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Domingo 29 de abril de 2012

+ Diario político (3) Oaxaca

+ Pacto: caso de la Moncloa

 

Cuando en octubre del 2006 quiso encontrarle una salida la durísima crisis de Oaxaca, el entonces secretario de Gobernación, Carlos Abascal Carranza, convenció a todos los políticos y activistas involucrados a firman un pacto de gobernabilidad para avanzar hacia una solución. El punto de origen del acuerdo oaxaqueño fue el documento firmado en España como los Pactos de la Moncloa, dentro del proceso de la transición de España a la democracia.

Luego de la muerte de Franco, el proceso político seguido por el rey Juan Carlos I y el presidente del gobierno Adolfo Suárez se enfiló hacia la construcción de una democracia, saliendo del fin de la dictadura de Franco. Los tres pivotes de la transición española fueron: la ley de la reforma política para garantizar el voto libre devolviéndole la soberanía al pueblo, los Pactos de la Moncloa para las reformas de modernización dentro de la democracia y la Constitución para fundar dentro de la ley las nuevas reglas del juego institucional.

Los Pactos de la Moncloa, que se resumen en 75 cuartillas --texto íntegro en www.grupotransicion.com.mx--, fueron en realidad como quince pilas de textos de un metro cada uno. Adolfo Suárez juntó en un salón del Palacio de la Moncloa a los jefes de los grupos políticos, partidos y sectores productivos y les puso la tarea de definir los cambios que se necesitaban para convertir en realidad el ideal de la democracia. A lo largo de varios meses, las negociaciones fueron duras porque nadie daba su brazo a torcer.

El mecanismo fue la negociación: cada sector planteaba sus objetivos parciales que por sí mismo eran imposibles de aceptar, pero entonces el equipo de Suárez volvía la vista a los otros sectores y usaban la negociación más sencilla: ¿para aceptar, por ejemplo, lo que pedían los sindicatos, qué pedían a su vez los empresarios? La agenda de las negociaciones fue global: temas económicos, políticos, de libertades, de seguridad, educativos, internacionales. Suárez estaba comprometido a construir una nueva democracia pero necesitaba que cada sector aportara algunas cosas y cediera otras. El objetivo final era la democracia para el relanzamiento económico de España en una Europa que avanzaba rápidamente hacia la modernización.

Los negativos estaban dominando y apabullando el tránsito hacia la democracia: inflación, crecimiento bajo, protestas por el desempleo, protestas sociales en las calles, terrorismo de la ETA. España sabía que había que tener prisa en los cambios. La ley de la reforma política, del 4 de enero de 1977, había instalado la democracia en España, pero la crisis estaba tensando las relaciones sociales y todo podría irse por el caño del conflicto social: los sectores progresistas antifranquistas habían ganado las calles y los sectores franquistas no querían ceder el poder. La democracia en sí misma no era suficiente; España necesitaba el desarrollo para el empleo.

En 1977 y en tres tiempos, Suárez operó la consolidación de la democracia con el voto, encabezó la planilla que ganó las elecciones y le dio a España el primer gobierno electo democráticamente desde la guerra civil y firmó los Pactos de la Moncloa. En 1978 cerró la transición con la nueva Constitución.

Las negociaciones de los Pactos fueron tensas. Cada sector quería sacar la mayor ventaja y otorgar las menores concesiones. Las claves de los Pactos fueron justamente el mecanismo de la negociación conducida por Suárez y la consolidación de la democracia como objetivo de largo plazo. Peligrosamente España tenía que resolver tres demandas: la de la liquidación total de los franquistas, la de la lucha de clases en el sistema productivo y la movilización sin precedentes de los sindicatos --Comisiones Obreras por el Partido Comunista y la Unión General de Trabajadores por el Partido Socialista Obrero Español-- avasallando inclusive las nuevas reglas de la democracia.

