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Jueves 12 de julio de 2012

+ AMLO: ganar-ganar, no competir

+ Bartlett como símbolo de la derrota

 

Con la autoridad moral que le da el haber impuesto a Manuel Bartlett Díaz como candidato del PRD-PT-Movimiento Ciudadano-Morena al senado, Andrés Manuel López Obrador comenzará hoy su largo y agotador camino hacia la relección como presidente legítimo y la candidatura presidencial del 2018.

El simbolismo de Bartlett no podía acomodarse mejor para entender la lógica de los estilos político-electorales de López Obrador, el candidato del PRD dos veces derrotado en las urnas a la presidencia de la república. Una defensa apasionada, diríase que religiosa, del derecho a la libertad de voto, pero de la mano de personajes que marcaron la historia electoral del país con conflictos como el fraude de 1988 cuando Bartlett fue el presidente de la Comisión Federal Electoral.

El contrapunto entre Puebla y la elección nacional ilustra las contradicciones de la lucha de López Obrador. Lo satírico del asunto radica en el hecho de que en Puebla durmieron al velador. El candidato lopezobradorista Bartlett Díaz denunció públicamente que le hicieron un fraude electoral… exactamente igual al que él operó en 1988 contra Cuauhtémoc Cárdenas para beneficiar a Carlos Salinas de Gortari, quien de premio lo enviaría por dedazo, vía la aduana de Joseph-Marie Córdoba Montoya, de gobernador a Puebla.

En su artículo en El Universal la semana pasada, Bartlett denunció, en un texto que rezuma indignación e ingenuidad senil, que el fraude en su contra se hizo en las computadoras, igual a la caída del sistema de cómputo en 1988 que permitió el acomodo de votos a favor de su candidato Salinas. Si en política el que no la hace la paga, el que sí la hace la paga aún más caro. El párrafo de Bartlett debe ir enmarcado en el muro del humorismo involuntario político tipo Juan Orol:

“En Puebla, al final de la votación, se hicieron públicas encuestas de salida y encuestas acreditadas, que daban el triunfo de AMLO a la Presidencia, el mío al Senado y de diputados de izquierda en los cuatro distritos de la ciudad de Puebla, Cholula y otros. Al iniciarse la publicación del PREP vía electrónica, a las 12:00 AM, se me mantuvo en primer lugar, pero al término, en la madrugada, mediante inexplicable voltereta, se me colocó debajo de la candidata del PRI y 20 mil votos debajo del candidato del PAN, que se había reconocido en tercer lugar desde una semana antes; desaparecieron también todos los triunfos acreditados por encuestas, de antemano, a diputados de la izquierda, apareciendo sin sustento triunfos de PAN, y PRI. Fraude tan evidente que comentaristas acreditados lo reconocen, e incluso la mayoría de la opinión pública estupefacta.”

La denuncia de Bartlett contra el Instituto Estatal Electoral es la misma que hicieron en 1988 “comentaristas acreditados” e incluso “la mayoría de la opinión pública” contra la “voltereta” que dieron las cifras oficiales cuando Bartlett era presidente de la Comisión Federal Electoral y de pronto “desaparecieron” votos a favor de Cárdenas. Sólo que en este 2012, a diferencia de 1988, el único estupefacto fue el propio candidato derrotado en las urnas con el voto libre y no  la opinión pública ni la maniobra electoral en las computadoras.

Lo simpático del asunto es que el Bartlett que se dice víctima del fraude electoral, es el mismo Bartlett que seguirá cargando el fraude de 1988 y el fraude en el municipio de Huejotzingo cuando era gobernador y las autoridades electorales le echaron abajo el triunfo priísta.

Eso sí, Bartlett será un ejemplo más de las perversidades de la política a la mexicana: fue colocado por el voto libre de los ciudadanos en el tercer sitio y por tanto sin derecho a tener una curul por elección popular, pero el dedazo de López Obrador --sí, el hoy apóstol de la democracia-- lo llevará al Senado porque Bartlett jugó en el número uno de la lista plurinominal del exsalinista y hoy lopezobradorista PT y tendrá su curul. Lo bizarro de la política electoral mexicana permitirá que un candidato derrotado en las urnas pueda tener su lugar por la vía del dedazo. Y para mayor confusión en las perversidades políticas, Bartlett será senador del PT por designación de López Obrador pero sin renunciar a su militancia priísta.

Por lo pronto, Bartlett no se ha sumado a la demanda de López Obrador de anular o invalidar las elecciones del pasado primero de julio. Candidatos ganadores del PRD, PT y MC, así como algunos liderazgos perredistas forjados al calor del lopezobradorismo, también se han alejado de la intención de López Obrador de anular la elección presidencial aunque no las federales de senadores y diputados ni las locales de gobernador y jefe de gobierno.

Por cierto, el fraude operado por Bartlett en 1988 también afectó a López Obrador, quien compitió ese año como candidato a gobernador por el Frente Democrático Nacional de Cárdenas y sacó apenas 20% de los votos, contra 78% del candidato priísta. Como secretario de Gobernación del gobierno de Miguel de la Madrid, Bartlett fue responsable del proceso electoral federal y de los estatales.

Lo que viene a partir de hoy jueves para López Obrador es la lucha mediática para ocultar su derrota y la manipulación de las hordas lopezobradoristas movilizadas como turbamultas en contra del proceso electoral institucional. Del fraude de Bartlett en 1988 al fraude contra  Bartlett en el 2012, el PAN, el PRD y aliados han fracasado en el diseño de un sistema electoral que evite la compra o la coacción del voto. La única posibilidad que tiene López Obrador de revertir el resultado es la presentación personal de cinco millones de personas que con nombre y apellido denuncien que sus votos fueron comprados.

Pero como las cosas no serán así, a López Obrador y a Bartlett no les queda más que ensuciar el proceso y presentarse como víctimas de su propia incompetencia electoral. Al final, todo sistema electoral está organizado para competir, no para ganar-ganar.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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