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Domingo 4 de marzo de 2012

+ IFE: exceso de autoritarismo

+ Crisis económica sin ideas

 

Más que una decisión que tuviera que ver con el orden en los procesos electorales, la veda de actividades político-electorales del 16 de febrero al 29 de marzo fue un castigo a la radio y la televisión por su papel en las elecciones presidenciales del 2006. Sin embargo, el problema ocurrió cuando los spots en  medios electrónicos eran pagados por los propios partidos, en tanto que hoy la propaganda en radio y TV es controlada por el Instituto Federal Electoral.

La decisión de la veda electrónica ha sido mal configurada por el IFE: mezcla confusión con mala concepción de los medios de comunicación. El acuerdo del Instituto del 15 de febrero ordena que el periodo de silencio electoral “no es un periodo de competencia comicial”, pero ocurre cuando ya han sido registrados los candidatos presidenciales.

El error de tiempos del IFE radicó en la conformación de los tiempos electorales, porque dejó un enorme espacio vacío entre el final del periodo de registro y el inicio de la campaña. El problema hubiera sido menor si se hubiera retrasado el periodo de designación de candidatos y de su registro en el Instituto, para evitar mes y medio de vacío.

De todos modos, el IFE reglamentó la reforma electoral del 2007 en materia de precampañas pero en el entendido de que los señalamientos de aquella reforma se referían al uso de medios electrónicos: los partidos fueron prohibidos a contratar directamente tiempos y las campañas en radio y televisión se haría a través de spots administrados por el propio Instituto. El criterio oficial, de acuerdo con la ficha informativa del propio IFE, fue el de evitar la exposición inequitativa en medios electrónicos.

En el fondo, el Código electoral pudiera considerarse como el origen de las confusiones por la forma confusa en que dividió los periodos electorales. Y la intención ha sido el exceso de autoritarismo del IFE en el control de procesos dinámicos dentro de cada partido para seleccionar a los candidatos a cargos de elección popular. Ahí es donde el IFE se ha transformado en un padre autoritario que utiliza la represión para imponer orden en procesos determinados por la lógica del desorden.

En sus lineamientos de la madrugada del 15 de febrero, el IFE definió actividades de los partidos para el periodo de intercampañas --entre la definición de candidatos y el inicio de los noventa días de campaña formal-- que no siempre existe. El IFE asumió --aunque a partir de la afirmación de que “se deduce del Código” electoral-- que por obligación los partidos deben dedicar los cuarenta y cinco días de veda electoral “para el registro de las plataformas electorales, resolver las controversias internas de los partidos y fiscalizar recursos de precampañas”.

Sin embargo, de hecho los partidos ya resolvieron esas tres tareas que el IFE le ordenó a loa partidos que atendieran en los cuarenta y cinco días de veda electoral. En realidad las tres tareas “asignadas” por el IFE no necesariamente existen, por lo que los partidos se quejan  más bien de una intención del IFE para paralizar actividades. De ahí que se vea a tres candidatos ya consolidados, partidos friccionados en actividades de posicionamiento entre el electorado y ningún problema que amerite los cuarenta y cinco días de veda.

En todo caso, existen en los partidos ciertas suspicacias sobre los beneficiarios de la veda electoral: ¿a quién o a quienes ayuda la veda o a quién o a quienes afecta? Los primeros indicios señalan que el más afectado por la veda es el candidato presidencial del PRI porque su ventaja puede diluirse en una falta de exposición mediática, con lo que saldrían beneficiados los candidatos del PRD y del PAN. Y si a ello se agregan las posibilidades de que se den polémicas inducidas por instancias de efecto mediático alto --como la declaración del presidente Calderón ante consejeros de Banamex sobre el crecimiento electoral de la candidata presidencial del PAN--, entonces resulta que de suyo hay una circunstancia de inequidad electoral para uno de los tres candidatos.

Lo absurdo de la decisión del IFE radica en el hecho de crear un vacío de movilización política pública entre el proceso tan movido de selección de candidato presidencial y el arranque formal de la campaña; es como tratar de frenar bruscamente a un tren a alta velocidad, y luego dejas que vuelva luego ese tren adquiera nueva velocidad. Los candidatos del PRD y del PAN deben estar agradecidos con el IFE porque el candidato presidencial del PRI de hecho terminó su exposición mediática a mediados de febrero y porque dejó de tener todo el espacio de televisión que le había dado Televisa en los últimos cuatro años.

