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Lunes 24 de octubre de 2011

+ 2012: lucha por segundo piso

+ Ingobernabilidad: sólo tercios

 

El 2012 mexicano se va a decidir en dos pisos: el primero se disputa en las candidaturas presidenciales de los tres principales partidos pero arrojará un próximo gobierno con apenas un tercio de los votos; el segundo ocurre en el control de las instancias intermedias de la gobernación, la gobernabilidad y hasta la gobernanza.

En el primer piso ya casi están decididas las cosas: Enrique Peña Nieto irá por el PRI, Andrés Manuel López Obrador por la coalición neopopulista y en el PAN van a decidir por Ernesto Cordero o Josefina Vázquez Mota. La ventaja del priísta será acotada por la movilización del perredista y por el aparato de poder del panista.

En el segundo piso hay un manjar político: la jefatura de la bancada en el Senado, la jefatura de las bancadas en la Cámara de Diputados, la Secretaría de Gobernación como eje político, la jefatura de gobierno del DF, la renovación de las direcciones nacionales de los tres principales partidos y, si cuaja la iniciativa del gobierno de coalición, la jefatura del gobierno federal o la jefatura del gabinete presidencial.

De hecho, la imposibilidad de una mayoría absoluta en la elección presidencial y en el congreso federal obligará al próximo presidente de la república a recurrir de urgencia al segundo piso del poder para lograr la gobernabilidad mínima, sobre todo por la inevitable tensión preelectoral, electoral y poselectoral.

Y ante la imposibilidad de lograr acuerdos políticos antes y después de las elecciones por la multipolaridad de las posiciones de los principales candidatos, entonces la capacidad de gobernación del próximo gobierno va a depender del segundo piso de poder. De ahí que las posiciones claves de la próxima administración requieran de políticos curtidos, experimentados y con un posicionamiento sólido en la etapa preelectoral. Ahí fue donde radicó la importancia de las firmas del desplegado de gobiernos de coalición.

El sistema presidencial ha demostrado que el cargo de presidente de la república carece de la flexibilidad necesaria para encabezar alguna negociación formal, sobre todo por la astucia de la oposición en tratar de doblegar al presidente en turno. Los presidentes de la república han necesitado un espacio de negociación intermedia, quedándose ellos como la instancia final de los acuerdos. Ahí fue donde fallaron Vicente Fox y Felipe Calderón.

La gobernabilidad del próximo sexenio no va a depender del porcentaje de votos del candidato ganador o de su carisma o de su habilidad, sino de contar con instrumentos de negociación: ofertas de modernización y sobre todo operadores de los acuerdos. Y el canal de negociaciones tendrá que ser en el largo y sinuoso camino de cuando menos cinco instancias de intermediación: Gobernación, Congreso, partidos, DF y gobernadores.

En este contexto se localiza la importancia de los cargos en el segundo piso del poder. En los hechos, el próximo gobierno tendrá que convertir formalmente a la Secretaría de Gobernación en la jefatura del gobierno federal o en la jefatura del gabinete presidencial. Y ahí se localizó, por lo demás, las fallas de Fox y Calderón, además del mismo error cometido por los gobiernos de Zedillo, Salinas y De la Madrid: Gobernación ha sido el engrane fallido de la larga crisis política mexicana de 1971 al 2011, salvo por la excepción de la gestión de Jesús Reyes Heroles en la negociación de la reforma política que legalizó al Partido Comunista Mexicano y metió al país de lleno en el sistema de partidos sin control oficial.

La pista secreta del desplegado de políticos, intelectuales y académicos sobre el gobierno de coalición radicó en la presencia de importantes personalidades que bien hubieran podido tener algún espacio en la lucha por las candidaturas presidenciales de los tres partidos --Cuauhtémoc Cárdenas, Manlio Fabio Beltrones y Marcelo Ebrard--, pero al estampar su firma en una propuesta sin pista de despegue y menos de aterrizaje no hicieron más que atraer la atención al papel bastante acotado que tendrá el candidato que gane las próximas elecciones presidenciales y hacer énfasis en la urgencia de analizar desde ahora la necesidad de espacios políticos, institucionales o de tensión para negociar la gobernabilidad de un presidente de la república que tendrá sólo un tercio de votos.

La urgencia de reformas ha enlistado no sólo las indispensables en una república en transición hacia una democracia integral --no sólo parcialmente electoral-- sino las que se han estado acumulando a lo largo de dos sexenios de alternancia sin modificación del sistema político, del modelo de desarrollo y del pacto constitucional y las propias de las crisis política, económica y social, además de un elemento poco atendido por los estrategas políticos: las revueltas sociales de jóvenes sin expectativas, azuzados por las redes sociales de la globalización del descontento.

El país fue sobretensado por la falta de avances en la modernización durante los dos sexenios panistas. El PRI atlacomulquense viene por la restauración pero en un escenario diferente al que permitió el largo reinado priísta. El neopopulismo depende de un presupuesto público que no alcanzará para el asistencialismo. Y el panismo parece no tener más expectativa que la administración cada vez más complicada e imposible de las crisis del viejo régimen.

De ahí la lucha política sorda por el segundo piso del poder, pero con candidatos presidenciales forjados en el viejo modelo de presidencialismo autoritario. Por eso no hay que perder de vista a las figuras políticas de primer nivel que aparecieron como abajofirmantes del desplegado sobre el gobierno de coalición y que podrían tener el control del segundo piso del poder.

(Diario Político 2012 de Carlos Ramírez en www.grupotransicion.com.mx)

carlosramirezh@hotmail.com

 

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