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Viernes 11 de Febrero 2011


 

+ Aristegui-Noroña: martirologio

+ Modelo Chávez-AMLO en medios

 

1.- Hay un denominador común en los casos Carmen Aristegui y Gerardo Fernández Noroña: el rupturismo institucional disfrazado de martirologio. O, para decirlo en palabras menos conceptuales, un mandar al diablo las instituciones. La manta y la pregunta formaron parte del juego político de López Obrador.

2.- El caso de Aristegui no fue de censura. Con cálculo político, ella se salió de la escena para permitir la radicalización en las redes sociales. Luego dio una conferencia sin preguntas sobre su caso basado en una pregunta y pidió su reinstalación. En el timing, los medios impresos y radiales fueron más allá de Aristegui en el tema de Calderón. Y nadie los censuró. En el tiempo que estuvo en MVS, ella nunca fue censurada.

3.- El trasfondo forma parte del debate sobre la ley de radio y televisión: una iniciativa impulsada hace tres años por el diputado panista Javier Corral --quien arbitró el código de ética que firmó Aristegui con MVS, reveló Joaquín López Dóriga en Milenio Diario-- para que el Estado interviniera en los espacios periodísticos de los medios electrónicos para dictar lineamientos. En enero del 2008, la propia Aristegui se sumó a esa iniciativa: un Comité de Opinión estatal en medios. La periodista escribió en Reforma de enero de 2008, a propósito de su conflicto con Televisa Radio y la terminación de la relación contractual que ella quiso transformar en censura, pero dejando un tufo a expropiación estilo Chávez:

“El asunto nos lleva a varios temas. El primero y urgente que tiene que ver con la futura Ley de Radio y Televisión y de telecomunicaciones. Después del umbral de discusión que dejó la Suprema Corte de Justicia, los legisladores están más obligados que nunca para dotar al país de un marco legal que permita, garantice y estimule la competencia, la pluralidad, los derechos de las audiencias y de los profesionales, entre otras muchas cosas. Se trata de poner por delante el derecho de todos frente al de las grandes corporaciones.

“El tema tiene alcance mundial. Una de las mayores tensiones que sobre la democracia y el derecho a la información está acarreando el modelo corporativo y trasnacional de los consorcios mediáticos es la forma en que se toman decisiones de operación y funcionamiento de los medios de comunicación. El debate se centra en si se puede o debe colocar la llamada libertad de empresa por encima de la libertad de expresión o de las libertades fundamentales de periodistas y ciudadanos. El caso W (el de ella con W Radio) ha tocado seriamente esa fibra. El diseño corporativo plantea o pretende hacer de la comunicación y la información un asunto entre particulares. Total, la corrieron y qué. Es un asunto de empresa. Esta mirada desconoce que en la radiodifusión estamos fundamentalmente ante un servicio público que el Estado da en concesión para que los particulares hagan negocio y generen rentabilidad pero, por encima de eso, generen un bien público. El Estado concesiona para atender y hacer cumplir el derecho fundamental de informar y estar informado. Entenderlo de otra manera justifica cualquier acción que se presente, tal y como la que silenció sin más un espacio noticioso y de expresión en la W”.

4.- Pero en la misma lógica, Aristegui en sus programas de radio apoyó y avaló la decisión del presidente venezolano Hugo Chávez de no renovarle la concesión a Radio Caracas Televisión, un consorcio privado que criticaba a Chávez, y que el Estado chavista se quedara con la concesión. Así fue. Y hoy Radio Caracas Televisión sólo transmite información a favor de Chávez y en contra de la oposición. Ése era el modelo que deseaba Aristegui, aliada a Corral, para México. La iniciativa Corral fue reventada porque implicaba el control del Estado sobre la información.

5.- En el 2009 Aristegui recibió el premio nacional de periodismo por su entre vista a Miguel de la Madrid. Sin embargo, uno de los entrevistados en el libro, José Woldenberg, criticó las entrevistas, las tachó de superficiales y señaló el vicio de “la no comprobación de dichos y la espiral de especulaciones”, además de la incapacidad de la autora para confrontar a los entrevistados. El fondo del problema se encuentra en el hecho de que ese premio fue secuestrado por grupos de poder periodístico para mantener el vicio del amiguismo.

6.- Noroña anda en las mismas. Se ha dedicado al insulto protegido por el fuero constitucional. Pero lo peor no ha sido eso sino que lo grave ha estado en la forma en que ha realizado prácticas discriminatorias: se burló de un crítico diciéndole mongolito, con lo que ofendió a las familias que tienen hijos con síndrome de Down, trata a las mujeres como subhumanas y palabras despectivas del machismo y ahora mismo ha convertido el alcoholismo, una enfermedad que requiere de calidad humana y comprensión, en una burla, injuriando la extraordinaria labor de Alcohólicos Anónimos.

7.- Al final, el hilo conductor Noroña-Aristegui, parte del juego contra las instituciones de López Obrador, evidenció lo más delgado del hilo: la agenda del tabasqueño rumbo al 2012 por la vía rupturista. La reacción de Aristegui fue la de acusar al presidente de la república sin ofrecer la más mínima prueba. En el 2008, luego de que W Radio decidió no renovar el contrato, Aristegui también le entró al juego perverso del poder: “no tengo evidencia de que Calderón haya dado una orden pero hay un contexto que hace posibles las interpretaciones, las suspicacias o los señalamientos abiertos”. El periodismo de suspicacias no es periodismo sino rumorología.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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