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Jueves 12 de Mayo de 2011

+ Tamaulipas: herencia maldita

+ Policiaca, la primera limpia

 

Mientras el ex gobernador tamaulipeco Eugenio Hernández Flores fue premiado por el PRI con el cargo de secretario técnico del consejo político nacional, el nuevo gobernador priísta de Tamaulipas Egidio Torre Cantú hace esfuerzos desesperados por recuperar la iniciativa en materia de seguridad pública pero con el lastre de la herencia de su antecesor en materia de inseguridad.

El contrapunto revela la apatía de los partidos respecto al problema de seguridad. Hernández Flores no sólo dejó Tamaulipas en poder del crimen organizado sino que asesinaron al candidato del PRI Rodolfo Torre Cantú porque se habría negado a mantener los compromisos con los delincuentes. Egidio, hermano de Rodolfo, tomó la candidatura y su principal tarea es la de revalidar la autoridad del gobierno que se perdió en el sexenio estatal anterior por el empoderamiento de las bandas criminales en la entidad.

El principal problema que ha atacado el nuevo gobernador es el de la conformación de nuevos cuerpos de policía. Sin una policía confiable y blindada contra la corrupción del crimen organizado, Tamaulipas nunca podrá establecer una vigilancia de la sociedad. De ahí que el gobernador Torre Cantú haya dado especial atención al problema de contratación de nuevos policías, establecimiento de eficaces controles de confianza, colaboración con el ejército para tamizar los cuerpos de seguridad, atención especial a los salarios y una constante capacitación profesional de las policías, con el refuerzo de la Defensa Nacional y de Seguridad Pública pero sin el apoyo de Gobernación.

La presencia de las fuerzas federales de seguridad --ejército, Marina, policía federal-- no puede ser para siempre pero seguirá hasta que exista una policía blindada contra el poder corruptor de los cárteles. Pero la ausencia de gobierno en el sexenio de Hernández Flores permitió excesos: el capo Osiel Cárdenas y después Heriberto Lazcano El Lazca han realizado eventos públicos para las madres y los niños. En el pasado Día del Niño, El Lazca invitó anónimamente a una fiesta gratis y en plena celebración aparecieron gentes a colgar mantas para acreditar el festejo al grupo de Los Zetas.

El tamaño del problema que heredó Hernández Flores --y del cual ahora está protegido por su cargo en el CEN del PRI de Enrique Peña Nieto-- no es menor: lo simboliza la fosa común de  San Fernando, una, dicen especialistas, entre varias que están por descubrir. El crimen organizado no sólo se apoderó de Tamaulipas como zona de trasiego de droga, sino que convirtió al estado en territorio de chantaje y extorsión. Varios habitantes del estado --identificados plenamente pero pidiendo el anonimato por razones obvias-- revelaron casos concretos: en el sexenio local anterior cuando menos dos decenas de familiares fueron obligados por miembros de los cárteles a trasferir propiedades a los narcos delante de notarios públicos. El gobierno de Hernández Flores nunca indagó la comunidad notarial.

Pero mientras el PRI le daba posesión a Hernández Flores de un cargo en el CEN, en el municipio de San Fernando aparecían restos humanos de 194 personas en fosas clandestinas y crecía el número de migrantes desaparecidos en Tamaulipas por la complicidad con delincuentes de miembros del Instituto de Migración y policías estatales y municipales.

La tarea de reconstrucción de Tamaulipas no será fácil. Pero el nuevo gobernador Torre Cantú --marcado por el asesinato de su hermano Rodolfo como candidato priísta al final de la gestión de Eugenio Hernández Flores-- ha comenzado con la reorganización a fondo de la policía.

En Tamaulipas, durante la gestión de Hernández Flores, la violencia no sólo se manifestó en el asentamiento del crimen organizado en amplias zonas territoriales --Ciudad Mier, ahora San Fernando, Nuevo Laredo--. Un informe de la Secretaría de la Defensa Nacional revela el tamaño del problema del narcotráfico y el crimen organizado en la IV región militar --estados de Tamaulipas, Nuevo León y San Luis Potosí, los dos primeros de mayor acción criminal--, bajo el mando del general Noé Sandoval Alcázar: de diciembre del 2006 al 11 de mayo de 2011 hubo decomisos de 545 toneladas de marihuana, 13.23 toneladas de cocaína, 10 kilos de heroína, 190 mil pastillas psicotrópicas, siete kilos de goma de opio y 28 kilos de cristal ometanfetamina.

Los datos de la IV Región Militar revelan parte de la herencia de Hernández Flores; aunque abarca tres estados, la parte fundamental es de Tamaulipas: 6 mil 625 detenidos, 7 mil 836 vehículos decomisados, 26 embarcaciones incautadas, 3 aviones detenidos. En materia de armamento, en las tres entidades los decomisos fueron altos: casi 10 mil armas largas y 4 mil 338 armas cortas, 4.4 millones de cartuchos, 3 mil 676 granadas, 22 lanzagranadas. 3 lanzacohetes

Los operativos más importantes fueron en Tamaulipas:

Altamira: 11.7 toneladas de cocaína en octubre de 2007; Los Nogalitos: 9 toneladas de marihuana y 90 armas largas y una ametralladora con tripié en 2008; Ciudad Reynosa: 288 armas largas, 136 cortas, 310 granadas y vestuario falso en 2008; Ciudad Mier: enfrentamiento en 2010 con 28 delincuentes muertos, decomiso de 26 armas largas, 10 mil cartuchos, 23 vehículos y 3 rehenes liberados; Ciudad Reynosa en febrero de 2011: 102 kilos de marihuana y 47 indocumentados liberados. Y el caso espectacular de San Fernando en abril y mayo de 2011: 39 fosas, 194 cadáveres, 7 osamentas y un cráneo.

De este tamaño es el desafío del gobernador Egidio Torre Cantú en Tamaulipas. Lo importante para los tamaulipecos fue la decisión del mandatario de entrarle al tema de seguridad de frente, luego de seis años de pasividad cómplice.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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