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Lunes 10 de enero 2011


 

+ Edomex: un Juanito de AMLO

+ Convertir escándalo en campaña

 

 

 

La campaña del PRD por el gobierno del Estado de México está diseñada como una repetición del caso Juanito en Iztapalapa en el 2009: ante la falta de residencia de Alejandro Encinas y por tanto sin registro, López Obrador pondrá a un representante que más tarde, si gana, le entregue el gobierno estatal al ex jefe de gobierno capitalino.

El problema de Encinas radica en su falta de residencia en el territorio mexiquense. Para ser candidato a gobernador existen cuando menos tres candados, de acuerdo con las leyes estatales:

1.- Artículo 68 de la Constitución estatal: haber nacido y estar registrado su nacimiento en el Estado de México y con ello una “residencia efectiva” de cuando menos tres años. “Se entenderá por residencia efectiva para los efectos de esta Constitución, el hecho de tener domicilio fijo en donde se habite permanentemente”. Encinas nació en el DF en 1954.

2.- Variante del mismo artículo: si no se nació en el DF, entonces la ley exige ser “vecino del mismo, con residencia efectiva en su territorio no menor a cinco años, anteriores al día de la elección”. Es decir, Encinas debió de haber vivido permanentemente en el Estado de México desde julio de 2006. Sin embargo, entregó el cargo de jefe de gobierno en diciembre de 2006 con residencia efectiva en el DF. Y en el 2009, dos años antes de la elección mexiquense, registró su domicilio efectivo en el DF para tener la elección plurinominal de diputado perredista representando al DF.

3.- Además, la fracción I del artículo 16 del Código electoral mexiquense establece un requisito legal específico: “estar inscrito en el padrón electoral correspondiente (el del Estado de México) y contar con la credencial para votar respectiva.” La credencial de elector de Encinas es del DF y sus votos han sido capitalinos.

En el 2000, López Obrador pactó en secreto con el presidente Zedillo el registro como candidato a jefe de gobierno cuando su credencial de elector era de Tabasco. Para acreditar su residencia capitalina, el tabasqueño presentó una carta no oficial del delegado en Coyoacán. Zedillo ordenó al PRI no impugnar la residencia, luego de que López Obrador había organizado manifestaciones públicas para torcer la ley y lograr el registro.

La situación de Encinas es igual a la de López Obrador de hace once años, sólo que ahora carece del beneplácito del PRI y el debate público exige el cumplimiento de las leyes. Por tanto, el PRI mexiquense se prepara para impedir el registro de Encinas como candidato.

En este escenario, el Plan B de López Obrador será el mismo del caso Juanito:

1.- Presentar un candidato que cumpla con los requisitos pero movilizar a Encinas como el candidato real en la campaña.

2.- De ganar las elecciones, el Juanito mexiquense gobernaría el estado durante dos años para cubrir los requerimientos de los artículos 71 y 72 de la Constitución estatal: nuevas elecciones si no hay gobernador durante los primeros dos años y gobernador interino si no hay gobernador en los cuatro últimos años.

3.- Para cubrir las apariencias, Encinas sería nombrado secretario general de gobierno del Estado de México para operar desde ahí y convertir al gobernador elegido en un Juanito sin poder, aunque con ello se viole el artículo 65 que señala que “el Poder Ejecutivo del Estado se deposita en un solo individuo que se denomina Gobernador del Estado de México”. De darse el caso de un Juanito mexiquense, el verdadero gobernador sería Encinas como secretario de gobierno y no el gobernador.

4.- Cumplidos los dos años, el gobernador elegido solicitaría licencia y el secretario de Gobierno asumiría el cargo como interino para terminar el periodo.

En este contexto, el modelo Juanito sería aplicado en el Estado de México para imponer a Encinas como gobernador lopezobradorista sin cumplir con los requisitos legales que exigen las leyes estatales. Eso sí, la negativa a registrar a Encinas por no cumplir con los requisitos será parte de la estridencia de la campaña para ganar espacios mediáticos. López Obrador y Encinas serían los jefes de campaña del Juanito designado y aprovecharían el escándalo para ganar puntos electorales.

Las cosas podrían fallar por el hecho de que el Estado de México no es Iztapalapa. En Iztapalapa, en el 2009, el Juanito fue producto de una lucha al interior de dos grupos perredistas: el de René Arce y el de López Obrador. Como buen priísta, López Obrador había designado por dedazo a Clara Brugada pero el PRD de Los Chuchos designó a Silvia Oliva. En la comedia política participó por cierto Marcelo Ebrard, quien a base de amenazas obligó a Juanito a solicitar licencia. Y la mayoría perredista en la ALDF se sometió a los dictados de López Obrador y Ebrard. Asimismo, el Estado de México tampoco es Oaxaca donde sí hubo suma de votos de la oposición para derrotar al PRI.

Las irregularidades electorales en el grupo lopezobradorista han sido producto de los caprichos autoritarios y vicios priístas de López Obrador para imponer por dedazo a sus candidatos por encima de acuerdos democráticos. La candidatura de Encinas impidió que el PRD de Ebrard tuviera a un candidato en alianza con el PAN. Al final, la candidatura de Encinas será producto de un verdadero cochinero perredista basado en el incumplimiento de las leyes y en una comedia política que convertiría a Encinas en un Juanito.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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