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Domingo 9 de octubre de 2011

+ Precandidatos en lucha abierta

+ Ganará sólo quien sobreviva

 

Si hace un año se tenía la percepción de que los candidatos presidenciales de los tres principales partidos políticos estaban más o menos perfilados --Enrique Peña Nieto por el PRI, Andrés Manuel López Obrador por el PRD y Ernesto Cordero por el PAN--, iniciado el proceso electoral del 2012 las cosas ya no parecen tan claras. En los tres partidos se perciben cuarteaduras que pudieran conducir a fracturas graves.

En el PRI Peña sigue a la cabeza en las preferencias, pero se acumulan indicios de que la disminución de su exposición mediática sin el cargo de gobernador del Estado de México y sin los recursos correlativos han comenzado a minar sus encuestas; era, por lo demás, lógico: Peña aparecía desde hace dos años en solitario en el escenario electoral del 2012 y tuvo efectos mediáticos que supo capitalizar bastante bien. Asimismo, algunas decisiones --su rechazo a la reforma política del Senado con la expectativa de las candidaturas independientes y el dedazo adelantado al viejo estilo priísta a favor de Beatriz Paredes como candidata casi oficial al gobierno de DF-- tendrán un impacto negativo en los sondeos mensuales.

Asimismo, en el PRI ha saltado la figura política del senador Manlio Fabio Beltrones, un experimentado político que ha sabido aprovechar los espacios mediáticos y que ha logrado identificarse con algunas reformas que llamaron la atención a sectores políticos sin partido --reforma fiscal, reforma política e iniciativa para gobiernos de coalición-- y lo colocaron en los espacios del 2012; aunque arrancó prácticamente sin posibilidades frente a la ventaja de Peña en las encuestas, Beltrones ha se ganó un espacio en el proceso interno en el PRI.

El PRI carece de experiencia en el manejo de procesos electorales internos para la designación de candidatos. Casi todos los importantes han terminado en fracturas, fracasos y tragedias: desde la arrogancia de Carlos Salinas en 1993 para operar fallidamente la designación de Luis Donaldo Colosio como candidato y la inestabilidad provocada por Manuel Camacho, hasta la ruptura en el partido por la auto imposición de Roberto Madrazo como candidato y el choque con Elba Esther Gordillo y el sindicato de maestros que ayudó a la derrota del 2006, pasando por la impericia de Ernesto Zedillo para imponer como candidato a Francisco Labastida y luego negarle toda ayuda para facilitar la alternancia partidista en la presidencia de la república en el 2000. Y hacia atrás, prácticamente todas las designaciones de candidatos presidenciales causaron estragos en el partido y contribuyeron a su debilitamiento político.

El problema del PRI es la ausencia de una autoridad superior que mantenga bajo control a grupos, corrientes y facciones. El PRI no ha sabido, ni aún en la oposición, procesar el hecho de que ya no hay una autoridad presidencial que decida y controle y por lo tanto el PRI ha requerido de mayor sensibilidad de sus militantes; las cosas, sin embargo, han sido frustrantes para los propios priístas. Ahora mismo, por ejemplo, el estilo personal de hacer política de Peña Nieto ha encendido los focos de alarma en el PRI por el regreso de la verticalidad en las decisiones y el castigo a la disidencia. Sin embargo, la aparición de Beltrones está obligando al PRI a meterle mucha habilidad en el proceso de selección del candidato o prever desde ahora divisiones que conduzcan, de nueva cuenta, a la derrota. El PRI tiene a favor la tendencia de las encuestas, pero en contra no ha sabido resolver el desmoronamiento de los partidos estatales y por tanto la dispersión de los votantes priístas. Y el temor de los priístas es que de nueva cuenta, como en el 2006, el PAN logre convencer a los gobernadores priístas que volverán a su papel de sumisión si Peña gana la presidencia y que se refrendará el modelo de virreinatos que las presidencias panistas han avalado y estimulado.

