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Lunes 9 de Mayo de 2011

+ ¿Ninguna exigencia al Chapo?

+ ¿Ni a Zambada, ni al Lazca?

 

Con un sistema de información bastante funcional, los principales dirigentes de los cárteles de la droga estuvieron de plácemes ayer domingo. Una marcha multitudinaria congregó a decenas de organizaciones civiles y a miles de personas para… impugnar a los gobiernos federal, estatales y municipales, a los partidos y a las instituciones. Y ni por equivocación alguien lanzó un muera contra los capos de la droga que son el motor de la violencia.

La marcha de Javier Sicilia perdió la gran oportunidad de enviar una carta a los principales jefes de la droga pero con nombre y apellido, varios de los cuales se metieron en Cuernavaca ante la apatía social hoy desgarrada de indignación. Cuando el capo Sergio Villarreal El Grande fue arrestado como dirigente del cártel de los Beltrán Leyva en Morelos y reveló la presunta corrupción de un reportero de la revista de Julio Scherer, el mismo que apareció bajo el brazo protector de Ismael El Mayo Zambada, socio de El Chapo Guzmán, Sicilia escribió en Proceso una defensa sentimental del periodista y nada contra los narcos.

La marcha era la gran oportunidad para, ciertamente, criticar duramente a los tres niveles de gobierno y a las fuerzas de seguridad, pero sobre todo era el espacio político y social para que la sociedad enviara un duro mensaje a los barones de la droga, cuyas tareas son las que han provocado las situaciones de violencia. Pero la marcha sirvió para que Sicilia desahogara su dolor de padre con frases hirientes contra funcionarios y organizaciones del sistema político.

El saldo fue previsible: nada, funcionalmente nada. La marcha tenía la gran oportunidad para promover una serie de iniciativas que sin duda los partidos y el Congreso tendrían que promover. Pero no: sólo gritos de dolor… y hasta la próxima marcha. El documento difundido en la marcha plantea las mismas exigencias de siempre que implicarían replegar las fuerzas de seguridad y dejarle libre el territorio a los narcos para volver a asentarse, sólo que ahora con el beneplácito de una sociedad indignada.

La sociedad perdió otra coyuntura para exigir la creación de organizaciones de observación, de comités de supervisión ciudadana y, como lo planteó en El Universal Ernesto López Portillo, director del Instituto para la Seguridad y la Democracia, la creación de un auditor policial independiente de tipo ciudadano. Se trata de crear “una interferencia social” que controle y apoye a las organizaciones policiacas.

Y no deja de ser también significativo que la protesta de Sicilia se dio en el escenario de la distracción de la clase política morelense más preocupada por las reformas constitucionales que abrieron el abanico a las candidaturas al gobierno estatal el próximo año, al quitar el candado del origen por nacimiento y bajar la edad para ser gobernador. De ahí que los partidos de oposición estatales, el PRI y el PRD, lograron una gran reforma constitucional para la grilla de la sucesión gubernamental y nada hicieron para canalizar la indignación de Sicilia.

El narco se instaló en Morelos ante la complacencia gubernamental pero ante la pasividad de la sociedad. Y no de ahora. Ascendido al cargo de gobernador por su relación con Carlos Salinas y sobre todo con el superasesor Joseph-Marie Córdoba Montoya, el general Jorge Carrillo Olea llegó en 1994 al gobierno estatal por su participación en la dirección de las oficinas antinarcóticos y de inteligencia y seguridad nacional. Y como gobernador dejó que el crimen organizado se asentara en la entidad, en fallas garrafales de inteligencia y seguridad nacional.

Hoy Carrillo Olea saca la cabeza para criticar al gobierno estatal por la inseguridad, pero olvida que fue destituido por la presión social cuando se descubrió que su procurador estatal, su jefe de la judicial estatal y su jefe del grupo antisecuestros controlaban a las bandas de secuestradores. Y en el gobierno de Carrillo Olea se asentaron los primeros cárteles de la droga.

La sociedad está indignada. Y tiene muchas razones para estarlo. Sólo que se trata de la misma sociedad que protesta y grita su indignación pero no participa en la organización de un tejido social para la seguridad ciudadana y social. En los resolutivos de organizaciones alrededor de Sicilia hay rabia pero no posibilidad de participación.

Destaca sobre todo el silencio ominoso de la marcha de Sicilia contra los cabecillas de los cárteles de la droga, verdaderos responsables de la violencia. Para usar la poesía de Sicilia, ni una mentada de madre contra el Chapo, el Lazca o El Mayo, el cártel del Pacífico Sur responsable de la muerte del hijo de Sicilia, la Tuta, apenas un raspón al PRD por darle fuero a Julio César Godoy. Eso sí, el oportunismo de siempre, inclusive si viola el Estado laico y coloca a obispos metiéndose en política terrenal.

Y ningún mensaje de la marcha Sicilia al presidente Barack Obama, al Congreso de los Estados Unidos que se hace el distraído en el tema del tráfico de drogas, a los 25 millones de consumidores estadunidenses cuyo acceso a la droga tiene a México en el ojo del huracán de la violencia del crimen organizado.

La indignación está perdiendo los referentes con la realidad. Ya han convertido a los casi 40 mil muertos en víctimas de la violencia. Pero el 95% de los muertos son delincuentes, muchos de ellos asesinados entre ellos, y ahora ya van a formar parte del Muro de Vietnam en Morelos. La lucha contra el crimen organizado debe evitar daños colaterales pero tampoco la caridad cristiana puede convertir en víctimas a los delincuentes que murieron en sus guerras criminales por el control de territorios de droga.

La sociedad se dedica a gritar su indignación o a marchar sus agravios pero no participa ni condena a los criminales. Por eso los capos miraron ayer la marcha dominical de Sicilia como si disfrutaran un partido de futbol. Contra ellos, nada de la sociedad. NI un grito. Ni una mentada de madre. Mejor, imposible.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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