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Domingo 27 de noviembre de 2011

+ PRI y Gabriel García Márquez

+ Cien años de soledad y regreso

 

En las frases finales de Cien años de soledad Gabriel García Márquez pudo haber escrito la maldición del PRI. La cita es larga pero ilustra el hecho de que el PRI enfrenta, por así decirlo, un reinado de cien años, desde la Revolución de 1910 hasta el aviso de 2010 de que las alianzas PAN-PRD podrían cerrarle al PRI el regreso al poder:

Sólo entonces descubrió que Amaranta Úrsula no era su hermana, sino su tía, y que Francis Drake había asaltado a Riohacha solamente para que ellos pudieran buscarse por los laberintos más intrincados de la sangre, hasta engendrar el animal mitológico que había de poner término a la estirpe. Macondo era ya un pavoroso remolino de polvo y escombros centrifugado por la cólera del huracán bíblico, cuando Aureliano saltó once páginas para no perder el tiempo en hechos demasiado conocidos, y empezó a descifrar el instante que estaba viviendo, descifrándolo a medida que lo vivía, profetizándose a sí mismo en el acto de descifrar la última página de los pergaminos, como si se estuviera viendo en un espejo hablado Entonces dio otro salto para anticiparse a las predicciones y averiguar la fecha y las circunstancias de su muerte. Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.

 

Las encuestas, que suelen revelar más bien conocimiento y estado de ánimo antes de los procesos electorales, le han dado desde hace dos años una ventaja al PRI para regresar a la presidencia de la república. Pero en estos dos años se ha comenzado a ver qué tipo de PRI volvería a tener las llaves de Los Pinos y sobre todo cómo el PRI no ha sabido leer el avance político institucional. La ventaja de Enrique Peña Nieto podría favorecer al viejo PRI, al partido de antes de 1988, el de la disciplina ciega, el del sometimiento al poderío del ejecutivo federal, el PRI del presidencialismo absolutista. Sólo que ese país simplemente ya no existe: a lo largo de veinticinco años, de 1987 al 2012, la oposición se ha dado un mecanismo más equilibrado de contrapesos y ha logrado extraer del control del ejecutivo instancias tan decisivas como el Instituto Federal Electoral, el Instituto de Acceso a la Información, existe un congreso mucho más autónomo y una clase política dispuesta correr los riesgos de mecanismos parlamentarios para someter al ejecutivo a una presidencia de acuerdos y de consensos.

En este escenario, el PRI, como siempre ocurre ante definiciones de largo plazo, se ha dividido en dos partes: de un lado, el PRI de Peña Nieto y su confianza en reconstruir el viejo régimen; de otro, el PRI de Manlio Fabio Beltrones con propuestas de experimentar caminos más de pluralización democrática de las instituciones centrales; en medio, bases priístas que oscilan entre los dos extremos. Y como parte del contexto, la urgencia del PRI de redefinir qué tipo de modelo de gobierno y de oferta va a hacerle a la sociedad y en función de qué política económica: la del desarrollo equilibrado que implicaría inclusive que el PRI se supere a sí mismo y no caiga en el pasado populista y la del desarrollo estabilizador vía el neoliberalismo que contiene el tratado de comercio libre que el ex presidente Carlos Salinas de Gortari quiere regresar.

Antes de pensar en ganar las elecciones, el PRI tiene muchos pendientes que resolver. Y no sólo hacia dentro, sino que también de manera fundamental hacia afuera: ¿qué propone el PRI en los tres rubros de urgencia para retomar la senda del crecimiento con distribución: nuevo sistema político, nuevo modelo de desarrollo y nuevo pacto constitucional? Los indicios que se tienen no ofrecen pistas sobre lo que pudiera venir: la tesis de Beltrones es la de definir primero el programa de gobierno y después decidir sobre el candidato; la propuesta de Peña Nieto es la de ganar las elecciones presidenciales y después, desde el poder, definir la propuesta de desarrollo.