En el PRD se percibe un choque de trenes entre López Obrador y Marcelo Ebrard, pero sin que ninguno de los dos adelante la ruptura. En la realidad nadie cree en las declaraciones de caballerosidad política de respetar la encuesta para designar al político más aventajado, por lo que Ebrard ya se posicionó en medios por su estilo conservador y López Obrador ya ganó para su causa al PT y a Convergencia, además de convertir en asociación civil a su movimiento de bases que ha construido a lo largo de casi seis años. De fuera, el PRD ya se percató que  hay mano negra en el conflicto, pero ni Ebrard    ni López Obrador contribuyen a estabilizar el proceso. Por lo pronto, puede decirse que López Obrador ya es candidato presidencial designado del PT-Convergencia-Morena y que Ebrard tiene el compromiso de la parte de Los Chuchos del PRD; en términos de posibilidades, hay más para que López Obrador sea el candidato de sus corrientes y obligue, como Cuauhtémoc Cárdenas en el 2000, al PRD a sumarse o la frágil coalición neopopulista iría con dos candidatos y por tanto con el voto dividido.

El más sentido con el proceso es Ebrard. No solicitó licencia a la jefatura de gobierno y con ello dejó entrever que no tiene confianza en ser candidato y ya mandó decir que se retiraría de la política si el PRD no lo unge como candidato único y López Obrador se suma a su causa. El tabasqueño, a su vez, ya ha aprendido a jugar con el ambiente político y ha mandado mensajes de que se someterá a las encuestas que haga el PRD, pero con malicia ha dejado entrever que ya tiene el compromiso del PT y Convergencia de hacerlo su candidato a la presidencia.

De todos modos, las posibilidades del PRD para ganar la presidencia son escasas, se coloca, aún con Ebrard, en el tercer lugar de las preferencias y carece de una estructura electoral para movilizar el voto. Más aún, por la falta de identidad perredista y un proceso lento pero directo de Ebrard de sacar a López Obrador del gobierno del DF y del DF, ha puesto en peligro el gobierno del DF para el 2012, porque en las encuestas el PRI ha registrado el efecto Peña y el PRD podría perder las elecciones capitalinas. Por lo pronto Ebrard quiere poner, por dedazo, al candidato perredista capitalino.

En el PAN no mejoran las cosas. El presidente Calderón ha dejado claro que Ernesto Cordero sería su opción preferida, pero el ex secretario de Hacienda arrancó tarde y no ha logrado consolidar su viabilidad. Ciertamente que en las encuestas pasó de 2% a 16%, pero no por simpatías sino por la declinación de cuatro precandidatos: Heriberto Félix, Javier Lozano, Alonso Lujambio y Emilio González; el puntaje de estos declinantes benefició a Cordero. En cambio, la sorpresa en el PAN ha sido el repunte significativo, sin campaña hacia la sociedad sino sólo por su posicionamiento dentro del panismo, de Josefina Vázquez Mota; el foxista Santiago Creel arrancó temprano en buena posición, pero se ha visto obligado a hacer una precampaña intensísima de giras partidistas para conservar un segundo lugar; en los expertos se cree que Creel viene de regreso de su techo y Josefina aún no ha llegado a posiciones máximas. En los espacios políticos se cree que Josefina sería el Plan B del presidente Calderón si Cordero no avanza, y más cuando la semana pasada Cordero dijo que se veía, si no ganaba la candidatura, como parte del próximo gabinete panista.

El PAN se encuentra ante el desafío de mantener la presidencia por un tercer sexenio, pero en un ambiente de crítica a su gestión de poder y mensajes sociales de que algunos sectores prefieren el regreso del PRI y sus vicios a las dificultades panistas para ejercer el poder. En el entorno del presidente Calderón no existe mucha preocupación por lo adelantado de Peña en las encuestas, porque hace seis años el PAN ni pintaba, Calderón parecía que no podría derrotar a Creel y éste arrastraba su pasividad en Gobernación. Calderón se enfiló a la candidatura presidencial panista con una ventaja de menos de 30 puntos porcentuales de López Obrador y al final recortó la ventaja con una campaña agresiva que supo identificar los pánicos de la gente. Hoy el proceso puede repetirse con un Peña que ofrece más debilidades que fortalezas.

En los tres partidos amagan las fracturas pero existen condiciones para evitar las rupturas; en el fondo, el PAN parece confiado en saber comprar votos con las expectativas de mantener alejado al PRI y a sus vicios del poder, el PRI se ha confiado demasiado en las encuestas y el PRD no sabe aún cómo lograr meter en cintura a López Obrador. De hecho, aún es temprano para hacer los primeros pronósticos; quizá por noviembre se puedan comenzar a tener algunas tendencias más serenas del escenario electoral.

Antes que pensar en ganar las elecciones y formar su gabinete, los principales precandidatos presidencial deben atender primero la urgencia de una nominación sin rupturas. Los que estén pensando nada más en el disfrute adelantado del poder se van a llevar un chasco.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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