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Jueves 24 de marzo 2011


 

+ Obama a FCH: Casa Blanca dice

+ El último berrinche de Pascual

 

 

El raspón del presidente Barack Obama al presidente Felipe Calderón por la “frustración” mexicana en la lucha contra el narco revela cuando menos tres cosas en la relación bilateral:

1.- La presión de la comunidad diplomática, de inteligencia y de seguridad nacional sobre Obama para evitar la percepción de que México reventó a un embajador estadunidense. El comentario de Obama impuso los intereses hegemónicos de los EU.

2.- La decisión de la Casa Blanca de seguir viendo a México como un subordinado y no como un socio. Luego de elogiar no hace mucho la valentía Calderón, Obama rebajó la lucha contra el narco a un asunto de malos humores.

3.- El informe privado que envió Pascual a la Casa Blanca acreditando las presiones de Calderón a aspectos de vida íntima del embajador auto renunciado pero sobre todo porque su renuncia afectó la calidad diplomática de Pascual.

Si el incidente demostró que los estadunidenses también son delicados jarritos de Tlaquepaque que se rompen a la primera sacudida y que Obama tiene sus momentos de males humores, asimismo dejó claro que en la Casa Blanca existen dos vertientes para la toma de decisiones: la personal de Obama y la del aparato de poder de la comunidad política y de seguridad nacional.

No sería nada nuevo. En 1979 el presidente Carter se reunió en México con el presidente López Portillo para hablar en torno al petróleo. En las conversaciones privadas Carter aceptó las exigencias mexicanas. Pero en su discurso oficial del día siguiente se echó para atrás. López Portillo le reclamó en la comida de despedida que lo hubiera “dejado colgado de la brocha” con el oleoducto; Carter le respondió que él estaba de acuerdo con México pero “Casa Blanca dice”, y Casa Blanca dijo que los intereses estratégicos de los EU estaban por encima de los criterios personales del presidente estadunidense.

Si hace poco Obama había apoyado a Calderón por la lucha contra el narco y había avalado el avance en la liquidación de los cárteles, la afirmación sobre la “cierta frustración” de Calderón por el “fortalecimiento” de las bandas narcos se localiza en el espacio político y geoestratégico de “Casa Blanca dice”. El embajador Pascual hizo llegar a Washington su versión de los hechos que llevaron a su renuncia y, como es obvio, culpó a México de las presiones a asuntos de vida personal. Pascual trata de salvar su calidad diplomática provocando ataques de la Casa Blanca al presidente de México.

El trasfondo del sobresalto en las relaciones EU-México por el caso del embajador Carlos Pascual no tiene que ver con el saldo mexicano en la lucha contra el narcotráfico y la pasividad --con visos de complicidad-- de los EU contra los vendedores de droga al menudeo en las principales ciudades estadunidenses sino que se asiste a la redefinición de las relaciones diplomáticas: la Casa Blanca insiste en ver a México a un subordinado como en los tiempos priístas y el México de la alternancia quiere que lo vean como un socio en condición de par.

La Casa Blanca decidió acuerpar al embajador Carlos Pascual, a pesar de haber fallado en sus reportes diplomáticos, como quedó exhibido en los cables difundidos por Wikileaks. Pero también hay que considerar el hecho de que Obama encara al presidente Calderón para mandar el mensaje de que el caso mexicano fue especial y que los EU no permitirán que los mandatarios de los países exhibidos por Wikileaks vayan a comenzar a pedir la sustitución de los embajadores estadunidenses por bocones.

Lo malo para Obama es que utilizó el estilo Bush para proteger a su fracasado embajador Pascual. Pero dejó en claro que la estructura de toma de decisiones estratégicas en la relación bilateral ya no funcionará a nivel personal sino que estará determinada por el aparato de poder de la Casa Blanca y sus intereses de dominación imperial.

Lo lamentable es que Obama y la Casa Blanca ignoren el saldo real --no el manipulado para complacer a Pascual-- de la lucha contra el narcotráfico en México. De acuerdo con información oficial de la presidencia mexicana, 21 de los 37 capos más buscados han sido detenidos o muertos en acción, descabezando la estructura básica de los cárteles. La violencia criminal ha sido la respuesta de las mafias ante la ofensiva y el papel destacado del ejército mexicano en la lucha contra el crimen organizado, a pesar de las insidias del embajador Pascual y sus frustrados intentos de meter a México al ejército estadunidense y al Departamento de Defensa y a la mezquindad de la Casa Blanca en los fondos regateados del Plan Mérida.

Datos de la Secretaría de la Defensa Nacional de México, de diciembre de 2006 a marzo de 2011, son contundentes del saldo real de la lucha contra el narco, que desmienten los informes de Pascual a Obama:

30 mil 600 delincuentes detenidos, casi 80 mil armas --procedentes de los EU-- decomisadas, casi 3 mil toneladas de marihuana destruidas, casi 20 toneladas de cocaína capturadas, 13.5 millones de pastillas sicotrópicas recogidas, 3 mil 100 pistas clandestinas de aterrizaje destruidas, 457 laboratorios clandestinos cerrados.

Detrás de la queja de Obama se localiza el enojo del embajador Pascual por las críticas de Calderón, el fracaso en los EU de la Operación Rápido y Furioso que permitió el ingreso de miles de armas a México, la caída de Pascual por las revelaciones de Wikileaks, las críticas a Pascual en medios mexicanos que irritaron en Washington, el fracaso de la relación bilateral EU-México, el enojo de la Casa Blanca por el control de cárteles mexicanos del mercado al menudeo en las principales ciudades de los EU, la falta de resultados concretos de la estrategia estadunidense contra las drogas y las evidencias de corrupción en la frontera pero del lado norteamericano por el contrabando de droga que se distribuye por carreteras y ferrocarril desde Texas.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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