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Viernes 03 de junio de 2011

+ España: 15-M ayudó a derecha

+ Democracia real individualista

 

Entre el agotado espíritu sesentayochero y la ofensiva globalifóbica estatista, el movimiento español de los Indignados se ahogó en sus propias contradicciones, aunque dejó su principal lección: la izquierda carece de una propuesta de reforma del poder y del Estado y al final la protesta sin propuestas le hace el juego a la derecha.

El movimiento del 15 de Mayo --15-M-- no fue progresista ni revolucionario sino simplemente reaccionario. La “democracia real ya” se agotó en la simple protesta contra el sistema económico porque tampoco proporcionaba empleo, salarios y bienestar.

Así, la protesta fue individualista, de queja, disfrazada de democracia, pero justo en los momentos en que España daba una nueva lección de democracia con la derrota de la izquierda y el nuevo ascenso de la derecha. En medio del caos intelectual, el 15-M no supo definir cuáles serían los contornos de la nueva democracia. Sin alternativa, sin un discurso programático, sin una articulación con partidos e instituciones, el movimiento de los indignados quedó simplemente… en la indignación. Y ya.

Pero toda ruptura política es revolucionaria o se convierte en legitimadora del status quo. Los contornos de la “democracia real” de los indignados nada tiene que ver con la conquista de derechos sociales o la apertura de espacios o la propuesta de alternativas de políticas económicas o alguna medida para castigar a la codicia del capitalismo que provocó la crisis de 2008 de la cual España no ha podido salir por la incapacidad del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero para usar el enfoque de izquierda y su rendición a la derecha.

Y ahí se ahogaron justamente los indignados del movimiento del 15-M: cómo indignarse contra una crisis provocada por la incompetencia de un gobierno socialista moderado de izquierda porque sus decisiones progresistas multiplicaron la crisis y esa izquierda en el poder tuvo que aplicar el recetario anticrisis de la derecha.

El problema de España no es de democracia. No, al menos, con el Partido Socialista Obrero Español en el poder. La confusión ideológica de los indignados los llevó a estallar la crisis antes de las elecciones, sin responsabilizar a la izquierda del desempleo de casi cinco millones de trabajadores. De ahí que confundieran la democracia con la falta de empleo, los escasos salarios y la pérdida de bienestar.

El complemento ha sido la acumulación de evidencias de que el pensamiento progresista y de izquierda en España también entró en crisis por el fracaso de la gestión económica del gobierno socialista de Zapatero. Agotado el tiempo de las sorpresas, el 15-M recibió el apoyo de importantes figuras de la crítica: José Luis Sampedro, Manuel Castells, el Eduardo Galeano de todas las confusiones, el dibujante crítico Plantu y el escritor Eduard Punset. Apoyo sí, claro, por qué no. ¿Pero ideas? Ninguna.

El que se ha acernado más al esfuerzo de reflexión ha sido Sampedro, un veterano de protestas e intelectual crítico. Pero su discurso se queda sólo en el repudio a la globalización, a la codicia, a las desviaciones de la democracia. Reflexiones que se convierten en retórica ante los temores de convertir la indignación en movilizaciones de lucha real, como en el 68 contra el autoritarismo y por la democracia.

Así, al final, la indignación se convierte en un caso de despresurización de la tensión política provocada por la desigualdad social y la pérdida de empleos y bienestar. La invocación a Gandhi resulta fuera de lugar: Gandhi enarboló la resistencia social y la lucha silenciosa para lograr la independencia de la India. Hoy las demandas son de bienestar. Y bastante mal la tienen los españoles porque el responsable de la pérdida de bienestar fue el gobierno de izquierda del PSOE, no la derecha.

Y ahí es donde se dan las transfiguraciones políticas e ideológicas. La protesta del 15-M le dio la puntilla al PSOE para las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo, por más esfuerzos que hicieron algunos liderazgos por deslindar responsabilidades. Con su movilización de protesta silenciosa contra la crisis --la crisis que provocó el PSOE--, los grupos del 15-M en los hechos beneficiaron al Partido Popular de Mariano Rajoy y le dieron la responsabilidad de ser nuevamente gobierno para sacar al país de la crisis social por la crisis económica.

Pero se trata del PP nacido de las entrañas del franquismo y su enfoque fascista basado en los jóvenes beneficiarios de la estabilidad. Y jóvenes sin ideología expresa progresista, con la definición de democracia no en cuanto a procedimientos o metas sociales sino en función del bienestar individual e indignados contra una realidad que repudian pero que no se comprometen personalmente a transformarla, el movimiento del 15-M se convirtió en pasto de la derecha. En el 15-M se forjó la ideología de la protesta individualista fascistoide disfrazada de grito revolucionario.

La indignación sin ideología se convierte en pasto seco para la derecha. Las revueltas sin organización política revolucionaria provocan la represión o la indignación de los que cuentan con bienestar. Las revueltas revolucionarias cuando menos obligan a las élites a mirar hacia abajo. Resulta una definición ver al 15-M tumbando con su indignación a la izquierda y encumbrando a la derecha.

Al final, la indignación es la protesta light, timorata, miedosa a la revuelta, oculta en la masa. Y no hay que ir muy lejos por una explicación: los jóvenes del 15-M saben en el fondo que su bienestar depende del modelo capitalista. Por eso protestaron contra la crisis, no contra el modelo. Y eso se llama sencillamente conservadurismo.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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