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Lunes 17 de enero 2011


 

+ Loret, modelo de prensa-juez

+ Y del periodismo paparazzi

 

Para Lulú, por una

familia de treinta años

 

Además de que Televisa estaba urgida de romper con el cantante Kalimba porque participaba en parte de la imagen institucional de la televisora, la entrevista de Carlos Loret de Mola al ex miembro de La Onda Vaselina acusado de violación fue una muestra del periodismo paparazzi que privilegia el escándalo y la condena por encima de la información

El entrevistador se convirtió en un fiscal impune, pero si darle al acusado --que no entrevistado-- la oportunidad de tener a su lado a un abogado defensor. Peor aún: el entrevistador fue fiscal, juez, jurado y verdugo pero con la sentencia de culpabilidad declarada antes de escuchar argumento.

El ejemplo Loret-Kalimba proyectó su importancia no por el caso del cantante sino porque ilustró con claridad el estilo de periodismo que se aplica en México al asunto de la inseguridad, el narcotráfico y la violencia asociada. Se trata de un periodismo de bullicio que tiene como punto de partida la conclusión.

Sin embargo, el periodismo es un proceso: noticia, información, investigación, análisis, explicación, evaluación y sentencia. Pero hoy la cobertura periodística de la violencia del crimen organizado comienza con la sentencia y entonces las demás etapas del periodismo se excluyen o se subordinan. Hasta ahora no existen investigaciones periodísticas sobre los cárteles, sobre los capos y sobre el daño que producen promoviendo el consumo de drogas.

El modelo de ese periodismo lo mostró, en toda su dimensión, la entrevista de Loret a Kalimba el jueves pasado, sobre todo porque el entrevistador dictaminó previamente la culpabilidad del acusado cuando en realidad hay más confusión que certeza en la información. El entrevistador acosó, se burló, quería que el entrevistado aceptara el delito al aire en un programa de difusión nacional.

Pero falló. “Me sentí en La tijera con Laura Bozzo (una entrevistadora acusada de complicidad con el operador de Fujimori, Vladimiro Montesinos), con lo peor del periodismo sensacionalista de este país, no con un hombre (Loret) que da conferencias sobre liderazgo, no con el conductor de “Iniciativa México”, no con uno de los elementos más, profesionales y premiados de todo el grupo Televisa”, concluyó el especialista Alvaro Cueva en su columna de Milenio.

El periodismo parece habar trastocado el proceso de la comunicación. En materia de cobertura de la inseguridad se explaya el modelo Loret: los medios como fiscales, jueces, jurados y verdugos, no como informadores. El problema en realidad no radica en las conclusiones, sino en que los medios quieren imponer las conclusiones como la única versión. No ha habido, sólo para poner un caso concreto, un análisis serio sobre las cifras oficiales de evaluación de cuatro años de combate a la inseguridad.

En su columna en La Razón, el politólogo Fernando Escalante se refiere a casos concretos de periódicos que difunden como nota principal informaciones sin confirmar, sin indagar su veracidad, viejas y sin aportar datos complementarios:

“Cuando se escriba la historia de la prensa en México, dentro de algún tiempo, habrá un capítulo dedicado al inusitado florecimiento del periodismo creativo de estos últimos años. La guerra contra el crimen, o como se le quiera llamar, ha permitido poner la nota roja en la portada, a ocho columnas, y llenar páginas enteras con las peripecias del chapo, el barbas y la puerca: asesinatos, traiciones, fugas, millones de dólares, reinas de belleza y complicadas, imposibles operaciones multinacionales, que implican a militares de tres continentes. Hay días en que el periódico entero, cualquiera de ellos, puede leerse como una novela de folletín.”

Se trata de un periodismo de conclusiones, no de indagatorias, de revelaciones, de denuncias. No por menos son periodistas los que han dictaminado el fracaso de la estrategia de lucha contra la inseguridad cuando los grandes capos andan a salto de mata y los que promueven la rendición del Estado mexicano ante los cárteles de la droga o la legalización como solución mágica que sólo llevaría al cinismo de promotores como el laureado escritor Carlos Fuentes al declarar como victoria la legalización del alcohol en los EU: “hay más borrachos pero menos violencia”.

El periodismo paparazzi no contribuye a convertir a la información en un elemento de representación de la sociedad ni en una parte del proceso de toma de conciencia de la realidad. Lo grave es que cuando los periodistas lograr ponerse frente a los capos de la droga, su firmeza crítica contra el Estado se convierte en pasividad cómplice con los cárteles, como le ocurrió al periodista Julio Scherer García durante su “insólito” encuentro con el capo Ismael El Mayo Zambada. No es la primera vez que ocurre, aunque la prensa parece haberse tropezado con la misma piedra: su papel acrítico sobre el subcomandante Marcos en el alzamiento zapatista de enero de 1994.

El periodismo culmina su papel cuando ejerce la crítica, pero la toma de posición debe ser una de las partes del proceso de la información. Lo peor que puede ocurrir es que se critique pero no se informe, no se investigue, no se analice, no se explique. La sola crítica sin aportación de datos profundos convierte al periodismo es un oficio de paparazzi.

 

www.grupotransicion.com.mx

carlosramirezh@hotmail.com

 

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