--------

Domingo 6 de Febrero 2011


 

+ PAN-PRD, alianza pragmática

+ 2000-2010: diez años sin PRI

 

Al columnista Manuel Buendía le gustaba reflejar la realidad política mexicana con una frase singular: “si Kafka viviera en México, sería un escritor costumbrista”.

Lo ocurrido en Guerrero acaba de modificar el cuadro político e ideológico del país. José Revueltas, el ensayista marxista y el mejor escritor de novelas y cuentos del siglo XX, lo resumía en una frase: “la izquierda vive una locura brujular”.

El problema de la alianza PAN-PRD no debe satanizarse ni llevarse a broma. De hecho, la ciencia política tiene una categoría que se llama “coalición mayoritaria”. Sólo que debe pasar por un acuerdo estricto y claro y un programa común.

En Italia en 1978 se logró un compromiso histórico entre la derecha del Partido Demócrata Cristiano con la izquierda marxista del Partido Comunista. La razón no fue un programa común sino simplemente el hecho de que el PCI había llegado a su techo de un tercio de los votos y la DC no alcanzaba la mayoría. La izquierda, entonces, aportó los votos en un compromiso de gobernabilidad, en el entendido de que la DC le abriría el camino al gobierno al PCI. El esfuerzo reventó cuando el grupo anarquista Brigadas Rojas secuestró y asesinó a Aldo Moro, líder democristiano promotor del acuerdo.

En Francia en 1973 el Partido Socialista y el Partido Comunista --las dos fuerzas de izquierda-- firmaron un programa común que abrió el camino a François Mitterrand al gobierno con varios ministros comunista, lo que enardeció al gobierno norteamericano de Ronald Reagan. Al final, Mitterrand declinó el programa de izquierda, firmó con el Fondo Monetario Internacional y la izquierda se corrió a la derecha.

La alianza PAN-PRD no es programática ni de desarrollo. Ideológicamente están en los extremos; la agenda sexual los polariza. Los unió sólo el hecho de que el PRI parecía venir de regreso al poder. Sólo que las alianzas para derrotar a un tercero no duran. Ya perredistas comienzan a desdeñar al PAN y a hacer a un lado cualquier programa común de desarrollo. Eso sí, PAN y PRD tienen claro que sin alianza no van a poder derrotar al PRI en las presidenciales del 2012. Sólo que una alianza 2012 entre los dos será, hoy visto, imposible: el PAN no quiere regresarle el poder al PRI ni entregárselo al PRD. Por tanto, el PRI puede perder el Estado de México pero ganar las elecciones presidenciales si panistas y perredistas no se juntan.

Los escenarios políticos se enredaron. No hay ideas, no hay proyectos, no existen enfoques de largo plazo. Se trata sólo de mantener el poder. Así, la transición que se logró en el 2000 con la derrota del PRI y la alternancia partidista en la presidencia de la república se quedó varada en la disputa por el poder. No hubo compromiso para instaurar-consolidar la democracia. Y en Guerrero se vieron los primeros indicios del regreso al pasado priísta sólo que ahora con el PAN-gobierno.

Y en el fondo, el PRI como cultura, como destino. Las victorias del PAN-PRD sólo fueron posibles con candidatos salidos del PRI; es decir, de priístas con comportamientos priístas y cincelados en la cultura priísta. Y como es obvio, gobiernan como priístas. Así, las posibilidades del cambio se convirtieron en imposibilidades del cambio porque se perdió la oportunidad con la alianza electorera PAN-PRD.

La elección de gobernador en Guerrero donde ganó un priísta típico como candidato del PRD-PT-Convergencia y la declinación del PAN confirmó que al final de cuentas somos un país kafkiano: lo absurdo es costumbrismo.

 

RECUERDOS DEL 2000-2010

 

EN un largo ensayo publicado en la revista electrónica del Instituto Ortega y Gasset, el analista Marcos Marín Amezcua recuerda el decenio político 2000-2010 pero no en función de gobiernos panistas sino de un decenio sin el PRI. Sus percepciones son interEsantes:

Unas cuantas premisas más deben esbozarse al reflexionar en torno al priÍsmo fuera del ejercicio del ejecutivo federal, tras de diez años de estar ausente del cargo.

Si bien el panorama de 2010 no es precisamente el más halagüeño para el desempeño de Acción Nacional, no deben dejarse de justipreciar diversos aspectos que permitan valorar el ejercicio de otro partido distinto al PRI en el gobierno federal. No puede sino efectuarse una retrospectiva necesaria y conveniente.

