión interna del PRI.

5.- En el fondo, los priístas ya entendieron que el PAN viene con todo para ganar la presidencia por tercera ocasión y que el juego político no será limpio ni de caballeros sino sucio y fuerte. Por ello es que en el PRI no hay mucha confianza en que el partido pueda resistir el acoso del PAN, sobre todo por el hecho de que durante el sexenio actual los priístas se manejaron sin controles políticos ni éticos. Asimismo, en el PRI hay el temor de que el PAN tenga más expedientes de ex gobernadores priístas metidos en problemas de deuda y de otros involucrados presuntamente con organizaciones criminales del narcotráfico. De ahí que los priístas vean con preocupación que Peña Nieto se ha encerrado en una burbuja política ajena al PRI y que no vaya a mover un dedo para salvar a priístas acusados de irregularidades.

La crisis en el PRI por Moreira llegó en el peor momento: lo avanzado del proceso de selección de candidatos presidenciales. La posible llegada del senador priísta Pedro Joaquín Coldwell al lugar de Moreira estaría señalando nuevas relaciones de poder dentro del PRI, pero con efectos negativos en algunas otras alianzas. El presunto sucesor de Moreira, el senador Pedro Joaquín Coldwell, sería una negociación tardía de Peña Nieto con el senador Manlio Fabio Beltrones, desplazado de posiciones de poder con el arribo de Peña al partido; sin embargo, esa nueva alianza de Peña afectaría negativamente los acuerdos de Peña con la señora Elba Esther Gordillo porque fue de antología el choque político Gordillo-Beltrones que llevó a la salida del partido de la dueña del SNTE.

La caída de Moreira se dio en el momento en que el proceso presidencial del PRI había avanzado más de la mitad con el retiro de Beltrones de la contienda y el registro de Peña como precandidato único, la firma de las alianzas con el Panal y el Verde y la consolidación del grupo político partidista de Peña. Moreira funcionaba como el puente entre todos los grupos y va a ser difícil que Peña encuentre un sustituto a la medida; por lo pronto, la llegada de Coldwell obligará a Peña a nuevas negociaciones con el grupo de Beltrones que ya estaba abatido.

El punto clave del caso Moreira se localiza en la filtración de los documentos. Reforma no tenía posibilidades de haber tenido acceso a un expediente. Por ello es que entre los priístas existe la percepción de que el PAN estaría usando el juego sucio de la revelación de irregularidades igualmente sucias. Así, una de las estrategias del PAN estaría sustentada justamente en la elaboración de expedientes de caso conflictivos de priístas en posiciones de poder para reventarlos mediáticamente; inclusive, existen altos niveles priístas que han insistido, a partir del caso Moreira, que se elaboren estrategias de respuesta de posibles expedientes relacionados con el precandidato Peña Nieto para responder a tiempo y evitar la acumulación de espacios mediáticos negativos.

En las elecciones del 2006 el PAN pudo remontar su lugar atrasado en las encuestas con una campaña de propaganda contra López Obrador, tomando en cuenta que el candidato priísta Roberto Madrazo no tenía ninguna posibilidad de ganar las elecciones. El error de Andrés Manuel López Obrador cuando llamo “chachalaca” a Fox de manera ofensiva y luego el spot de Calderón de que López Obrador “es un peligro para México” contribuyeron a darle la vuelta a las encuestas que llevaba adelantadas el tabasqueño con una ventaja de más de 25 puntos porcentuales.

Para el 2012 el PAN llegó tarde a la sucesión, sin figuras dominantes y con una consolidación en encuestas de Peña Nieto. Ahí es donde se localiza la estrategia de guerra política sucia contra el PRI y priístas, como una manera de desprestigiar al tricolor al presentarlo con los mismos vicios de siempre. El problema, de todos modos, sigue siendo el mismo: los precandidatos del PAN no prenden como figuras, siguen abajo en las encuestas y la competencia entre el considerado candidato “oficial” Ernesto Cordero y Josefina Vázquez Mota y Santiago Creel tampoco ha logrado posicionar a cualquiera de los tres, a excepción de un avance interesante de Vázquez Mota por su condición de mujer en un país machista y donde su nominación abrió buenos espacios electorales.

En este contexto, el caso Moreira dejó ver ya que la competencia electoral será tensa y se va a centrar en la lucha del PAN por mantener la presidencia y del PRI por recuperarla; las posibilidades de López Obrador se han estancado por razones de un pasado conflictivo de violencia política que no ha podido remontar con su propuesta de “amor y paz” y de “república amorosa” porque los agravios sociales del tabasqueño contra el país en el 2006 fueron más fuertes que la petición de olvidos que subyace en sus discursos y acercamientos. Tres hechos no le van a perdonar a López Obrador: el plantón en Reforma, las mentiras sobre una encuesta desconocida que decía que le deba 10 puntos de ventaja y que había ganado por 500 mil votos sin presentar pruebas y la orden directa a los perredistas para romper el orden constitucional, impedir el ingreso de Felipe Calderón a la Cámara para tomar protesta constitucional y el no-reconocimiento a la institucionalidad constitucional de Calderón como presidente de la república.

La competencia del 2006 no tendrá reglas, será guerra de posiciones y de trincheras y se litigará en tribunales. Con ello se está dejando el mensaje de que el actual sistema político-electoral ya no funciona para la competencia política y que el que gane las elecciones tendrá que convocar a una nueva reforma electoral que rehaga toda la estructura. Pero de todos modos, el caso Moreira adelantó ya que las reglas no se cumplen y que tendrá mejores espacios mediáticos el que logre difundir irregularidades de sus adversarios.

En este contexto, el caso Moreira fue apenas la punta del iceberg de un proceso electoral con reglas rebasadas, con partidos dispuestos a todo para ganar y sin una autoridad electoral capaz de poder orden en la competencia.

 

www.grupotransición.com

carlosramirezh@hotmail.com

 

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