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Miércoles 28 de marzo de 2012

+ Bartlett va por PRI-PRD-PT

+ Y por fórmula y plurinominal

 

Al final, Manuel Bartlett Díaz ha logrado dibujar la penuria política de los partidos, la debacle del pensamiento de izquierda y lo kafkiano del sistema electoral.

Sin renunciar al PRI y por tanto representando la ideología del tricolor, el responsable del fraude contra Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 y contra el PAN en Huejotzingo en 1996 ya fue registrado como candidato a senador por Puebla como primera fórmula por la alianza PRD-PT-MC y Morena sin registro y el Partido del Trabajo --inventado por los hermanos Salinas de Gortari-- lo colocó en el primer lugar de la lista plurinominal a la cámara alta.

Lo significativo del asunto fue que la autodenominada “izquierda” PRD-PT-AMLO ha convertido a Bartlett en la tipología del político de “izquierda”. Pero en el fondo, Bartlett ha resultado beneficiado de la política oportunista de grupos y sectores, de la falta de una ideología seria del lopezobradorismo y de la inmoralidad histórica del PRD.

El mensaje de la incorporación de Bartlett a la autodenominada “izquierda” mexicana no es sino parte del proceso de priízación del socialismo y comunismo mexicanos; desde la Corriente Democrática de Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo hasta Bartlett, el PRD ha ido aniquilando el pensamiento materialista de izquierda para convertir al PRD y partidos afines en una sucursal de priístas renegados a la caza de una curul.

El simbolismo lo representa Bartlett: ya a dicho a los cuatro vientos que es candidato de la “izquierda” y ha reiterado, después de su registro ante las autoridades electorales, que no ha renunciado al PRI ni lo va a hacer; por tanto, Bartlett ilustraría la confusión ideológica que padece el PRD y la alianza lopezobradorista porque Bartlett sería en primer candidato priísta del PRD-PT-MC-Morena y la “izquierda”. La señal es inequívoca: el PRD y López Obrador son… priístas de corazón, in péctore y de ninguna manera representan la posición, el pensamiento y la ideología de la verdadera izquierda.

Porque la historia de Bartlett es, efectivamente, priísta. Bartlett dice que no se salió del PRI en 1987 con la Corriente Democrática de Cárdenas porque quería dar la lucha desde dentro. El acierto político de Cárdenas en 1987 fue haber señalado con claridad el fin del PRI histórico, el de la Revolución Mexicana, y su salto al neoliberalismo. Cárdenas y López Obrador se salieron del PRI para buscar un camino fuera del PRI y Bartlett tardó nada menos que veinticinco años, un cuarto de siglo, en percatarse que el PRI se había derechizado.

Sólo que el de Bartlett no fue un viaje a su Estación de Finlandia sino que buscó la purificación de sus pecados con López Obrador cuando el PRI le negó la candidatura. Por tanto, la decisión de Bartlett no fue ideológica sino oportunista: un cargo público. Y como sabe que no va a ganar las elecciones en urnas, logró que López Obrador lo impusiera como número uno en la lista plurinominal del Partido del Trabajo. Bartlett encontró finalmente su partido franquicia.

Bartlett dice que rompió con el priísmo en el 2000, aunque duró como senador priísta hasta el 2006. Argumenta que se alejó del PRI por el neoliberalismo, aunque el verdadero ciclo neoliberal del PRI corrió de 1982 al 2000 y en ese periodo Bartlett fue nada menos que secretario de Gobernación de Miguel de la Madrid, el cancerbero político que operó la mano dura represiva para que De la Madrid y su operador económico Carlos Salinas de Gortari impusieran en neoliberalismo en el PRI. Peor aún: Bartlett manejó la elección fraudulenta de 1988 para entronizar a Salinas en la presidencia como el continuador del neoliberalismo, mientras que Cárdenas representaba el regreso del PRI al camino de la Revolución Mexicana.

En 1987 Cárdenas desnudó la maniobra de De la Madrid para reforzar el neoliberalismo con la candidatura de Salinas… y Bartlett nada hizo ni nada dijo porque quería ser el beneficiario del dedazo presidencial que favoreció a Salinas. Al aceptar las reglas sucesorias del PRI, Bartlett confirmó su alianza con el grupo político que fundó el neoliberalismo en México. Para que no hubiera dudas, Bartlett fue secretario de Educación del gabinete de Salinas y luego fue gobernador por la operación política de Joseph-Marie Córdoba Montoya, el arquitecto del programa económico de Salinas y con ello se hizo cómplice de los más de 500 perredistas asesinados en el salinismo y de la consolidación del neoliberalismo económico.

Como miembro de los equipos del primer círculo del poder de De la Madrid y Salinas, Bartlett fue aval de lo que denunció en 1988 el candidato del PAN a la presidencia de la república, Manuel J. Clouthier: que Salinas y De la Madrid le habían robado el programa económico al PAN; y durante el gobierno de Salinas y la profundización del neoliberalismo panista, Bartlett nada dijo en contra; al contrario, buscó beneficios del salinismo: Bartlett calló ante las privatizaciones de empresas propiedad de la nación, bajó la cabeza cuando Salinas legalizó a la iglesia católica conservadora y miró hacia otro lado cuando Salinas privatizó el ejido.

Por tanto, las críticas de Bartlett hoy a la neoliberalización del PRI son, en el mejor de los casos, tardías; pero una curul de lentejas perredistas lo ha llevado a jugar el papel de traidor al PRI en el que sigue militando aún como candidato de López Obrador y el PT al Senado. Pero Bartlett nunca va a borrar su verdadero rostro: el guardián represor del neoliberalismo de De la Madrid y responsable directo del encumbramiento en el poder del neoliberalismo presidencial de Salinas.

La victoria de Bartlett no ha sido menor: por obra y gracia de López Obrador, Bartlett le dio imagen y esencia a la “izquierda” mexicana y confirmó lo escrito por José Revueltas en los sesenta en su crítica al Partido Comunista Mexicano: la izquierda padece una “locura brujular”. Decir izquierda en México es hoy referir a su nuevo símbolo: Manuel Bartlett Díaz.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

 

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