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Jueves 28 de junio de 2012

+ Fox, record Guinness por PRI

+ Y PAN: poder sin alternancia

 

Hoy se cumplen dos años del artero crimen del

tamaulipeco Rodolfo Torre Cantú, cuya memoria sigue viva

 

El rasgo más significativo del cierre de las elecciones presidenciales del 2012 es simbólico: el panista que logró derrotar al PRI en el 2000 y se comprometió a sacarlo de Los Pinos ahora aparece como el panista que más promueve el regreso del PRI a Los Pinos.

El verdadero récord de Guinness de Vicente Fox no será haber sido el presidente de la alternancia panista en la presidencia de la república en el 2000 sino el presidente que impulsó la restauración del PR para el 2012. Fox sería el primer político de un partido que pidió el voto de sus partidarios en favor del partido al que derrotó en elecciones presidenciales anteriores.

Y el dato más revelador de la recta final de las elecciones presidenciales radica en la corresponsabilidad de Fox y el PAN de no saber construir una alternativa al proyecto político del PRI en doce años: el regreso del PRI a la presidencia de la república estaría escrito desde hace doce años con la decisión del PRI de colaborar con el PRI --y no al revés-- en el primer sexenio de la alternancia y desde hace cuatro años con las primeras encuestas a favor de Enrique Peña Nieto y del PRI, sin que el PAN ni los panistas hicieran algo para presentar una opción de proyecto político alternativo.

El PAN desaprovechó la oportunidad del 2006: el verdadero problema de entonces no fue López Obrador y su línea de insurrección nacional al negarse a reconocer las cifras oficiales del IFE y del TRIFE, sino eludir el hecho de que el PRI estaba tirado en la lona con apenas el 22.6% del voto presidencial, en una caída a plomo desde 1982: luego del 98% de votos de López Portillo en 1976, el PRI pasó a 70.9% con Miguel de la Madrid, 50.7% con Carlos Salinas de Gortari, 48.7% con Ernesto Zedillo y 36.1% con Francisco Labastida Ochoa.

Las tres herencias malditas del PRI estallaron en colapso electoral en el 2000: la corrupción, la represión y la pobreza. La voluntad de cambio de la sociedad mexicana mandó un mensaje claro: la alternancia por la derecha y no por la izquierda. Ese capital político fue el que recogió Fox al tomar posesión de la presidencia de la república, pero lo dilapidó cuando careció de pensamiento estratégico, nunca fue figura de estadista y prefirió el poder hedonista.

El posible regreso del PRI a la presidencia de la república se incubó en el sexenio de Fox. No sin cierta ironía lo recordó Peña Nieto ayer miércoles en una entrevista publicada en El Universal que reafirma el papel de Fox en el primer gobierno de la alternancia: “el PRI nunca se fue”. Y no se fue porque Fox prefirió pactar con el PRI su sexenio sin problemas, a cambio de seguir manteniendo al PRI en las decisiones presidenciales en Los Pinos.

La frase de Peña Nieto explica el papel de Fox como promotor de votos a favor no del candidato Peña Nieto sino del PRI: al final de cuentas, Fox estaría en la lógica de darle continuidad al sexenio priísta-panista 2000-2006 que a defender su récord de haber terminado el ciclo de setenta y un años de dominio presidencial priísta. Como un acto político superior borra a uno inferior, ahora Fox no será recordado como el panista que sacó al PRI de los Pinos, sino como el que regresó el PRI a Los Pinos, una imagen de sus propias confusiones políticas.

El escenario electoral que prefigura el domingo representa todo un desafío para el análisis político: la crisis, el salgo negativo y un presidente que mantuvo la “sana distancia” de su partido llevó al PRI a la pérdida de la presidencia de la república; pero el PAN tuvo doce largos años para construir una verdadera alternancia en tres puntos: liderazgo político, partido con fuerza electoral y proyecto político nacional; sin embargo, es obvio que fracasó.

El escenario del regreso del PRI a la presidencia fue posible por tres circunstancias: aliarse al PAN ante la intransigencia perredista, consolidar su estructura electoral y política a pesar de perder gobiernos estatales y capitalizar la imagen mediática de uno de sus cuadros más más visibles. El PRD cometió el error estratégico de no establecer una alianza con el PAN y el PAN le dejó la conducción política a Fox en el sexenio 2000-2006 y luego Calderón le dio más prioridad a la estrategia contra la seguridad; los dos sexenios panistas en realidad no hicieron política confiados en el supuesto sentimiento antipriísta del 2000.

El PAN y el PRD carecieron de un discurso político de alternancia, transición y cambio. Lo peor de todo fue que los candidatos de estos partidos desperdiciaron tiempo y oportunidades para recuperar el espíritu de la alternancia. Los electores los vieron como partidos aislados, ineficaces en resultados y dominados por argumentos ajenos al poder. Al final quedó la apreciación atribuida a Luis Javier Garrido de que “en México todos somos priístas hasta demostrar lo contrario”. En doce años la sociedad nunca vio una oferta real de alternancia y la tendencia a favor del PRI no fue sino la expresión de que PRD y PAN se habrían estancado en una política priísta sin PRI.

De ahí que el proceso electoral del 2012 deba ser también analizado como parte de una continuidad política que el PAN y el PRD no rompieron en el 2000 y que tampoco pudieron quebrar en el 2006. El PRI ha demostrado ser un partido de poder, no de discursos o caudillismos; mantuvo el control de su partido a pesar de haber quedado en tercer lugar en el Senado en el 2006 y logró una recuperación sustancial en las legislativas del 2009. La versión del candidato mediático ignora que el PRI sí hizo su tarea en tanto que PAN y PRD se quedaron dormidos como la liebre del cuento de la tortuga.

Por tanto, en una paráfrasis de lo que dijo Reyes Heroles en 1978 respecto a que la derechización de un régimen es culpa de la izquierda, la consolidación del PRI ha sido responsabilidad histórica del PAN y del PRD.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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