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Jueves 21 de julio de 2011

+ 2012: los dilemas de Calderón

+ Trampa saducea de PRI y PRD

 

Aunque han puesto en práctica los viejos vicios del ancien régime en materia de selección de candidatos presidenciales, el PRI y el PRD quieren que se haga la democracia en el PAN.

En este contexto, el presidente Felipe Calderón enfrente tres dilemas fundamentales:

1.- Decidir entre la convicción y la responsabilidad, entre conducir el proceso por razones políticas panistas o abandonarlo como Ernesto Zedillo con la certeza de que así el PAN perdería las elecciones desde ahora.

2.- Decidir si el país ganaría más democracia con un proceso panista realmente democrático o si se está construyendo un escenario ficticio con esas variables.

3.- Optar por un proceso controlado pero con reglas democráticas que eviten fracturas en el partido o aplicar el típico dedazo que el PRI y el PRD convirtieron en regla política.

Lo que debe tener claro el presidente Calderón es que el PRI y el PRD de ninguna manera está preocupados por la democracia interna de los partidos ni por la democracia nacional; en el PRI hay una operación política para imponer sin democracia a Enrique Peña Nieto ante el avance político del senador Manlio Fabio Beltrones como precandidato en ascenso; y en el PRD existe un choque de dedazos: el del PRD favorable a Marcelo Ebrard en contra de López Obrador y --la política priísta elevada a la altura del arte-- el autodedazo de López Obrador para imponerse a sí mismo como el salvador de la patria.

De ahí que el PRI y el PRD hayan plantado al PAN y al presidente Calderón una verdadera trampa saducea, similar a la que una secta judaica le puso a Jesucristo para enredarlo con su doctrina de la resurrección: si una mujer ha enviudado muchas veces y tuvo en la tierra siete maridos, en la resurrección ¿cuál de ellos tendrá la propiedad de la esposa? La respuesta de Jesucristo fue brillante: “cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán esposa ni ellas marido, porque serán como los ángeles del cielo”.

Las prácticas democráticas que el PRI y el PRD nunca han ejercido en su vida interna --salvo el PRI en el 2000--, ahora quieren que el PAN las aplique. Más que una vocación democrática, el asunto es de estrategia: al sacar al presidente de la república de la sucesión en su partido, el PAN llegaría al 2012 como el PRI con Zedillo: prácticamente derrotado.

El país no enfrenta un escenario normal de alternancia. A lo largo de doce años, el PRI se ha negado a reformar el Estado priísta, el sistema político priísta y la Constitución priísta con la esperanza --ahora se entiende el argumento-- de recuperar la presidencia de la misma república priísta. Si el PAN hubiera impulsado la instauración de una verdadera democrática --no electoral sino como forma de vida--, el PRI nunca se hubiera acercado tanto a la restauración del PRI en Los Pinos.

El PRI es el más preocupado por la intervención presidencial en el proceso de selección del candidato panista y luego en la campaña. Y lo entiende por dos razones: primero, porque en los tiempos del reinado priísta la elección presidencial era el destape del candidato aún como precandidato y las votaciones eran un mero trámite, por el uso de toda la estructura de poder presidencial a favor del candidato priísta; y segundo, porque en los dos sexenios panistas en Los Pinos han mantenido un aparato de poder con la suficiente fuerza y habilidad como para impulsar a algún candidato.

De ahí el principal dilema del presidente Calderón: decidir si en el 2012 va a ejercitar la democracia pura y el próximo año el PRI regresará a Los Pinos para restaurar el sistema político priísta del pasado o si prevalecerá el pragmatismo. El dilema es de Max Weber; la ética de la responsabilidad o la ética de la convicción. El  presidente Calderón tiene a su favor el hecho de que ya no existen instrumentos como para algún fraude monumental como los que puso en práctica el PRI a lo largo de su historia: en 1929 con Pascual Ortiz Rubio contra José Vasconcelos, en 1952 contra el general Miguel Henríquez Guzmán para favorecer a Adolfo Ruiz Cortines, en 1940 contra Juan Andrew Almazán para imponer a Manuel Avila Camacho y en 1988 contra Cuauhtémoc Cárdenas para favorecer a Carlos Salinas de Gortari, entre cientos de fraudes estatales, municipales y legislativos.

La designación del candidato panista será histórica porque dependerá de que el PAN logre otro sexenio en la presidencia o tenga que regresarle la presidencia de la república al PRI. Y ya no se trata de meter las manos en el proceso electoral, sino de ejercer el liderazgo presidencial en su partido, como lo han hecho todos los priístas y perredistas: Cárdenas impuso a López Obrador y éste designó por dedazo a Marcelo Ebrard; y recientemente el operador de la nominación de Eruviel Avila como candidato priísta a gobernador fue el gobernador saliente y precandidato priísta Enrique Peña Nieto.

En el 2005 Vicente Fox quiso poner de candidato a Santiago Creel, pero Calderón ganó la elección interna; aun así, no hubo fractura en el partido; hoy el PAN enfrenta precandidatos internos y externos al círculo calderonista. La clave de la solución estará en evitar la ruptura partidista. Y el dilema también lo deben asumir los precandidatos: ganar la presidencia o entregarle las llaves de Los Pinos al PRI.

El manejo abierto del proceso de elección de candidato panista a la presidencia es el primer paso que obliga al PRI y al PRD a ser más transparentes. El dilema más importante de Calderón está en decidir entre un candidato que gane las elecciones o un candidato que sea impuesto por su fuerza política y partidista. El PAN puede repuntar en las encuestas con una buena selección o quedar estancado en las preferencias con una decisión equivocada.

(Diario Político 2012 de Carlos Ramírez en www.grupotransicion.com.mx)

 

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carlosramirezh@hotmail.com

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