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Lunes 2 de enero de 2012

+ 1.- Nuevo proyecto nacional

+ Aunque de los tres, ninguno

 

Si alguna certeza dejó el 2011, fue la corroboración de que el proyecto nacional de desarrollo vigente ya no alcanza para ofrecer el bienestar a los mexicanos; pero si algún convencimiento quedó de los posicionamientos electorales para el 2012 fue la certeza de que ninguno de los tres principales partidos tiene una propuesta clara para transitar a una nueva etapa republicana.

En los discursos los partidos y sus principales precandidatos insisten en grandes compromisos pero se niegan a discutir las grandes reformas. Lo único claro es que el proyecto nacional priísta que operó el PRI durante setenta y un años y que el PAN ha administrado apenas dos sexenios no sólo ha sido insuficiente para atender las demandas de bienestar, sino que paradójicamente su reinserción explica las razones de por qué el modelo de desarrollo nacional apenas alcanza para atender al 40% de los mexicanos.

Hacia el futuro, partidos y precandidatos ven sólo al pasado: el PRI no acaba de procesar internamente la necesidad de proponer otro modelo de desarrollo y las razones están a la vista: alianzas, estructuras y élites conforman todavía una red de intereses corporativos que otorgan prioridad a esos grupos antes que atender las demandas de la sociedad; por eso es que el PRI irá al 2012 bajo la conducción de la gerontocracia de la CTM, la burocracia campesina, el politburó de cuotas de poder y las figuras dominantes del Carlos Salinas de Gortari que instaló el neoliberalismo depredador en el PRI y la señora Elba Esther Gordillo como jefa del ejército de mapaches electorales en busca de su cuota dce poder.

El PRD perdió cualquier referente con su origen de izquierda no sólo por la marginación de ex militantes del Partido Comunista Mexicano, sino porque finalmente los priístas disidentes de 1987 se apoderaron del control del partido; por tanto, el PRD no es sino una variante del viejo PRI corporativo, sólo que ahora con estructuras de beneficiarios de programas asistencialistas que trocan votos por subsidios. Por ello es que el PRD carece de viabilidad para ofrecer una alternativa al PRI: es la imagen del espejo del viejo PRI, un PRD más inclinado al bonapartismo que tanto criticó Marx en El 18 Brumario de Luis Bonaparte.

A pesar de haber sido la oposición consistente a lo largo de poco más de sesenta años, el PAN en el poder careció de una oferta alternativa al modelo de república priísta porque, al final de cuentas, el panismo fue una actitud moral y no una clase gobernante; pero el 2000 necesitaba de una alternancia como culminación del proceso de transición. En este contexto, el PAN no supo encabezar una propuesta diferente a la priísta ni tampoco logró consolidar una nueva clase política. Agobiado por la minoría legislativa, el gobierno federal panista se conformó con administrar la república priísta.

El 2012 se presenta como otra oportunidad --probablemente la última en cuando menos los próximos treinta años-- para retomar el tema central: el agotamiento del modelo priísta de desarrollo y la necesidad de diseñar un nuevo proyecto nacional. A lo largo del 2011 ninguna fuerza o personalidad política ofreció algún indicio con certeza sobre esa alternativa y las tres grandes fuerzas nacionales sólo mostraron los indicios de una lucha por el poder.

La inviabilidad del proyecto priísta nacional --con Salinas, Gordillo y la CTM como lastres, el neopopulismo priísta de López Obrador y la ausencia de una oferta real del panismo-- y la invisibilidad de una alternativa integral sólo anuncian que las elecciones presidenciales del 2012 carecerán de una oferta audaz que responda a la crisis del proyecto nacional de desarrollo: el PRI no da para más con sus élites mediocres, el PRD no ha entendido que la república amorosa es objeto de chunga y el PAN no convence a las masas con discursos vacíos.

Nada puede ilustrar la crisis moral de un país que una sociedad que prefiere que regresen políticos del pasado y que no sabe exigir nuevas formas de desarrollo; las encuestas que dan preferencia al viejo PRI son apenas el indicio de una crisis propia de una sociedad pasiva, dependiente, sin memoria histórica. La sociedad activa del 2000 fue lobotomizada por la república amorosa de Vicente y Martha Fox y ha quedado paralizada con las evidencias de que la propia sociedad aparece como responsable de la penetración del crimen organizado en las estructuras internas de la república.

En este contexto, el 2012 se ofrece sólo como una nueva fase de disputa por el poder. Partidos y precandidatos aparecen disputándose las pasiones en un país que necesita de grandes ofertas de largo plazo: un nuevo modelo de desarrollo, un nuevo sistema político y un nuevo pacto constitucional. Nada hay imposible: España logró consolidar esas tres variables en la transición que empujó la muerte de Franco y al negarse a mantener un franquismo sin Franco. En México hubo la expectativa de convertir en alternancia la coronación de la transición con la derrota del PRI, pero a lo largo de dos sexenios el país ha vivido un priísmo vergonzante, un priísmo sin PRI pero con un PAN y un PRD validando la vigencia del viejo régimen.

El 2012 carece de expectativas; se presenta sólo como una rebatinga del poder. Hasta ahora no existe nada en el panorama político electoral que permita creer que ahora sí podrían darse los cambios. Pero al mismo tiempo se confirman las previsiones de que en el país tampoco existe una sociedad organizada, capaz de generar debates sobre sus verdaderas necesidades políticas o cuando menos con claridad respecto a sus verdaderas demandas. El pesimismo concluye que las sociedades tienen los gobiernos y partidos que se merecen.

Lo patético del corto plazo mexicano es que los tiempos de transición se han convertido en tiempos de restauración.

(Diario Político 2012 de Carlos Ramírez en www.grupotransicion.com.mx)

carlosramirezh@hotmail.com

 

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