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Domingo 23 de enero 2011


 

+ Mejor hablemos de política

+ Inseguridad por no-política

 

El dominio mediático de los temas de inseguridad tiene una explicación de contrapunto: no existe información política que ocupe el espacio de atención social. Por tanto, la sociedad ha quedado atrapada en la asfixiante espiral de noticias vinculadas con el crimen organizado.

Los cambios en el gabinete al arrancar el año, aún sin la dimensión de importancia que se esperaba, abrieron espacios a la discusión política y opacaron la cobertura de los temas de seguridad. De ahí la conclusión en el sentido de que la información de seguridad ocupa los espacios mediáticos porque no existen otros temas para debatir.

La sociedad atiende los temas de interés de los medios. En el viejo régimen priísta, la agenda mediática se fijaba en términos de prioridades del grupo en el poder. Hoy, sin embargo, la política de comunicación social del gobierno federal carece de una estructuración ordenada. Antes era piramidal, con los intereses mediáticos del presidente de la república en turno en la cúspide superior. Hoy parece una pirámide invertida, con el presidente en el vértice inferior pero aplastado por mensajes caóticos de múltiples grupos fuera de una cogerencia comunicacional.

La información misma en materia de seguridad padece la ausencia de un orden político. Y ello es reflejo del hecho mismo de que la estrategia de lucha contra la inseguridad está dominada por los criterios de seguridad y no de los intereses políticos del gobierno. Sin embargo, el combate contra los cárteles de la droga es en sí mismo un acto político que tiene que ver con nuevas formas de ejercer el poder.

Es la hora en que el gobierno panista aún no puede fijar el punto central del debate: las mafias actuales crecieron y se empoderaron durante la gestión política del PRI. Y es la hora en que el gobierno panista aún no puede establecer la idea política de que la lucha contra la inseguridad es parte de la transición del país a un sistema democrático en donde los carteles del crimen organizado estén sometidos a las leyes.

Si se entiende bien, la estrategia de lucha contra la inseguridad forma parte de una estrategia política de superación de las complicidades del pasado y de creación de mejores relaciones de poder: es decir, una transición. Las mafias de la droga han sometido al Estado en zonas de alta intensidad criminal. Los casos simbólicos son Tamaulipas y Michoacán, donde los cárteles prácticamente han paralizado el funcionamiento del Estado. Pero resulta que en esas plazas los gobiernos priísta y perredista aparecen como víctimas y no como lo que son: caricaturas de su propia incompetencia política.

La falta de estrategia de información hace aparecer al Estado como perdedor de una guerra que en realidad va ganando porque las mafias han sido descabezadas y han rehuido el choque contra las fuerzas de seguridad. Pero la estrategia de seguridad no ha sabido informar desde el punto de vista que la información es poder y política.

A la lucha contra la inseguridad le hace falta política, estrategia política, enfoque político, contenido político, entendiendo la política en su explicación integral: el ejercicio del poder para el bienestar de la sociedad y la viabilidad de la polis. Mientras el gobierno se asfixie en el enfoque policiaco, la estrategia contra la inseguridad será --ahí sí-- fallida.

 

INSEGURIDAD, ACOTADA

 

La sociedad parece haber llegado ya a un hartazgo en materia de información política. Y tiene razón. La contabilidad de muertos llega a tal punto que pierde eficacia. Los medios y la política de comunicación social del Estado enfrentan el desafío de colocar las noticias sobre inseguridad en su verdadera dimensión.

El problema de fondo no son los muertos sino el hecho de que exista un problema grave de bandas del crimen organizado operando con impunidad. Pocos se han preguntado el punto de referencia comparativo entre los 30 mil delincuentes muertos y los 100 mil detenidos con el escenario de conformación de las mafias. ¿Si ésas han sido las bajas, entonces cuál podría ser el número de delincuentes en activo? ¿500 mil? ¿O más?

La pregunta no es ociosa. Revela sobre todo el hecho de que los medios se han dedicado a informar sobre el número diario de muertos, pero no han querido investigar la conformación de las bandas, sus modus operandi, las alianzas, la forma en que han penetrado la vida social, sus espacios de acción. No ha habido reportajes de fondo sobre las zonas controladas por el narco o las zonas liberadas por las fuerzas de seguridad. No existe el seguimiento de familias afectadas por el crimen organizado. Todo se agota en el número de muertos diarios.

La sociedad misma parece paralizada. No hay capacidad de organización para enfrentar de alguna forma al crimen organizado. Por ejemplo, no se han creado comités ciudadanos de supervisión de los cuerpos estatales y municipales de seguridad, parte fundamental de la descomposición de la seguridad. Desde hace cinco años se habla de que las policías han sido copadas por las mafias pero es la hora en que no existen evidencias de reorganización.

Los padres de familia tampoco han creado comisiones de vigilancia en las escuelas. Ni se han unido para exigir campañas de publicidad contra las drogas. Ni han exigido conferencias especiales en los salones para alertar a los jóvenes del daño provocado por la droga. Ni han denunciado a los narcomenudistas.

Si la sociedad no se organiza para exigir, la lucha contra el narco seguirá siendo policiaca.

 

www.grupotransición.com

carlosramirezh@hotmail.com

 

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