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Lunes 31 de enero 2011


 

+ Hillary: controlar Sedena

+ EU: civiles en corte militar

 

 

Aunque su misión fue la de tranquilizar a México por las imprudencias del embajador estadunidense Carlos Pascual en los reportes enviados a Washington y revelados por Wikileaks, la canciller Hillary Clinton aprovechó el viaje para mostrar que efectivamente la Casa Blanca no está contenta con el ejército mexicano. Pero el enojo tiene que ver con una cosa: los militares mexicanos no se han sometido a los controles castrenses estadunidenses.

Por eso Clinton mostró su acuerdo con la recomendación de Human Rights Watch (HRW) de reducir y hasta desaparecer el fuero militar mexicano. Sin embargo, en su último reporte anual HRW criticó severamente a la Administración Obama por no castigar a los funcionarios involucrados en la tortura a detenidos por presuntos terroristas y censuró que en Estados Unidos haya llegado al absurdo de la represión: civiles con juzgados en tribunales militares, es decir, el fuero militar aplicado a civiles.

Las recomendaciones de la secretaria estadunidense de Estado para finiquitar el fuero militar en México forman parte no de una preocupación por la protección de derechos humanos civiles en operaciones militares de seguridad pública --y, por tanto, de seguridad nacional--, sino que son el eje de una estrategia de la Casa Blanca para debilitar a las fuerzas armadas de los países donde los EU tienen intereses de seguridad nacional.

Más que por los derechos humanos, los EU saben que su interés energético en México tiene planes ya no tan secretos para intervenir militarmente en casos de violencia para proteger los pozos mexicanos. De ahí que el interés estratégico radica en desmantelar los principios de seguridad de los militares mexicanos. Sin el fuero de guerra, el ejército quedaría en una mera policía sin disciplina. La cohesión de las fuerzas armadas radica en el código de honor militar, del cual es piedra angular el fuero militar.

Los EU se han negado a aprobar lo que exigen a los demás. El código militar estadunidense es --a su modo-- piedra angular de la fuerza de represión estratégica. Las denuncias de violaciones de derechos humanos de militares estadunidenses en Irak y Afganistán, como antes en Vietnam y cuando asesoraron a los gobiernos represivos en América Latina, se multiplican sin límite. En Irak han muerto alrededor de cien mil civiles inocentes en operaciones militares y ningún militar ha sido juzgado en tribunales civiles. En Afganistán, en el periodo de la ocupación estadunidense y aliados, han sido asesinados 30 mil civiles también inocentes.

Hillary Clinton aprovechó su visita para pedir que México obedeciera la recomendación de HRW y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, cuando los EU se han negado sistemáticamente a firmar el Estatuto de Roma para someterse a la justicia internacional de la Corte Penal Internacional, donde se pueden juzgar a gobernantes represores. Peor aún, los EU han presionado a países a los que aporta asistencia militar a no asociarse a la Corte Penal. Al final de cuentas, la asistencia militar no es sólo de armas sino de asesores militares norteamericanos especializados en torturas y contrainsurgencia. En los sesenta, los EU usaron la Agencia Internacional de Desarrollo como tapadera para instalar en países con dictaduras militares a asesores en represión. En Uruguay la guerrilla tupamara secuestro y asesinó en 1970 a Dan Mitrione, de las AID, encargado justamente de asesoría en torturas.

El ejército de los EU basa su poderío no sólo en las armas y número sino en la subordinación de ejércitos aliados. En América Latina instaló la Escuela de las Américas en Panamá para adiestramiento y control militares. Por ello al ejército de los EU y a las estructuras de seguridad nacional y de decisión política no les conviene que los ejércitos tengan actividad más allá de las fronteras y de ejercicios bilaterales. En los EU no han visto con buenos ojos la participación del ejército mexicano en el combate al crimen organizado y menos gustan de sus éxitos.

La violación de derechos humanos es tapada por los EU, Por ejemplo, el ex secretario de Estado Henry A. Kissinger no sale de los Estados Unidos por temor a ser arrestado por acusaciones de genocidio, crímenes políticos y participación directa en represiones. Está juzgado por el golpe de Estado contra Allende en Chile. Si los EU dependieran de la Corte Penal Internacional, Kissinger habría sido juzgado por genocidio y crímenes políticos.

Asimismo, Obama se ha negado a castigar a los responsables de las órdenes directas para torturar a presuntos terroristas. Entre los involucrados directamente están el ex procurador Albert Gonzales, el ex vicepresidente Dick Cheney y el ex secretario de Defensa Ronald Rumsfeld. Y la ley patriótica que permite la violación de derechos humanos de sospechosos de terrorismo --sólo sospechas-- sigue latente y fue votada por dos miembros en su momento del senado estadunidense: Barack Obama y Hillary Clinton.

Por tanto, los señalamientos de Hillary Clinton nada tienen que ver con los derechos humanos en México porque el ejército de los EU los viola a cada segundo, el fuero militar norteamericano es sagrado y ningún militar ha sido juzgado por delitos contra civiles. El asunto es de seguridad nacional. Y ahí los Estados Unidos y la Administración de Barack Obama responden a la hegemonía imperial del ejército estadunidense violando los derechos humanos donde estén en riesgo sus intereses geoestratégicos y de seguridad nacional.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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