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Viernes 13 de julio de 2012

+ AMLO: ¿apóstol de la legalidad?

+ Y los pozos, plantones, registros

 

Si ha tomado “la vía pública de la constitucionalidad”, desde ahora está claro que no respetará los dictámenes legales de las autoridades electorales sobre el proceso electoral presidencial. Y que la violencia de sus fascios en calles y tiendas de autoservicio es apenas un adelanto de lo que ocurrirá los próximos seis años.

Autodeclarado apóstol de la legalidad porque va a defender su triunfo con la estructura jurídica vigente, de todos modos el principio jurídico que anima sus actos nada tiene que ver con la legalidad: cuando el problema del desafuero por haber violado un amparo, López Obrador dijo que sólo respetaría las leyes que él considerara justas.

Por tanto, a López Obrador se le puede aplicar aquella anécdota que Enrique Krauze encontró en sus indagaciones históricas y que se refería al estilo político de Porfirio Díaz: como le habían llegado versiones al presidente Manuel González, sucesor de Díaz, de que el oaxaqueño iba a regresar a la presidencia después de un periodo, el propio Díaz se apersono en la oficina de González y le juró y perjuró que no era cierto.

Manuel González, compadre de Díaz, conocedor de los secretos del poder del caudillo oaxaqueño, comenzó a abrir cajones de su escritorio, levantando papel y mirando debajo de su escritorio. Díaz se percató de ello y le preguntó que qué estaba buscando; González, con picardía, le respondió:

--Busco al tarugo que se lo crea, compadre.

En este escenario se localizan las promesas y compromisos de López Obrador con la legalidad, porque al final de cuentas sólo va a respetar la que le convenga y para lo que le convenga. En el 2000, López Obrador violó toda la legalidad electoral cuando se registró como candidato del PRD a la jefatura de gobierno sin tener la residencia, cuando su credencial de elector era de Tabasco y presentando sólo una carta de delegado en Coyoacán acreditando que vivía en el DF, pero una decisión política de Zedillo le permitió violentar las leyes.

En procesos electorales, López Obrador perdió dos elecciones de gobernador en Tabasco y en las dos desconoció los resultados. En la de 1988, cuando compitió como candidato del Frente Democrático Nacional, López Obrador sacó apenas 21% de los votos, contra 78.2% del priísta Salvador Neme Castillo y se inconformó con los resultados alegando acusaciones de fraude electoral y prometiendo la presentación de pruebas que nunca se formalizaron de acuerdo con las leyes.

En 1993, López Obrador manipuló a barrenderos del municipio de Villahermosa para plantarse en el zócalo de la ciudad de México en septiembre y poner en riesgo la celebración del desfile militar, igual a lo que haría en el 2006 y con el mismo objetivo. Sin embargo, en 1993 recibió un pago del  gobierno de Salinas de Gortari en el Distrito Federal para levantar el plantón, regresar a los barrenderos a Tabasco y olvidarse de ellos.

En 1994, López Obrador volvió a competir por el gobierno del estado y de nueva cuenta perdió, entonces con Roberto Madrazo Pintado. De acuerdo con los organismos electorales, López Obrador ganó el 37.75% de los votos, poco más de 200 mil, contra el 56.10% de Madrazo por sus casi 300 mil votos. La protesta de López Obrador fue violenta: marchas y un plantón en el zócalo de Villahermosa. A pesar de que la oposición presentó cajas con documentación que presuntamente contenía evidencias de exceso de gasto, Madrazo asumió el cargo.

Sin embargo, el plantón permaneció hasta que Madrazo utilizó la policía para desalojarlo por la fuerza. Las protestas se multiplicaron ya no por el fraude electoral sino por la violencia gubernamental. La intervención de Porfirio Muñoz Ledo como presidente nacional del PRD negoció con Zedillo la renuncia de Madrazo como gobernador; Madrazo aceptó la orden presidencial pero a última hora se cobijó bajo el ala protectora del entonces poderoso Carlos Hank González y camino a Villahermosa destruyó su carta de solicitud de licencia. López Obrador había violentado las leyes para intentar la destitución de quien le había ganado las elecciones.

En 1996, como una forma de consolidar su liderazgo en Tabasco y en el PRD, López Obrador encabezó a un grupo de campesinos para bloquear el acceso a pozos petroleros de Pemex y causar daños millonarios; a pesar de las negociaciones, López Obrador mantuvo el plantón hasta que un día provocó a la policía para obligarlos a entrar en acción, él mismo recibió un toletazo en la cabeza que le valió la portada de Proceso y ganó espacios políticos; la toma de pozos, por cierto, había violado la ley.

En el 2000, López Obrador violó las leyes electorales para tener el registro de candidato, pero la intervención de Zedillo ayudó a su registro. De hecho, la relación de López Obrador con Zedillo había sido de alianza: como presidente del PRD López Obrador había apoyado a Zedillo con sus reformas, al grado de que Heberto Castillo criticó severamente al tabasqueño y lo acusó de seguir los pasos del marxista Vicente Lombardo Toledano cuando se alió al PRI. En un artículo publicado en Proceso, Heberto acusó a López Obrador de ser un lombardista.

Luego Zedillo quiso quitar a Madrazo de gobernador como parte de un acuerdo con López Obrador y tampoco pudo. Así que lo del registro para la elección en el DF fue avalado por el PRI por instrucciones de Zedillo. Y luego vino lo del desafuero en el que movió masas para impedir que la ley lo castigara por violar un amparo.

Así que con un largo camino de renegado de la ley, hoy López Obrador se ampara en la ley para que las autoridades electorales violen la ley y le otorguen valor legal que las denuncias no tienen validez legal y cederle la presidencia de la república en la mesa de negociaciones y no en las urnas.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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