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Lunes 14 de marzo 2011


 

+ Juego AMLO: refundar el PRD

+ Ebrard: sólo alianza con PAN

 

 

La disputa López Obrador-Marcelo Ebrard tiene tres dimensiones básicas:

1.- Choque de vanidades entre dos caudillos políticos, uno de masas: López Obrador, y el otro tecnócrata y acomodaticio: Marcelo Ebrard.

2.- La presidencia de la república, López Obrador con su movimiento y Ebrard en alianza con el PAN.

3.- El control del PRD. López Obrador con su Movimiento de Renovación Nacional y Ebrard con el control corporativo de PRD-PT-Convergencia y los recursos del GDF.

En las fricciones de los últimos días, López Obrador abrió sus cartas aunque en el PRD lo dejaron pasar para no armar otra polémica. En una gira por Chetumal, Quintana Roo, López Obrador declaró (Milenio, 2 de marzo) que el Movimiento de Renovación Nacional (Morena) es la antesala de la refundación del PRD.

Por tanto, su solicitud de “licencia” a su militancia fue apenas parte de su juego palaciego de poder y un adelanto del dilema al que se enfrentarán los militantes perredistas: quedarse en el PRD y con una alianza con el PAN que ha desdibujado su perfil de partido de oposición y desorientado por el liderazgo amorfo y vacío de Jesús Ortega o redefinir su proyecto ideológico.

En el fondo, el PRD no está muy convencido de la alianza con el PAN en el Estado de México. Una alianza implica cuando menos un espacio de convivencia mutua --política y moral-- y un aval del partido de oposición al partido en el poder. En este contexto López Obrador ha obligado a la dirigencia perredista a mantener una distancia del PAN. El domingo pasado, por ejemplo, el presidente del PRD, Jesús Ortega, le puso una vapuleada severa a su aliado el PAN y al jefe político panista, el presidente Felipe Calderón, aunque con el viejo lenguaje priísta esquizofrénico de discursear en función del auditorio y no de las ideas políticas.

A pesar de que el principal aval panista a la alianza con el PRD es Calderón, Ortega acusó al presidente de la república de atender los problemas del PAN y no los del país, en alusión a la participación de Calderón en la reunión de consejeros nacionales panistas. Sólo que la atención presidencial a los problemas del PAN ha permitido que el PAN acepte la alianza con el PRD.

Pero más aún, Ortega afirmó que Calderón atiende asuntos panistas y “se olvida de (sic) que el país en algunas regiones se deshace por la crisis de seguridad”. Y añadió que la afirmación presidencial de que el PAN podría abrirse a candidatos ciudadanos no militantes es un reflejo de que en Acción Nacional no hay cuadros destacados que aspiren a la presidencia en el 2012. Ahí se percibió que no hay alianza PRD-PAN sino oportunismo.

El lenguaje esquizofrénico de Ortega no sólo dinamita la alianza con el PAN en el Estado de México y revela que la candidatura común tendría que ser de un candidato no militante de ninguno de los dos partidos porque creen que por sí solos los candidatos del PAN o del PRD no le ganarían al del PRI. Y el PRD tiene lo suyo con Ebrard, un militante de sí mismo, dirigente de alto nivel del PRI, asesor de proyecto de Carlos Salinas, diputado del Partido Verde y sólo se afilió al PRD sólo para obtener la candidatura a jefe de gobierno y ahora la presidencial probando con ello que el PRD, en palabras de Ortega sobre el PAN pero aplicadas a su partido, no tiene cuadros destacados propios que aspiren a la presidencia en el 2012.

Lo paradójico del asunto --para no decir lo humorístico-- es que con el PAN de Calderón se quiere aliar al PRD de Ortega para una candidatura ciudadana en el Estado de México, toda vez que los aspirantes perfilados por cada partido han sido vetados por las dirigencias de ambos partidos. Y al promotor panista de las alianzas, Calderón, ha descalificado Ortega en sus últimas declaraciones.

La estrategia de López Obrador se asienta en el objetivo ya confesado de usar su movimiento para refundar al PRD, ahora en manos de los salinistas Manuel Camacho y Marcelo Ebrard y en rumbo de una alianza electoral con el PAN. El tabasqueño se opone a las alianzas con el PAN porque representan una derrota ideológica del PRD. Un par de días antes de Chetumal, en el Estado de México, López Obrador reafirmó su juego político: “ya trazamos una ruta, nosotros vamos por un camino de todo nuevo, ya no el camino trillado de siempre”.

Acurrucado por el PT y de manera silenciosa y sinuosa, López Obrador ha ido construyendo con su movimiento de masas una estructura paralela al PRD, incluyendo una afiliación diferente. Ahí es donde se localiza el peligro de desfondar al PRD en el momento en que se salga del partido. El Grupo de los Ocho --las tribus perredistas aliadas al tabasqueño-- ha amagado con la ruptura y ha obligado al PRD de Manuel Camacho y Marcelo Ebrard a cerrar los espacios para la alianza, poniéndole condiciones al PAN para subordinarlo al PRD.

Pero en juego de estrategias, López Obrador es más audaz que Camacho y Ortega. Luego de la visita del presidente Calderón a Oaxaca y de la violencia de los maestros de la sección 22 el pasado 15 de febrero, López Obrador visitó Oaxaca, se reunió con el gobernador aliancista Gabino Cué para decirle que su apoyo a la alianza --simplemente no condenarla-- no había sido para que Cué como gobernador se aliara al PAN. De paso, López Obrador fortaleció la posición de petistas oaxaqueños y de los maestros, lo que derivó en la marcha del martes en Oaxaca para darle al gobernador el plazo del 19 de marzo para el cese de tres funcionarios, entre ellos la secretaria de Gobierno que es posición de la señora Elba Esther Gordillo, enemiga de la sección 22.

La guerra de estrategias en el seno del PRD tiene ya dos adversarios establecidos: el salinista Manuel Camacho y el López Obrador que maneja masas. Y la lucha es por el control del PRD.

 

www.grupotransicion.com.mx

carlosramirezh@hotmail.com

 

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