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Domingo 19 de febrero de 2012

+ Elecciones con/sin ciudadanos

+ La verdadera crisis de México

 

Los primeros datos en las encuestas sobre el proceso electoral han comenzado a causar preocupación:

--El alto porcentaje de abstencionismo anunciado hasta ahora, que podría llegar a 50%.

--El alto porcentaje de indecisos que no han decidido su voto podría estar cerca del 40%.

--El crecimiento del estado de ánimo de cierto sector de la sociedad en función del voto nulo o voto en blanco.

Si se revisan las encuestas, existen pocos indicios de que el proceso electoral haya prendido en el ánimo de los ciudadanos; el único dato novedoso sería la nominación de Josefina Vázquez Mota como candidata del PAN y por tanto con posibilidades de ganar porque representa al partido en el poder. Pero fuera de ese indicio, no se ven aún perspectivas de que las elecciones vayan a animar a los electores.

Dos datos contextualizan ese escenario aún frío:

--El fracaso de la reforma política y la decisión de la bancada del PRI de congelar las candidaturas ciudadanas o independientes, justo cuando el voto duro de los partidos se encuentra en su nivel más bajo.

--La violencia del crimen organizado tampoco ha logrado prender el ánimo de los electores porque ha quedado la sensación, en los primeros posicionamientos de los candidatos, que no habría grandes cambios en el siguiente sexenio.

Las élites políticas enfrentan una verdadera y profunda crisis de expectativas.  En el 2000 se registró la votación del 64% del electorado, pero luego el ánimo se enfrió y llegó a 58% en las presidenciales del 2006 y cayó a 44% en las legislativas federales de 2009. La tendencia esperada en el 2012 estaría en el nivel de 60%, pero algunos analistas la sitúan en 50% o menos.

Los ciudadanos se sienten decepcionados de la política. Las redes sociales han sido utilizadas por los ciudadanos para burlarse de la política o para criticar a todos los precandidatos. La elección primaria en el PAN apenas pudo sacar a votar a menos de un tercio de los militantes y adherentes y en los medios hubo cierto revuelo sólo por el hecho del enfrentamiento entre el candidato preferido del presidente Calderón, Ernesto Cordero Arroyo, y la primera mujer panista que competía por la nominación sin la bendición presidencial, Josefina Vázquez Mota; pero fuera de ello, no hubo ningún dato que atrajera la atención de los ciudadanos.

A este enfriamiento de la competencia presidencial ha contribuido el IFE con sus reglas absurdas para los debates, la competencia y los mensajes de campaña; a veces se tiene la impresión de que el IFE quisiera una campaña de bastón y de bombín y sin siquiera el atractivo de los duelos con pistola o espada. Una cosa es evitar la guerra sucia pero otra es quitarle dinamismo a las campañas.

El temor central de las autoridades electorales se localiza en frenar las campañas anónimas de insultos. Pero hay mecanismos de control. En los Estados Unidos, por ejemplo, ningún medio de comunicación electrónico puede transmitir algún spot de partido o de candidato sin que al final el propio candidato diga: “soy… y avalo este mensaje”. Y aun así, los propios candidatos ponen las reglas porque al final de cuentas se trata de una competencia entre políticos que tienen muchos hoyos oscuros en sus biografías políticas y de poder.

El ciudadano carece de atractivos. Hacia el 2000, el detonador de la participación fue la posibilidad de derrotar al PRI y de terminar con poco más de setenta años del PRI en la presidencia de la república; a ello se agregaba la novedad de una campaña más abierta, con medios de comunicación menos controlados por el gobierno y con un PRI que en 1997 había perdido la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y que también había perdido el control del legislativo por la creación de una coalición de toda la oposición, además de no haber podido ganar el gobierno del DF que por primera vez se había llevado a elección directa. Al ánimo social contribuyó el perfil mediático de Vicente Fox.

Pero el fracaso de Fox ante el desafío del cambio político y su decisión de aliarse con el PRI para la administración de la crisis y apenas algunos cambios superficiales desanimó a los ciudadanos; las elecciones de medio sexenio de 2003 no jalaron votantes a las urnas, ni siquiera por la campaña del PAN de pedirle al electorado la primera mayoría. Luego vino la elección del 2006 con un López Obrador radicalizado, un Calderón manejando la campaña de peligrosidad del candidato perredista y la desinflada campaña de Roberto Madrazo.

