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Miércoles 23 de noviembre de 2011

+ España: autoderrota de izquierda

+ Derecha se encontró con el poder

 

Al general brigadier Ricardo Trevilla,
por su merecidísimo ascenso

 

MADRID, España.- En esos giros políticos de las circunstancias, la izquierda española enfrentó una auto derrota y la derecha se encontró de pronto con el poder en las manos. Mientras el Partido Socialista Obrero Español creó el marco ideológico de la campaña, el Partido Popular se sentó en el quicio del Palacio de La Moncloa a esperar el paso del cadáver de su adversario político.

La culpa, por cierto, fue del propio PSOE. Sin argumentos sociales por el desempleo y la crisis y con el gobierno de Zapatero enjuiciado severamente todos los días en los medios, el candidato socialista diseñó una campaña derrotista y basada en dos argumentos: “ahí viene la derecha” y “no le demos la mayoría absoluta al PP”. Así, en los hechos, el PSOE aceptó su derrota antes de las elecciones y suplicó un castigo menos severo.

El proceso electoral español no fue ideológico ni de posicionamientos políticos; es decir, no fue una lucha izquierda-derecha. El PSOE se equivocó al llevar la campaña a la confrontación ideológica. Los españoles votaron contra la crisis y contra la ineficiencia del gobierno de Zapatero. De hacer caso el modelo del candidato socialista Alfredo Pérez Rubalcaba, entonces el saldo sería la tumba de la izquierda; pero no fue así: resultó una derrota grave para el PSOE, pero una reactivación de varios movimientos de izquierda: los vascos independentistas, Izquierda Unida con el viejo Partido Comunista de España, izquierda catalana y, como izquierda muy moderada, Unión Progreso y Democracia.

Peor aún: el programa derechista de ajuste para España ya fue diseñado y mal aplicado por el PSOE y Zapatero; de ahí que el nuevo gobierno de Mariano Rajoy no necesita definir la salida de la crisis, sino aplicar --pero bien-- lo aceptado por Zapatero. Por eso fue un error el hecho de que el candidato socialista Rubalcaba orientara su campaña al argumento de evitar la llegada de la derecha; de hecho, el programa económico de Zapatero no fue de izquierda sino, de algún modo, neopopulista: subsidios a sectores sin incidencia en la economía y menos en las tendencias electorales. Y el ajuste aprobado por Zapatero fue… de derecha.

El PSOE ha tenido dos grandes quiebres ideológicos: en 1979, en su 28 Congreso, decidió abandonar el marxismo como una condición para llegar al poder; y en mayo de 2010, el PSOE abandonó la política económica social al aplicar un programa de ajuste típico del Fondo Monetario Internacional por sus altos daños sociales. El primero le permitió ganar la presidencia del gobierno en 1982 con una de las victorias más sólidas --202 diputados, contra 107 de Alianza Popular-PP--; el segundo lo llevó a la derrota histórica del 2011: 110 diputados.

La campaña reflejó las equivocaciones del PSOE y los aciertos del PP: los socialistas usaron los argumentos de la lucha ideológica izquierda-derecha ante un electorado que exigía empleo y los populares sólo aplicaron El arte de la guerra de Sun Tzu para conocer al enemigo, elegir el campo de batalla y llevar a los adversario a ese campo. Los socialistas se quedaron sin voz en el debate sobre la crisis económica. El lema de campaña del PSOE fue agresivo y ahuyentó a electores “pelea por lo que quieres”; el del PP fue más sencillo y le dio esperanzas a los ciudadanos: “súmate al cambio”.

El PSOE cavó su propia tumba. Al convocar a los electores a detener el avance de la derecha, el saldo contundente a favor del PP sería entonces una contundente derrota de la izquierda. Pero no fue así. Y el PP lo entendió con claridad. Por eso el discurso de victoria de Rajoy fue una convocatoria a todos para decisiones que saquen a España de la crisis social provocada por la crisis económica. Mientras, el discurso del PSOE fue abrir la disputa por el control del partido.

El PP supo definir el centro de la disputa política: la crisis económica y el desempleo; el PSOE ideologizó la campaña en un intento desesperado por despertar viejos fantasmas; pero Franco murió hace 36 años y los españoles están más europeizados y no ven regresos al fascismo militar. Zapatero pasó del Dr. Panglós de Voltaire y “el mejor de los mundos posibles” al Dr. Catástrofe de 5 millones de desempleados. La crisis paralizó a Zapatero y desactivó el potencial de la izquierda.

El PSOE perdió mucho más que curules y espacios de poder: dilapidó autoridad moral. Muchos de los artistas que en el 2004 y el 2008 hicieron canciones y spots publicitarios para la izquierda abandonaron el barco del PSOE y se fueron a Izquierda Unida. El PSOE se fue quedando como una maquinaria burocratizada, sin ideas, sin sentimientos populares, sin propuestas sociales. El “Maquiavelo de León” buscó solamente conservar el poder.

Paradójicamente, el argumento de Rubalcaba de frenar a la derecha despertó, en sentido contrario, el fantasma de la guerra civil: así comenzó la tragedia de Franco; y nadie quiere regresar a esos tiempos oscuros de las ideologías polares. España le había apostado al relevo democrático en función de las elecciones como calificación de gestiones de gobierno, no de demonios salidos de las catacumbas. Pero las alternancias del PSOE al PP en la historia de la democracia han  sido siempre dolorosas para los españoles porque el PSOE atiza la ideología como garantía de permanencia en el poder, no el valor de los votos.

El PSOE comenzó como marxista, luego revindicó el socialismo sin Marx y terminó en una socialdemocracia neopopulista. Pero el PSOE no podrá rehacerse de nuevo si se perfila como un campo de batalla entre el grupo de Felipe González contra el grupo de Zapatero. ¿Cómo rehacer una izquierda que fue echada del poder por incompetente?

(Diario Político 2012 de Carlos Ramírez en www.grupotransicion.com.mx)

carlosramirezh@hotmail.com

 

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