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Jueves 21 de junio de 2012

+ Europa 2012: México 77, 82 y 94

+ Ni Friedman ni Keynes los salvan

 

Cuando estalló la severa crisis de 2008 por el fraude de empresas financieras en la especulación, el Fondo Monetario Internacional revivió a Keynes y aprobó la medida coyuntural de aumentar el gasto público como una forma de adelantársele a la depresión. El remedio salió peor que la enfermedad: aumentó la deuda y se convirtió en otro problema.

Cuando estalló la crisis de la deuda externa en los setenta en América Latina porque los gobiernos prefirieron pedir prestado que cobrar más impuestos, el Fondo Monetario Internacional volteó hacia la Universidad de Chicago y se encontró con Milton Friedman y su doctrina neoliberal: la culpa de las crisis la tenía el gasto público. Por tanto, su receta fue la estabilización macroeconómica, la privatización de las economías públicas y el control de la inflación por el lado de la demanda.

El problema de la larga crisis 2008-2012 radica en que los gobernantes son rehenes de economistas muertos. La crisis del pensamiento económico tiene a los países atrapados en la dialéctica Friedman-Keynes: o más ajustes macroeconómicos que profundicen la recesión y estabilicen la economía para volver a crecer paulatinamente dentro de un par de años o darse gusto con el gasto público para que se convierta en demanda y la economía se reactive a costa de más crisis.

La reunión del grupo de los 20 en Los Cabos fue una ronda de los desconcertados. El fondo de 456 mil millones no es más que una cartera para rescates de países o bancos en problemas; es decir, los líderes del mundo sólo pudieron discutir cómo atenuar el efecto negativo de la crisis. Pero como el dinosaurio de Monterroso, cuando las sociedades despierten la crisis aún seguirá ahí. Lo que los gobernantes no quieren --o no pueden-- discutir es el fracaso de las políticas de desarrollo, o el fracaso de las conducciones políticas de los gobernantes. España, por ejemplo, paga la parranda de gasto del socialismo de José Luis Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy tiene que aplicar un severo plan de ajuste y los socialistas son los primeros en condenarlo. En Grecia pasó lo mismo, o peor: el gobierno conservador de Karamanlis en el 2007 emitió deuda pública para financiar el déficit y luego falsificó los datos económicos; hoy el pueblo griego sabe que tiene que pagar con pobreza el error de sus gobernantes.

México ya pasó por esa etapa: en el periodo 1970-1982 hubo una borrachera de gasto y de deuda hasta que no hubo de dónde pagar y el FMI impuso programas de ajuste neoliberal. De 1982 a 1989 se aplicó el recetario del FMI a costa del bienestar y la economía se estabilizó pero multiplicando el número de pobres. Sin cambiar el modelo de desarrollo ni el Estado priísta, hoy México es una estructura productiva que apenas puede darle bienestar al 45% de sus habitantes. Eso sí, la inflación es baja porque se controla --Friedman dixit-- por el lado de la demanda, de los salarios, con pobreza. Este es el camino que le esperan a Grecia, Italia, Portugal, España y --sorpresa-- los EU porque Obama resultó más populista que Hugo Chávez y Echeverría… juntos. La deuda de los EU es de 15.5 trillones de dólares, más lo que se acumule esta semana.

Los centros del poder económico no están en los países sino en la troika de la dominación hegemónica: el FMI, los bancos centrales y Wall Street. La España de Zapatero, como México con Salinas, vendió bonos basura y hoy el sistema financiero internacional tiene que comprar esa basura para aliviar deudas porque los bancos no pueden quebrar. Obama, ante la crisis de 2008 heredada de Bush, se preocupó por salvar a las corporaciones; por eso es que el desempleo crece y la pobreza se multiplica en los EU.

El problema de la crisis recesiva se puede resumir en pocas palabras: el sistema financiero internacional fundado en Bretton Woods en 1944 ya no funciona; el FMI sólo sabe el caminito de la recesión y los países afectados sólo quieren gastar más presupuesto público sin reorganización de sus finanzas públicas. Todos quieren ganar y nadie quiere pagar la factura. El capitalismo productivo se transformó en la economía casino. El eje de la economía no está en las empresas sino en las financieras especulativas que venden expectativas y papeles basuras, como la Bolsa en 1929 o como los Tesobonos mexicanos en 1994-1995.

Los gobernantes de las potencias mundiales carecen de liderazgo para convocar a una ronda de conversaciones para fundar un nuevo capitalismo; para ello hace falta un nuevo pensamiento crítico que vaya mucho más allá de Keynes y que supere la doctrina de Friedman. La profundidad de la crisis económica del largo periodo 2008-2012 es producto de la crisis en la reflexión económica. El problema es que los líderes mundiales quieren tapar hoyos --la versión pedestre de Keynes-- y no resolver la parte estructural de la crisis: el modo de producción capitalista que superó la apropiación de la riqueza vía utilidades para llegar a la multiplicación de las expectativas de riqueza con los mercados especulativos financieros.

El G-20 no se atrevió a regular de nueva cuenta a los mercados financieros y bancarios y sólo rescatará las corporaciones en problemas para que puedan regresar a la especulación del capitalismo casino. La desregulación financiera hecha por Clinton y Bush llevó a las corporaciones a especular con papeles basura. El regreso a la regulación podría delimitar los espacios de la especulación para regresar a la economía productiva. La economía financiera-especulativa desbarrancó la economía productiva y privilegió el mercado de la ruleta bursátil.

El pensamiento económico y el recetario del FMI sólo posponen los conflictos, se basan en la manipulación de las expectativas y se asientan en la esperanza de que a la larga las crisis se auto controlan. Pero también ya lo dijo Keynes: a la larga, todos estaremos muertos.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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