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Jueves 7 de junio de 2012

+ #YoSoy132: el vacío político

+ No hay pensamiento crítico

 

A la memoria de Juan José Bravo Monroy,

amigo fiel, generoso, periodista de primera

 

Nacido del enojo, formado por una amalgama babélica de jóvenes con posiciones sociales polarizadas y con el peso de Tlatelolco 68 y del halconazo 71, el Movimiento 132 fracasó en la elaboración de un discurso político y no alcanzó siquiera a cercarse a los perfiles de un pensamiento crítico.

El gran debate el martes en el territorio priísta-perredista de Ciudad Universitaria de la UNAM se extravió en el asambleísmo y de nueva cuenta el 132 se escabulló de una toma de posición frente a la realidad del país. Su fraseo político se vio otra vez viejo, demagógico, repetitivo; pero sobre todo, los estudiantes de nivel superior que se preparan para irrumpir en la realidad y en el mercado laboral evidenciaron no tener una distancia crítica del México en disputa.

El escenario de corto plazo es bastante obvio: será un movimiento estudiantil anti Peña Nieto y por tanto pro López Obrador. Lo paradójico de la realidad que los envuelve es que no fueron al fondo de la crítica: el problema no es Peña Nieto sino el modelo sociopolítico y económico del PRI que representa el PRI del candidato presidencial y que reproduce en su versión neopopulista la coalición de López Obrador y en el enfoque similar del PAN.

Al 132 le falta un diagnóstico de la crisis, una revisión crítica del modelo de desarrollo que está produciendo egresados universitarios para el desempleo o el subempleo y una agenda de debate sobre el futuro de México para las próximas tres generaciones. Algunas de sus protestas revelan la incapacidad para entender la realidad: por ejemplo, a la candidata panista Josefina Vázquez Mota le exigieron que no hubiera ni un periodista muerto más cuando el tema central no radica en defender a los periodistas que han muerto o han sido lastimados por cumplir con su función de publicar sino en que existan sectores sociales que denuncien por nombre y apellido a los funcionarios y políticos responsables de las muertes o señalen a los jefes de los cárteles de la droga que han ordenado la muerte de comunicadores; ¿en algún momento los estudiantes van a encarar a los capos criminales?

Salidos de una realidad en crisis generacional y de modelo de desarrollo neoliberal, el movimiento 132 de estudiantes de universidades públicas y privadas eludió analizar la realidad y redujo su protesta a Peña Nieto pero sin cuestionar el modelo político del PRI, el fracaso de la alternancia con un Vicente Fox hoy orgullosamente priísta –falta decidir si será alacrán, alimaña, sanguijuela, tepocata o víbora prieta– y la política económica salinista que por cierto prevalece como programa académico en la Iberoamericana, el ITAM y el Tec de Monterrey.

El otro error estratégico del 132 es suponer que la televisión privada está imponiendo a Peña Nieto como candidato cuando en realidad su viabilidad ha sido fruto de la incapacidad del PAN para instrumentar una alternativa de desarrollo desde el poder y del modelo de nación que representa el PRI, por lo que el adversario debiera ser el pensamiento económico priísta-perredista del regreso del Estado populista; es decir, que el verdadero problema de país es la ausencia de un nuevo modelo de desarrollo con su correlativo sistema productivo y sus correspondientes correlaciones de fuerzas sociales.

En este contexto, el movimiento 132 de estudiantes de universidades privadas y públicas es una protesta conservadora y evasiva e irónicamente producto de la cultura de la televisión porque confunden imagen con estructura productiva. El precario discurso político de los estudiantes refleja que conocen la realidad del país a través de la pantalla de la televisión y no del conocimiento de las contradicciones sociales y de clase. Sin embargo, desde 1958 José Revueltas afirmó que la única fuerza capaz de disputarle concurrencia política-electoral a la clase dominante es la concurrencia económica y productiva.

Las dos reuniones en CU del babélico 132 revelaron la incapacidad de organización para poner orden en el corto plazo a la protesta y la decisión sólo de convertirse en un movimiento anti Peña Nieto, nada más, sólo eso, apenas un punto, un sólo punto. Eso sí, se vieron bravos y decididos en hacer vigilia en el IFE el día de las elecciones para evitar un fraude electoral, cayendo en el garlito del discurso del conflicto poselectoral de López Obrador.

En el fondo, el movimiento 132 de estudiantes de universidades privadas y públicas sería la última expresión de la vieja república priísta que finca las esperanzas en el Estado. Y como parece indicar, los estudiantes de instituciones públicas y privadas se van a negar a discutir sus programas de estudio que los preparan para servir al modelo de desarrollo que repudian en Peña Nieto aunque alaban en el mismo modelo propuesto por López Obrador.

Eso sí, el movimiento 132 se ha convertido en un catalizador de justificaciones morales de sectores sociales e intelectuales críticos o acríticos que echan por delante a los jóvenes pero que no articulan un pensamiento crítico conjunto o un discurso político articulador. Hoy apoyar al 132 ayuda a tranquilizar las conciencias y a adquirir indulgencias para justificar acriticismos o arterioesclerosis intelectual.

La única posibilidad que tiene el movimiento 132 de ser realmente útil es la de diseñar una agenda para la transición del viejo régimen priísta –cuya permanencia se localiza en las propuestas presidenciales del PRI, el PAN y el PRD–  a una república con mejores posibilidades de desarrollo económico, democracia sin corporativismos y menor pobreza. A menos que su meta sea ser un grupo de presión callejero como el CNTE magisterial o el SME y sus propuestas no salgan de la pantalla de la televisión. Para el 132 el mundo termina en un segundo debate de candidatos “con los jóvenes”. Ni más ni menos.

 

www.grupotransicion.com.mx

carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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