La crisis económica iba a ser el detonador del colapso político: la inflación andaba en 25%, las demandas salariales se ajustan en manifestaciones callejeras, el crecimiento económico era bajo y la gente no estaba convencida de que la democracia fuera la solución a los problemas económicos y de conflicto de clases. De ahí la importancia de unos acuerdos que consolidaran la democracia con un sistema económico productivo.

La negociación de Suárez fue sencilla:

1.- Definió la lista de temas a negociar.

2.- Sentó a los protagonistas en pugna en cada tema.

3.- Le pidió a cada sector que definiera sus demandas.

4.- Luego cruzó demandas y detectó los puntos en conflicto.

5.- De ahí enfrentó las posiciones extremas: que pedía a cambio el sector obrero para aceptar el control salarial y qué pedía a cambio el sector empresarial para aumentar salarios.

6.- Al final, todos cedieron.

Como los documentos eran muchos, Suárez se reunió en el salón de la Moncloa ante las pilas de expedientes y preguntó qué hacer. El economista Ramón Tamames, del Partido comunista, le sugirió hacer un resumen. Suárez dijo que era una buena idea y le dio la tarea a Tamames y él designó a su representante, José Luis Leal. Los dos redujeron los Pactos a las 75 cuartillas que se conocen. Al recibir el resumen, Suárez preguntó, en una reunión con todos los representantes de los sectores, que si no sería bueno ponerle un título al resumen; el líder socialista Felipe González, que siempre regateó la construcción de la democracia que luego le benefició, sugirió el nombre de “Minuta”. Pero Tamames dijo que debería ser algo más fuertes porque representaba la voluntad de todos los sectores para alcanzar la modernización de España y su acceso al Primer Mundo. Tamames fue el que sugirió el nombre: “los Pactos de la Moncloa”.

Los Pactos rompieron los candados del viejo régimen franquista, reactivaron el sistema productivo, legalizaron las organizaciones sociales, le dieron ventajas productivas y de utilidades a los empresarios, repartieron el costo del crecimiento y el ajuste y crearon nuevas reglas judiciales para atenuar el conflicto de las protestas sociales que tanto criminalizaron los franquistas. De golpe, España se modernizó, ingresó a Europa y la izquierda del PSOE llegó al poder en 1982 y duró hasta 1996. Los Pactos de la Moncloa lograron el milagro de crear la sinergia entre la democracia y el nuevo sistema productivo. Inclusive, la salida de España de la crisis actual en que la sumió el socialista José Luis Rodríguez Zapatero se encuentra justamente en unos nuevos Pactos de la Moncloa.

La estrategia de Adolfo Suárez para convertir a los pactos en el camino de salida del franquismo y en una nueva etapa del desarrollo estuvo en la negociación:

1.- El presidente Suárez convocó a la negociación.

2.- Suárez definió los temas y los puntos en conflicto.

3.- Suárez negoció las concesiones entre los sectores en conflicto.

4.- Suárez garantizó el cumplimiento de los compromisos.

5.- Suárez aseguró que el camino estaba hacia adelante en la construcción de sistemas productivo, político y legal y no en el ajuste de cuentas con el pasado.

6.- Y Suárez operó casi personalmente las negociaciones.

El error de otros pactos ha consistido en definir una lista de temas y luego convocar a los sectores a firmarlos pero sin tener los mecanismos de legalidad en cuanto a su cumplimiento. Suárez supo sentar en una mesa de negociaciones a los sectores en conflicto en cada tema: por ejemplo, los trabajadores aceptaron el control salarial a cambio de una política fiscal abierta y redistributiva, obligando a concesiones entre trabajadores y empresarios.

Un pacto de gobernabilidad o de consolidación de la transición representa la aceptación de concesiones para la consecución de objetivos. La negociación personal de Suárez aseguró la victoria de los Pactos de la Moncloa.

 

www.grupotransición.com

carlosramirezh@hotmail.com

 

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