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Viernes 25 de mayo de 2012

+ Movimiento Ibero, reaccionario

+ Autogestión y universidad crítica

 

El 15 de mayo del 2011, miles de jóvenes españoles se indignaron contra la profundización de la crisis española por responsabilidad del gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero y su efecto electoral fue muy claro: la victoria de la derecha del Partido Popular en las autonómicas y presidenciales.

Hace unos días, el 15-M celebró su primer año de existencia sin tener ningún efecto en la vida política española.

Los indignados mexicanos encabezados por estudiantes de la Universidad Iberoamericana parecen una calca del movimiento español: la irritación contra… la realidad, pero sin ofrecer salidas. Algún analista español hizo el cálculo del efecto en la economía si los indignados hubieran creado empresas comunitarias o juveniles, en lugar de seguir a la espera de que Papa Gobierno saque al país de la crisis y les devuelva a los jóvenes el bienestar perdido.

El movimiento estudiantil de jóvenes de universidades privadas mexicanas es una muestra de la confusión de ideas políticas de la protesta: mucha gente para tan poca agenda del verdadero cambio social. En el fondo, la movilización de estudiantes de universidades privadas carece de contenido y refleja más bien la frustración por la crisis y el miedo al desempleo o subempleo. Por tanto, su protesta debiera enfocarse antes que otra cosa contra sus universidades, comenzando con sus planes de estudio y la carestía de sus propios estudios.

Los estudiantes de universidades privadas tienen ya determinados sus espacios de mercado de trabajo en función de las definiciones de sus programas de estudio: el ITAM prepara recursos humanos para el sector financiero del gobierno, la Ibero se orienta a la capacitación de personal ejecutivo de empresas privadas aunque sin llegar a la propiedad, el Tec de Monterrey entrena a los jóvenes para los negocios como propietarios o muy bien pagados CEO y la Anáhuac se mueve primero en la formación religiosa de ejecutivos empresariales.

Los movimientos estudiantiles en el mundo carecen de enfoque político racional. Los chilenos, encabezados por la carismática Camila Vallejo enarbola la bandera del Partido Comunista al que pertenece y exige educación gratuita para un mercado de trabajo empresarial; los de España plantean la huelga para impedir recortes en salarios y subsidios, pero sin entender que el PSOE dejó quebradas las finanzas públicas por el populismo y que la derecha quiere primero salvar a las empresas para mantener el empleo y no subsidiar al empleo sin posibilidades de oferta de trabajo.

De ahí que los indignados mexicanos que quieren convertir la minúscula plaza de la Estela de Luz en su Plaza del Sol basen su militancia en jóvenes de universidades privadas donde reciben preparación para la élite, es decir, para la dirección de empresas privadas, de empresas fuera del país y de posiciones altas de gobierno o la perpetuación de vicios del sistema capitalista para el cual son entrenados para mantener.

En el 68 mexicano, el movimiento estudiantil se movió entre la protesta antisistémica y, por iniciativa del escritor José Revueltas, la conformación de un nuevo modelo de educación; marxista al fin, Revueltas tuvo la certeza de que el cambio de estructuras sociales y productivas sólo podría hacerlo la clase obrera y los estudiantes --pese a su entusiasmo-- no iban a cambiar el mundo y por tanto le dio contenido realista a la protesta estudiantil con el objetivo de reformar el modelo de educación y buscar la autogestión universitaria y la universidad crítica, pero crítica hacia sí mismas para poder tener coherencia en la crítica hacia el sistema político.

Si la movilización de jóvenes de universidades privadas se agota --como parece ser-- en la protesta contra la política de control informativo de Televisa, entonces se trata de demasiada protesta para objetivos menores, más aún si muchos de sus profesores trabajan en programas de Televisa.

La verdadera lucha no ni el voto ni por la transformación de los subsistemas que pululan alrededor de vigente sistema político priísta; y entre ellos, ocupa un lugar primordial el subsistema educativo, sin duda una de las herencias del viejo PRI que diseñó la educación como un aparato de control político, ideológico y conductual de las masas, lo mismo en la educación pública que en la privada.

Lo malo para los jóvenes indignados mexicanos es que sobrevive funcionalmente el subsistema educativo en la educación priísta (UNAM), que en la perredista (UNAM y Universidad de la Ciudad e México) y en la privada (educación al servicio de la ideología política, social y financiera dominante). Y que el sistema político priísta que domina relaciones sociales, de producción y políticas es el que prohíja las deficiencias democráticas que no gustan; así, el modelo de televisión vigente no es responsabilidad de las televisoras sino del sistema político al que se encuentran articulados, y dentro del cual se localiza el subsistema educativo de adoctrinamiento de los jóvenes.

De poco servirá que se cumpla el “pliego petitorio” de política abierta de comunicación que exigen a gritos los jóvenes indignados de universidades privadas, si al final de cuentas la formación intelectual de los jóvenes se orienta a apuntalar el sistema dominante. Extraña que los jóvenes sigan cometiendo el error de concepción teórica de querer cambiar el mundo en el subsistema educativo, sin modificar el sistema ideológico de la dominación política. Por eso Revueltas hablaba que “la autogestión académica es, ante todo, una toma de conciencia” y señalaba que la verdadera revolución educativa y de conciencias era la desenajenación vía la modificación de los programas de estudio y de los mecanismos de propiedad de los centros educativos.

Si deveras los indignados quieren cambiar el papel de los jóvenes, deben comenzar por sus programas académicos y por la estructura de propiedad de las universidades privadas.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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