Lo peor de todo es que los propios candidatos quedaron inmovilizados, a pesar de que el acuerdo del IFE no prohibió la posibilidad de que den declaraciones y entrevistas de prensa en las que simplemente no convoquen a votar. Los tres candidatos presidenciales han preferido el silencio a la utilización de los resquicios del IFE. Al final, la veda del IFE de actos proselitistas y de uso de radio y televisión ha contribuido a enfriar la dinámica del proceso electoral y a disminuir el ánimo de participación de los ciudadanos a las elecciones, cuando en realidad la función del IFE es la de potenciar la participación electoral.

El error de cálculo del IFE fue en la definición del calendario electoral: los estrategas del Instituto supusieron que habría muchos problemas de los partidos que resolver antes de las elecciones, aunque en el inconciente colectivo comienza a consolidarse la percepción de que más bien se trató de ayudar al candidato presidencial más rezagado, el del PRD, cuyo partido recibió como cuota de poder la designación del actual consejero presidente del Instituto. Sin exposición mediática ahora y menos durante la campaña, los espacios del candidato presidencial del PRI serán menores.

 

CRISIS ECONÓMICA: ¿AHORA POR DÓNDE?

 

Grecia y España ilustran la peor crisis de paradigmas del pensamiento económico y de las expectativas políticas: gobiernos de izquierda provocaron la peor debacle financiera y permitieron el ascenso al poder de la derecha, pero ahora protestan por las políticas fondomonetaristas iniciadas por ellos mismos.

Pero el problema real no es el prorrateo de las culpas y de las responsabilidades sino las evidencias de que el mundo ha perdido las expectativas. Los parlamentarios de izquierda utilizan su derecho al pataleo en contra de los programas de ajuste neoliberal pero al final de cuentas han tenido que aprobar la aplicación de las recetas del Fondo Monetario Internacional.

La gravedad del problema radica en la dramática realidad de que el mundo se quedó sin pensamiento de izquierda; aunque, en realidad, los gobiernos de izquierda no aplicaron el pensamiento económico marxista --que no leninista-- sino que se agotaron en medidas vulgares de tipo populista: aumentar el gasto sin una sana política de ingresos, lo que provocó enormes déficit presupuestales, éstos se cubrieron con deuda y los gobiernos se declararon en una moratoria informal por falta de fondos.

La verdadera política económica de izquierda es la que modifica las estructuras de distribución de la riqueza; pero para no incomodar a las clases altas, los gobiernos de izquierda se conformaron con atender sólo a los marginados con programas asistencialistas incapaces de multiplicar la riqueza. La forma de salir de la crisis es, obviamente, de derecha: bajar el crecimiento económico, disminuir el gasto social, controlar los salarios, frenar la inflación por el lado de la demanda y obligar a las economías oficiales a generar excedentes suficientes para pagar primero a los bancos que atender las demandas de los pobres.

La crisis del pensamiento de izquierda --o quizá sólo progresista-- no debe acreditarse a la derecha sino a los propios economistas de izquierda. Economistas como Paul Krugman siguen defendiendo el aumento del gasto público como detonador de una reactivación económica, pero resulta que el nuevo gasto no se destinado a reanimar la demanda sino a salvar a las corporaciones financieras que fueron responsables del colapso.

El capitalismo entró en otra fase de crisis general, pero ahora la izquierda no sólo carece de resultados como gobierno sino que aparece como responsable de la crisis y sus propuestas son causantes de los tropiezos. El problema radica en que la izquierda económica tiene miedo de regresar a Marx, pero sin entender que el Marx economista encontró el motor de la economía y las crisis y reveló las razones por las cuales el capitalismo siempre estará condenado a crisis que a su vez generan más pobreza. El marxismo económico nada tiene que ver con la URSS socialista, ni con Cuba, ni con Corea del Norte, ni con China, ni con Venezuela.

El pensamiento económico de la izquierda se agota en el neopopulismo asistencialista que necesita de presupuestos sin límite y que inevitablemente desemboca en colapsos financieros que facilitan el regreso de la derecha al poder. España y Grecia son ahora mismo laboratorios del fracaso de la izquierda en el poder, aunque hay que aclarar que se trata de la izquierda neopopulista, una especie de izquierda echeverrista o lopezobradorista.

 

www.grupotransición.com

carlosramirezh@hotmail.com

 

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