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Viernes 14 de enero 2011


 

+ Carta a los capos del narco

+ Ríndanse para ayudar al país

 

Señores Joaquín El Chapo Guzmán (cártel de Sinaloa), Heriberto Lazcano El Lazca (jefe de los Zetas y del cártel del Golfo), Vicente Carrillo (cártel de Juárez), Juan José Esparragoza El Azul (cártel de Sinaloa), Ismael El Mayo Zambada (cártel de Sinaloa) y Servando Gómez Martínez La Tuta (cártel de La Familia Michoacana).

Reciban ustedes esta carta de parte de una ciudadanía harta de la violencia criminal. Durante años ustedes fueron privilegiados por sus relaciones con el poder. Por razones diversas que los medios no han querido investigar, ustedes lograron crear no sólo espacios de dominio criminal sino que lograron una interrelación --complicidad-- con las policías, autoridades, funcionarios y políticos.

Pero esos días ya terminaron. El gobierno federal decidió en diciembre de 2006 emprender una lucha frontal contra sus organizaciones criminales para --antes que otra cosa-- recuperar la soberanía del Estado en territorios dominados por sus bandas, donde inclusive ustedes se convirtieron en la autoridad dominante sustituyendo al Estado. La dimensión de su hegemonía encuentra prefigurada en el saldo --hasta ahora-- de la estrategia de lucha contra inseguridad: muertos, decomiso de armas, destrucción de droga y procesamiento judicial de funcionarios públicos aliados a sus intereses --los de ustedes, no los de los funcionarios.

Pero las cosas tienen un límite. La lógica de las decisiones de Estado establecen el principio de que ningún Estado pierde una guerra que lleva de por medio su propia sobrevivencia. Ya lo vemos: la mayoría de los jefes del narco han sido detenidos o muertos en combate, mientras su respuesta como organizaciones criminales elude el choque directo y se basa más bien en técnicas de terrorismo: descabezados, bombazos, asesinatos de periodistas y alcaldes y liquidación de políticos de alto rango sin explicar razones.

Los análisis en medios han eludido una indagación a fondo del fenómeno del narcotráfico. Ustedes no hubieran existido sin una decisión del viejo régimen priísta. Así de sencillo. Las policías fueron cómplices de ustedes y de sus tareas de siembra, comercio y exportación de droga. Jefes policiacos del viejo régimen priísta son ahora testigos protegidos a cambio de confesar cómo se aliaron a los cárteles criminales.

Sin embargo, la politización 2012 del tema del narcotráfico quiere eludir el análisis. La decisión del gobierno federal en diciembre de 2006 tuvo que ver con informaciones que hablaban del control territorial de sus cárteles --las de ustedes-- sobre espacios de soberanía territorial del Estado. Por tanto, se trató de una decisión del Estado para rescatar al Estado. Lo vemos en Tamaulipas, Nuevo León, Chihuahua y Michoacán: el poder de sus organizaciones criminales logró sustituir al Estado, excluir al Estado, asumir las funciones del Estado.

Algunos analistas se niegan a evaluar el tema de que la mayoría abrumadora de los muertos ha sido de ustedes y producto de una guerra entre las propias organizaciones criminales o en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. Por tanto, el origen de la violencia se encuentra en la disputa por el poder entre ustedes y de ustedes con el Estado y sus fuerzas de seguridad. Hasta ahora no hay pruebas que indiquen que el Estado desarrolla una estrategia de contraisurgencia contra ustedes, pero ustedes han autorizado a sus organizaciones criminales a usar el terror para intimidar no directamente al Estado sino a través de acciones que provocan el miedo en la sociedad de la sociedad.

La violencia, el crimen, el terror no es del Estado sino de las organizaciones criminales que ustedes comandan. El endurecimiento del Estado ha provocado lo que son daños colaterales, es decir, efectos tangenciales. A muchos no les gusta el concepto de daños colaterales pero la mayoría de las bajas civiles ha ocurrido en enfrentamientos callejeros contra las organizaciones criminales que ustedes encabezan. Eso sí, los muertos aparecidos en las calles o las matanzas son producto de las luchas sin reglas entre sus organizaciones criminales.

Por tanto, la violencia no es del Estado sino responsabilidad de las organizaciones criminales que ustedes encabezan. Y la violencia ha escalado posiciones como respuesta de ustedes al avance de las fuerzas de seguridad. Por ello el único camino no radica en el repliegue de la estrategia gubernamental de lucha contra la inseguridad porque implicaría la cesión de espacios territoriales a sus organizaciones criminales, la autorización para que la violencia de sus mafias recupere el control en entidades de la república y la abdicación del Estado. La única solución a la violencia se encuentra en que ustedes decidan rendirse ante las evidencias y ordenen el desmantelamiento de sus mafias. Así es, ustedes deben dar el primer paso para la consigna de “basta de sangre”.

La lucha implícita --y explícita, por qué no reconocerlo así-- en la estrategia de seguridad tiene que ver con saber quién se va a quedar con el control territorial del Estado nacional: ustedes como mafias criminales o el Estado como representante de la sociedad. Por ello es que el Estado ya no puede dar marcha atrás: se trata del Estado o del crimen organizado, uno de los dos tiene que sobrevivir.

El camino no tiene senderos de regreso. Los que quieran recuperar la tranquilidad deben exigir la rendición de ustedes como jefes de las mafias del crimen organizado. Si no, entonces tendríamos que entregarles a ustedes el poder y el Estado. Así de sencillo.

Atentamente.

 

www.grupotransicion.com.mx

carlosramirezh@hotmail.com

 

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