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Martes 10 de Mayo de 2011

+ Sicilia secuestra la república

+ Rescate: cabeza de García Luna

 

Para Lulú, la Mamma

Lo peor que le puede ocurrir a un país lastimado por el crimen organizado es que los buenos se conviertan en malos: la exigencia de Javier Sicilia de renuncia del secretario de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna, se convirtió en un chantaje, una extorsión, un secuestro de la república pidiendo como rescate la cabeza del funcionario.

La personalización de la crisis de seguridad desinfló el impulso social de la manifestación del domingo. No se trató ya de protestar contra la violencia, de exigir soluciones y de realizar propuestas, sino de centrar el problema en el despido de un funcionario. Si el presidente de la república no cede al chantaje, entonces tampoco quiere colaborar.

La protesta de Sicilia perdió el rumbo. Y no sólo por actuar como secuestrador pidiendo como rescate la cabeza de un funcionario federal, sino porque su propuesta de un pacto por la seguridad y la justicia se redujo a una extraña mezcla de programas de gobierno del PRD y ¡del PRI! Y cayó en el terreno del oportunismo vulgar del PRD, que apoyó la demanda de renuncia pero se hizo el distraído de la crítica de Sicilia por la diputación perredista a Julio César Godoy, acusado de colaborar con el narco en Michoacán.

Lo grave del asunto fue que Sicilia y su equipo de intelectuales dejó fuera dos gravísimos temas: la reorganización indispensable del Instituto Nacional de Migración por su papel lamentable en la protección de derechos humanos de los migrantes y la ausencia de crítica a los cárteles de la droga que son los responsables de la violencia por su lucha entre ellos para apoderarse de territorios y el secuestro y asesinato de miles de mexicanos que están apareciendo en fosas clandestinas.

Por tanto, la propuesta de Sicilia se redujo a parar la guerra contra el crimen organizado, lo que sin duda permitiría el regreso de los cárteles a los territorios ya rescatados. El discurso de propuestas fue desordenado, inconsistente, superficial y sobre todo funcional a los intereses de las bandas criminales. También exigió lo que ya está en marcha: esclarecer asesinatos y desapariciones, mezclando el problema del crimen organizado con los casos especiales como la tragedia de la guardería ABC de Hermosillo. Y pidió placas para la memoria de las víctimas de la violencia, incluyendo a los delincuentes --el 95% de los muertos-- que cayeron en batallas callejeras contra las fuerzas de seguridad.

Sicilia cayó en la trampa discursiva de las organizaciones insurreccionales al señalar que la estrategia “militar” fue diseñada para “enfrentar al crimen organizado y la protesta social”, cuando el problema de fondo es que no existe un respeto de los grupos disidentes a las leyes y reglas de convivencia. Tan no existe objetivo de reprimir la protesta social, que el SME hace lo que se le pega la gana, los Atencos siguen amenazando con sus machetes, el EPR puede aliarse a las FARC colombianas, la APPO de Oaxaca sigue agitando la capital oaxaqueña, la sección 22 de maestros opera en la calle y no en las aulas… y nadie los reprime. Si se revisa la minuta de la Ley de Seguridad Nacional, se establece con claridad que no habrá represión de la protesta social.

Las propuestas de programas de emergencia para crear empleo a jóvenes es parte del viejo populismo priísta y ahora perredista y la petición de aumentar inversión en educación no atiende al problema central de la calidad de los programas de estudio; ahí están la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y la UNAM impidiendo la reforma a la calidad educativa. Esta parte parece copiada de las cartas del subcomandante Marcos.

Pero la cereza de la propuesta de Sicilia radica en la propuesta de una democracia participativa --cualquier cosa que ello signifique-- porque dejó ver reformas totalitarias: la “democratización de los medios de comunicación” o sea la censura, la consulta popular que suele ser --como acaba de ocurrir en Ecuador-- un medio para la socialización de dictaduras, las candidaturas independientes que al final dependen de nuevos factores de poder, la revocación del mandato que se basa en la agitación de las masas y no en mecanismos de evaluación de resultados. Asimismo, el programa de gobierno de Sicilia incluyó dos temas que nada tienen que ver con la seguridad ciudadana: mayor intervención del Estado en telecomunicaciones y la aprobación de la minuta de reforma política diseñada por el PRI en el Senado.

Al final, el Pacto ciudadano no es otra cosa que la conformación de un nuevo partido político, no un verdadero tejido social plural y sin intenciones partidistas. La lista de exigencias de Sicilia no establece un compromiso de articulación con las instancias de gobierno y las instituciones nacionales, sino que se reduce a una especie de Carta a los Reyes Magos que el gobierno debe de cumplir estrictamente. No hay en los dos documentos de Sicilia compromisos reales de participación de la sociedad plural.

El Pacto tiene una intención clara: “este momento requiere la participación de todas y todos(,) el Pacto de la sociedad civil implica un esfuerzo de unidad y organización de la sociedad civil nacional para que tengamos una voz y acciones con el fin de parar esta guerra y la violencia social, corrupción e impunidad que nos está destruyendo como personas y como nación”. Todo se resume, pues, en detener la estrategia del gobierno federal contra el crimen organizado, pero sin ofrecer una alternativa de lucha contra las mafias. Por tanto, suspender el combate contra las mafias sería sinónimo de entrega de la república a las bandas de Joaquín El Chapo Guzmán, Ismael El Mayo Zambada, Heriberto Lazcano El Lazca, Vicente Carrillo y todos los cárteles de la droga y del crimen organizado.

Pero la cifra de 65 mil delincuentes muertos o detenidos en este sexenio y El Chapo en las listas de Forbes ilustra el tamaño del desafío.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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