En efecto, cuando trascurrieron diez años sin que el PRI gobernara, quedó claro que primero que nada conviene saber que hay un México posible sin el PRI. Que no hace falta recurrir a un discurso que para todo invoque a la Revolución Mexicana ya centenaria, como solía hacerlo de manera excluyente el PRI para su beneficio; servía hacerlo como burdo justificante de una larga permanencia en el poder –a base de cooptación del voto y de clientelismo electorero, como lo hizo por décadas–. Que la visión de país ahora debería ser plural, ya no monocolor ni monolítica. Esto se acabó con el relevo partidista del año 2000.

Así, vale saber que en 2000 se puso fin al monopolio de la verdad priista y la idea vaga de que México era ante todo, una consecuencia del desempeño priista. México es vasto y ha caminado con el PRI, sin el PRI y muchísimas veces, a pesar del PRI: nada le debe. Y lo que le deba, el PRI se lo ha cobrado con creces a costa del erario público y allí están para ejercicio de la memoria los desfalcos, devaluaciones, crisis, fortunas inexplicables, líderes sindicales adscritos a sus siglas, impunes, y demás abusos como muestras para la Historia. El PRI le sale debiendo a México, muy posiblemente. Mucho aportó, pero mucho disfrutó para sí de esas aportaciones que hoy no cesa de referir y de múltiples maneras, lo cual siempre es conveniente precisar.

En segundo lugar este décimo aniversario supone reconocer que el PRI no aprendió a ser oposición durante esta década, en que no ha tenido a su alcance el erario federal. No nació democrático, pero tampoco se modernizó. Su “nueva” cara es la de dirigentes de hace un cuarto de siglo, ergo, la misma camarilla de siempre. Y ya viéndose desplazado del poder por carecer del suficiente apoyo ciudadano en las urnas, a diferencia de todo partido responsable, optó por anquilosarse y pulverizar su poderío en parcelas de poder posicionadas en los estados de la República. Creo reyezuelos y feudos allí en donde gobernó.

Prefirió eso a cambiar. No depuró sus filas ni su discurso ni clamó con un mea culpa por todo lo acontecido que lo llevó a perder el poder en los años 2000 y 2006. Por ejemplo: ningún priista connotado ha pisado la cárcel ni ha sido evidenciado por el propio PRI. Perdió la oportunidad de hacerlo y regenerarse tras su desgaste evidente, como sucede en cualquier democracia moderna, si es que era el PRI democrático. De tal marasmo, saque usted sus conclusiones.

En tercer lugar y con la serenidad de mirar una década transcurrida, conviene advertir que el PRI poco trabajó en la renovación suficiente de un discurso propositivo y liberal que conjugara ideas, propuestas, resultados y una oferta política diferente y transformada que esbozada con pertinencia y prontitud, lo ayudara a impulsar una gran candidatura con miras a 2012. Por el contrario, poco ofrece de novedoso de cara a la elección presidencial de 2012 y en adelante. ¿Cuál es la causa de su anquilosamiento? Tal grisura se puede atribuir a tres razones muy puntuales e identificables: primero: por una carencia de renovación de cuadros e ideólogos de la mano de una ausencia de líderes. Segundo: por la inoperancia de ciertos gobiernos de sus siglas, que inmersos en una especie de cacicazgo regional, utilizan y administran su ejercicio para garantizar su permanencia en el poder por el poder mismo, antes que comprometerse en serio con el desarrollo nacional; y en tercer lugar por la incapacidad de renovar su modus operandi como instituto político; sin visos de una renovación toral, va acompañando tal circunstancia el no haber favorecido un solo enjuiciamiento de correligionarios por los malos resultados (ya no digamos por la corrupción prodigada y evidente) en que pudieran haberse manifestado.

Puede observarse que el PRI no logró articular directrices que el permitieran asumir una responsable condición de opositor. Apostó al freno legislativo, no alcanzó a esbozar un proyecto de país alterno que mejorara la oferta de las otras fuerzas políticas y retuvo las viejas prácticas de su estructura autoritaria, todo lo cual se reflejó en perder votos y llegar a ser la tercera fuerza en el Congreso federal, el nivel más bajo de su historia.

Si sumamos al discurso priista como opositor esa grisura notable que acompañó la retórica discursiva sin resultados, la impunidad de sus ex funcionarios, el estancamiento evidente de varias entidades federativas como Estado de México, Oaxaca, Puebla y la falta acuciante de transparencia en su gestión, que no hacen creíble su discurso de renovación, el partido como oposición se queda en eso: discurso. Lo cierto es que sin la presidencia de la república en sus manos, se extravió, acostumbrado a recibir línea de “su” presidente y así lleva dos lustros. La consecuencia es evidente: carencia de ideas y ausencia de propuestas. Mucho discurso, eso sí.

 

www.grupotransición.com

carlosramirezh@hotmail.com

 

- - 0 - -

Imprimir


  Regresar