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Lunes 28 de marzo 2011


 

+ Libia: guerra anticrisis de EU

+ Como Bush, apoyar reelección

 

 

Agobiado por la economía que no repunta, sin legitimidad en la ocupación de Afganistán y adelantado por la Unión Europea que había apuntalado a Mu‘ammar al-Qaddafi y ahora bombardea como cargo de conciencia, el presidente Barack Obama decidió participar en los ataques contra el dirigente libio.

Se trata, por cierto, de la repetición del modelo Bush que le permitió la reelección en noviembre de 2004: el aumento en la escalada de violencia en Irak para reactivar la economía y agitar el fantasma del miedo al terrorismo y la invasión a Afganistán para reforzar el fantasma terrorista. La guerra como factor de estímulo económico forma parte del esquema del complejo militar industrial que domina la estructura de poder de los EU y también como hegemonía política del imperio.

A poco más de dos años de mal administrar la crisis heredada, con programas de emergencia que dispararon el déficit presupuestal a cifras de dos dígitos y con una economía semi estancada y sin repercusión en el desempleo, Obama pareció no encontrar más salida que en la economía de guerra para reactivar el crecimiento y asegurar su reelección.

Sin embargo, la economía de guerra suele también ser un factor perturbador en el escenario geopolítico. Obama heredó el retiro de la invasión a Irak y la ocupación de Afganistán, pero sin haber logrado los objetivos de derrota del terrorismo y de instauración de una democracia estadunidense. La participación de los EU en los bombardeos a Libia sería la primera guerra de intervención acreditada a Obama, después de haber recibido el premio nobel de la paz y de haber justificado en el discurso de recepción el concepto de la “guerra justa”. En Libia se quiere norteamericanizar la política.

Se trata del mismo modelo imperial. El presidente George Bush padre, que acaba de recibir la “Medalla de la Libertad” de manos de Obama, organizó la invasión a Panamá en 1989 con el concepto de “Operación Causa Justa” para derrocar y arrestar al jefe de Estado Manuel Antonio Noriega, a quien paradójicamente Bush padre había reclutado como agente de la CIA cuando dirigió la agencia en 1976. Y fue también Bush padre el que desarrolló la Guerra del Golfo “Tormenta en el Desierto” en 1991 invadiendo Irak para obligar a Saddam Hussein a salirse de Kuwait en una disputa por el petróleo.

Libia como la primera guerra de Obama careció de una reflexión política justificatoria, por más que el país estuviera gobernado por el puño fuerte de un dictador. Pero la geopolítica tiene sus momentos: en julio de 2009, Obama saludó de mano a al-Qaddafi en la reunión del Grupo de los 8 en L'Aquila, Italia. Por razones de investidura, no cualquier jefe de Estado puede saludar al líder de la primera potencia del mundo. Por tanto, el saludo fue un acercamiento político de Obama a al-Qaddafi, con el detalle de que el saludo de mano tuvo un gesto masón que causó intrigas en el mundo. Fue un encuentro de agradecimiento de Obama a al-Qaddafi por su papel de contención al grupo terrorista de Al-Qaeda.

Si bien los ataques contra Libia tendrán efectos económicos en la menguada economía de los EU, también registrarán repercusiones que hasta ahora no han sido analizadas: aumento del terrorismo, la radicalización de Irán y sus aliados, las bajas militares inevitables, la descomposición del precario equilibrio geopolítico en el medio oriente, la inestabilidad en Arabia Saudita como el principal aliado y gendarme de Washington en la zona y los efectos de alza en el petróleo por la desestabilización política y social en países de la franja petrolera.

La advertencia del poder del complejo militar-industrial fue hecha por el presidente Eisenhower en 1960. Su advertencia fue una maldición:

“Hasta el último de nuestros conflictos mundiales, los Estados Unidos no tenían industria armamentista. Los fabricantes norteamericanos de arados podían, con tiempo y según necesidad, fabricar también espadas. Pero ahora ya no nos podemos arriesgar a una improvisación de emergencia de la defensa nacional; nos hemos visto obligados a crear una industria de armamentos permanente, de grandes proporciones. Añadido a esto, tres millones y medio de hombres y mujeres están directamente implicados en el sistema de defensa. Gastamos anualmente en seguridad militar más que los ingresos netos de todas las empresas de Estados Unidos.

“Esta conjunción de un inmenso sistema militar y una gran industria armamentística es algo nuevo para la experiencia norteamericana. Su influencia total --económica, política, incluso espiritual-- es palpable en cada ciudad, cada parlamento estatal, cada departamento del gobierno federal. Reconocemos la necesidad imperativa de esta nueva evolución de las cosas. Pero debemos estar bien seguros de que comprendemos sus graves consecuencias. Nuestros esfuerzos, nuestros recursos y nuestros trabajos están implicados en ella; también la estructura misma de nuestra sociedad.

“En los consejos de gobierno, debemos estar alerta contra el desarrollo de influencias indebidas, sean buscadas o no, del complejo militar-industrial. Existe y existirán circunstancias que harán posible que surjan poderes en lugares indebidos, con efectos desastrosos.”

Obama se erige como un presidente imperial, bendecido con el premio nobel de la paz. Lo dijo con claridad al recibir el premio en diciembre de 2009: “afronto el mundo como es y no puedo permanecer sin hacer nada frente a las amenazas al pueblo estadounidense. Hablemos claro: el mal existe en el mundo. (…) Decir que la fuerza a veces es necesaria, no es un llamado al cinismo, es un reconocimiento a la historia; las imperfecciones del hombre y los límites de la razón”.

Más que Kant del orden jurídico para la paz perpetua, Obama se descubrió en Libia como Orwell: “la guerra es la paz”. O una réplica de los Bush bélicos. Y todo para defender solamente los intereses de los EU.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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