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Miércoles 30 de marzo 2011


 

+ Edomex: el Waterloo de Ebrard

+ De caudillo a sólo intendente

 

 

La verdadera lucha subterránea en el Estado de México entre Marcelo Ebrard y López Obrador ya se resolvió a favor del tabasqueño. Lo malo fue que la derrota del actual jefe de gobierno del DF dejó al garete la estrategia de las alianzas con el PAN y a los gobernadores aliancistas de Oaxaca, Puebla, Sinaloa y Guerrero. Además, Ebrard dejó abandonado en el camino al PRD de Los Chuchos.

Y si bien Ebrard también dejó plantado al PAN en el Estado de México y a la estrategia de alianzas con rumbo al 2012, de todos modos el gobierno panista de Calderón saldrá ganando porque es el único que puede capitalizar a los cuatro gobiernos aliancistas con miras a las próximas presidenciales.

La prisa de Ebrard por alzarle la mano al candidato lopezobradorista para el Estado de México, Alejandro Encinas, implicó su traición a la estrategia de las alianzas que había presentado como la única posibilidad para derrotar al PRI en el 2012. Con ese gesto, Ebrard le dio la espalda al PAN y lo dejó colgado de la brocha.

Montado en su forma arrogante de ejercer el poder, Ebrard supuso que podría derrotar a López Obrador en el PRD y en el DF. Su arma secreta era la alianza con el PAN en el Estado de México y un acuerdo político con el PAN para imponer a un ebradista como candidato en el 2012 a la jefatura de gobierno del DF, además de quedarse con el control del PRD a través de Los Chuchos. De dar resultados sus maniobras palaciegas, muy al estilo priísta, Ebrard se erigiría como el siguiente Caudillo perredista.

Sin embargo, la capacidad de maniobra política de López Obrador dejó a Ebrard en el papel de simple intendente político en el DF. Ebrard perdió el PRD cuando Dolores Padierna ganó la secretaría general y el Señor de las Ligas René Bejarano anunció el reposicionamiento de López Obrador en el partido, perdió en el Estado de México cuando Encinas anunció que no sería candidato aliancista con el PAN y perdió el control del DF cuando López Obrador le ganó todas las batallas.

La decisión desesperada de alzarle la mano a Encinas como candidato lopezobradorista para el Estado de México representó la claudicación política de Ebrard a sus batallas ya perdidas, aunque de paso dejó al garete al PAN y al PRD. El PAN decidió de inmediato erigir a Luis Felipe Bravo Mena como su candidato mexiquense y Jesús Zambrano quedó como el huérfano político de la película y obligado a adherirse en el furgón de cola de la candidatura de Encinas.

El regreso de Ebrard al redil lopezobradorista dejó en el abandono político a los gobernadores aliancistas que había apadrinado. La forma en que dejó tirada la alianza en el Estado de México para reconciliarse con López Obrador también liquidó la influencia política del PRD en esos cuatro estados. Ebrard quiso capitalizar esas victorias aliancistas para la conformación de su candidatura presidencial perredista para el 2012. Pero en el PAN aliancista también le perdieron la confianza.

Las aguas perredistas parecieron regresar a su nivel. Ebrard había apostado a una sólida alianza PAN-PRD en el Estado de México como el detonador de su precandidatura presidencial perredista para el 2012, dejando a López Obrador como candidato del PT. Pero el arribo de Padierna y Bejarano a la secretaría general del partido rompió con la precaria base electoral de Ebrard. La oposición inflexible de Padierna a la alianza con el PAN en el Estado de México había fijado el punto de ruptura en el partido provocado por López Obrador. Y Ebrard ya no se la jugó. Prefirió recular y dar por cerrada la etapa de las alianzas.

El problema de Ebrard era que su fuerza dependía de una buena alianza victoriosa en el Estado de México y la alianza sólo tenía posibilidades si el candidato priísta hubiera sido Alfredo del Mazo y Eruviel Avila dando el brinco al PAN-PRD como priísta descontento. La decisión de Peña a favor de Avila evitó la ruptura en el partido y desactivó la potencialidad de la alianza mexiquense. Por eso Ebrard fue uno de los primeros en abandonar el barco cuando vio que todo estaba perdido y por eso de inmediato se aferró al bote de López Obrador a través de Encinas. Pero al postrarse ante el juego de poder del tabasqueño, Ebrard echó por la borda toda una estrategia de alianzas con el PAN, aun cuando ello represente cederle a López Obrador la decisión de designar al candidato perredista a la jefatura de gobierno del DF.

La derrota de Ebrard se visualizó cuando el martes difundió la versión de que el saldo en la elección de la dirección nacional del PRD había sido su victoria. Ahí reventó la alianza mexiquense, sólo que Ebrard ya no quiso parar la consulta del domingo. Al alzarle la mano a Encinas como el candidato del PRD sin el PAN para el Estado de México, Ebrard terminó por arruinar el significado de la alianza: dinero y esfuerzo tirado al caño. Y se fue sin despedirse siquiera.

Lo ocurrido en los últimos diez días también dio al traste con el sueño de Ebrard de ser candidato presidencial del PRD para el 2012. Si acaso, Ebrard podrá ser el operador político de la campaña de López Obrador, llegar a la Secretaría de Gobernación --si gana el tabasqueño-- y luego, como ocurrió en el DF, ser sucesor por dedazo en el 2018. Pero para ello, tendrá que hacer méritos que le permitan recuperar la confianza de López Obrador y aceptar que el verdadero caudillo es y será el tabasqueño.

Traicionado por Ebrard, el PAN tendrá que reenfocar su estrategia 2012, desconfiar de Ebrard y del PRD y buscar la posibilidad de aprovechar la división tripartita de las elecciones en el Estado de México para colocarse por encima de la polarización PRI-PRD y beneficiarse con el voto útil. El PAN tiene más posibilidades de una victoria mexiquense sin el PRD que en alianza. Y tendrá que lidiar en el 2012 sin el PRD de Ebrard.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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