Los incentivos para votar no son mediáticos sino de ofertas a la ciudadanía. Y no existen novedades: el PRD elaboró una propuesta de república amorosa que no caliente los ánimos, el PAN podría obviar alguna revisión del saldo calderonista con el perfil de género de su candidata mujer y el PRI sigue manejando la expectativa mediática y el acarreo de siempre que llena plazas pero que no se refleja en las tendencias de voto; inclusive, la insistencia de que Peña lleva una ventaja cómoda podría meterlo en problemas porque muchos votantes no acudirían a las urnas con el argumento de que Peña “ya ganó”.

En las ofertas de partidos no hay cambios y los ciudadanos de nueva cuenta fueron marginados de los procesos electorales. La política económica no sufrirá variación; peor aún, el PRD ya dejó en claro que no cambiará la política económica y que basará su manejo en la disminución de la corrupción y en el despido de funcionarios para ahorrar presupuesto, aunque luego de años de descalificar la política neoliberal de los gobiernos priístas y panistas. El PRI va a mantener el mismo rumbo económico y el PAN tampoco hará cambios.

Lo que queda es ver definiciones en materia de seguridad, pero todo se reduce a mantener al ejército en la lucha contra el crimen organizado o regresarlo a sus cuarteles, pero sin ninguna propuesta concreta novedosa.

Al final, el fracaso de la reforma política y la negativa a candidaturas ciudadanas enfrió el ánimo de los ciudadanos para participar en política. Lo que queda es prever cuál de los tres partidos se va a beneficiar con el desánimo social.

 

LA VERDADERA CRISIS DE MÉXICO

 

Los partidos han encontrado el camino fácil para sus campañas presidenciales: tratar de meter como tema central de debate la violencia criminal; sin embargo, como hemos insistido aquí, la inseguridad es efecto y no causa. El verdadero problema de México es el de la falta de un crecimiento económico alto, sostenido y generador de bienestar.

Y la expresión más clara de la crisis económica es el desempleo… o la falta de empleo remunerado y generador de bienestar. Todos los críticos de la estrategia gubernamental contra el crimen organizado coinciden en prometer empleo para alejar a los jóvenes de la delincuencia. Buen razonamiento, sin duda. Pero cómo crear esos empleos.

La creación de empleos exige una política de fomento a la inversión y al desarrollo. Hay cálculos diferentes pero el más cercano señala que la creación de un empleo en el sector formal podría llegar a costar 20 millones de pesos porque requiere de infraestructura y sobre todo de una amplia gama de bienes de capital, facilidades en el factor trabajo y sobre todo educación y tecnología para lograr competitividad. Y no hay otro camino para atraer la inversión privada que la utilidad directa o indirecta.

De ahí que el problema número uno de México sea la política económica, cuando en México todos los partidos y todos los aspirantes a cargos públicos hablen en realidad de economía política. Y la política económica debe llevar a un modelo de desarrollo que tenga por objetivo el bienestar de las mayorías. Si se revisan las propuestas de los partidos y los candidatos, ahí se contienen sólo demagogia electoral, no un pensamiento económico racional; es decir, cada partido ajusta sus ofertas económicas a sus compromisos ideológicos y éstos nada tienen que ver con llevar a México a una nueva fase de desarrollo económico consistente, dinámico y de beneficio social.

Las tres preguntas básicas son las siguientes:

1.- ¿Qué meta de PIB, cruzada con qué tasa de inflación?

2.- ¿Como reorganizar el modelo productivo para conseguir esos objetivos?

3.- ¿Cómo terminar con los cuellos de botella que frenan la producción y que obedecen a compromisos ideológicos de los partidos?

El origen de los males sociales del país está en el agotamiento del modelo priísta de desarrollo que ha puesto los compromisos de una economía estatista por encima de la dinamización de la producción vía el sector privado. Sin producción nacional no habrá demanda de empleo y el desempleo se ha cubierto en México con subempleo en el sector informal.

Al final nada hay de entregarle la economía al sector privado, porque sin un Estado encargado de la redistribución de la riqueza se llegaría a una concentración de beneficios en pocos mexicanos. Luego del fracaso del Estado como sector productivo, hasta la izquierda se ha ruborizado al mantener las políticas económicas y de desarrollo neoliberales. Pero lo que se requiere es un Estado fuerte, lo suficientemente fuerte para regular la producción privada y redistribuir la riqueza. Pero la izquierda confunde Estado regulado con Estado productor y de ahí a la crisis es cuestión de poco tiempo.

La elección presidencial del 2012 se ha negado a discutir en serio la crisis; todo se agota en dardos inofensivos entre candidatos o discursos amorosos de distracción de incapacidades ideológicas. El tema central debería ser la política económica y el modelo de desarrollo; lo demás es sólo pérdida de tiempo político.

 

www.grupotransición.com

carlosramirezh@hotmail.com

 

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