De ahí que en el PRI haya todavía dudas de que se pueda transitar estos seis meses de precampaña y campaña. El peligro latente en el tricolor ha sido la fractura interna por el ascenso al poder de una nueva élite o un nuevo grupo. Históricamente el PRI ha oscilado en un vaivén pendular, además de que nunca ha podido resolver el problema del reparto equitativo del poder. El nacimiento mismo del PRI fue producto de una lucha por el poder entre los caudillos Alvaro Obregón y Plutarco Elías Calles y los diferentes grupos de presión a nivel regional y nacional. La fuerza del PRI en cuanto a estructura de poder nació en marzo de 1938 con el cambio de Partido Nacional Revolucionario hecho por el presidente Cárdenas al calor de un espacio de consolidación del poder estatal días después de la expropiación de las compañías petroleras y el control del subsuelo energético. Calles no sólo le dio una ideología más concreta al partido sino que creó una estructura corporativa de organización de clase hacia la sociedad pero como parte del entramado de control del poder estatal.

El PRI ha tenido varias etapas, pero se podrían resumir en dos: como partido en el poder presidencial 1929-2000 y como partido de oposición 2000-2012. A lo largo de sus ochenta y un años de vida, el PRI ha padecido fracturas internas y siempre por una mala distribución del poder político; sin embargo, siempre triunfaba el poder y fueron pocos los que abandonaron el barco. Paralelamente a la crisis permanente del partido, el PRI pudo navegar entre las innumerables reformas políticas y del poder que se basaron en el escenario de un avance de la oposición en posiciones políticas y de elección popular y la necesidad del PRI de convivir democráticamente con otras fuerzas y con menos control sobre las principales instituciones de gobierno y de poder.

Las grandes reformas ocurrieron de 1968 a 1997 y en ellas el PRI perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, el gobierno de la capital política de la república y el control de todos los gobiernos estatales. De ahí el debate dentro del PRI con miras al 2012: ganar el poder para retrotraer la historia política a los tiempos en que controlaba absolutamente todas las posiciones de elección popular o ganar el poder para acelerar la democratización del sistema rumbo a una madurez de sistema político. Después de doce años de oposición, hay más indicios que señalan que el PRI viene por la recuperación del poder que por acelerar las reformas democratizadoras. Y ahí es donde el PRI estaría en el escenario de García Márquez y las familias condenadas a cien años de soledad que no tendrían otra oportunidad sobre la tierra.

El PRI tendrá que resolver muchas contradicciones internas como para ponerse a pensar en el disfrute del poder presidencial. Asimismo, el PRI parece haber desdeñado la estructura del sistema electoral mexicano que opera por fases y en cada una de ellas hay, por así decirlo, barajas nuevas; López Obrador se encontraba en el 2005 en el mismo escenario de ventaja que el PRI de hoy y al final perdió las elecciones por el funcionamiento de aparato de poder. Si puede señalarse una de las reglas decisivas en procesos electorales, los candidatos del partido en el poder pierden cuando los titulares de los poderes ejecutivos estatales o federales se alejan del partido y del candidato. Así perdió el PRI en el 2000 y así ganó el PAN en el 2006.

A pesar de la ventaja en las encuestas, dentro del PRI hay voces sensatas que están leyendo críticamente la realidad nacional y que exigen un PRI reformado; sin embargo, el tricolor perdió once años de trabajo político al reconstruir sólo los liderazgos de dependencia y no reorganizar las estructuras del poder político. En este escenario se localiza, por ejemplo, la precandidatura impuesta a la realidad de Beltrones. En medio, el PRI ha decidido al viejo estilo y la nominación de Humberto Moreira como dirigente nacional del partido para operar la candidatura de Peña Nieto ha naufragado por los créditos con papeles falsos en el gobierno de Coahuila.

El PRI se encuentra en la zona de incertidumbre de las grandes decisiones de reforma, pero con poco ánimo para hacerlas. El PRI puede apostarle a la desmemoria social y llegar a las elecciones sin cambios de fondo, aunque con ello otorgará algunas facilidades de discurso político a la oposición. Por ello el camino de regreso del PRI al poder tendrá que pasar por una evaluación de los cien años en el poder político de México.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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