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Martes 17 de julio de 2012

+ Bartlett-Chihuahua: no-anulación

+ 88: fraude en conteo, no después

 

Convertido en el Sancho Panza del quijotesco López Obrador, el senador petista Manuel Bartlett Díaz finalmente ha reconocido que en 1988 sí hubo fraude electoral contra Cuauhtémoc Cárdenas, de acuerdo con una entrevista publicada el domingo pasado en La Jornada.

Para el entonces secretario de Gobernación y presidente de la Comisión Federal Electoral, el fraude de 1988 no se cometió en las urnas ni en el conteo de voto sino en la negociación con el PAN del voto a favor de Carlos Salinas de Gortari en el Colegio Electoral.

Sin embargo, lo que se negoció con el PAN no fue el resultado del 6 de julio sino la calificación en el Colegio Electoral. El fraude ocurrió cuando se “cayó” el sistema de cómputo de la CFE la noche del 6 de julio para permitir el acomodo de votaciones a favor de Salinas y en contra de Cárdenas. La operación directa fue de Bartlett y los responsables salinistas el entonces superasesor Joseph-Marie Córdoba Montoya y el secretario electoral priísta Patricio Chirinos.

A cambio de aprobar la elección de Salinas decidida en la CFE de Bartlett, el PAN, Luis H. Alvarez negoció una reforma política y la concertacesión de las gubernaturas de Baja California y Guanajuato. Sin embargo, esas negociaciones se iniciaron cuando Bartlett era el responsable político del gobierno de Miguel de la Madrid y en el escenario de que el propio De la Madrid autorizó las autorizó, por lo que Bartlett fue cómplice de esa cesión de espacios de poder al PAN. Y las entregas de gubernaturas ocurrieron cuando Bartlett era secretario de Educación Pública del Salinas ejerciendo una presidencia, de acuerdo con las hoy palabras de Bartlett, producto del fraude electoral.

Lo que menos puede clamar Bartlett es su inocencia. En 1986 organizó, junto con Elba Esther Gordillo, el fraude electoral en Chihuahua para impedir la victoria del candidato panista Francisco Barrio Terrazas. El fraude fue tan burdo, que intelectuales de todos los grupos --entre ellos Octavio Paz, Carlos Monsiváis, Héctor Aguilar Camín y Enrique Krauze-- exigieron la anulación de las elecciones.

En una cena con algunos de los veintiún intelectuales, cuenta Enrique Krauze en La presidencia imperial, Bartlett dijo que “era imposible ceder a su petición (de anulación) porque la victoria del PAN en Chihuahua abriría las puertas a tres enemigos históricos de México: la iglesia, los Estados Unidos y los empresarios”. El problema en Chihuahua, era el razonamiento de Bartlett, no era el fraude sino el papel ideológico y político del PAN, a pesar de que hubo pruebas suficientes sobre las irregularidades electorales. Ahí se acuñó el argumento de Bartlett en pocas palabras: un fraude patriótico.

En su entrevista con La Jornada, Bartlett vuelve a confundir a los lopezobradoristas que lo llevarán al Senado el próximo primero de septiembre: “si alguien hizo presidente a Salinas de Gortari no fui yo, sino el PAN que lo avaló en el colegio electoral”. Sin embargo, sin las cifras trampeadas en las computadoras de la CFE de Bartlett, en realidad Salinas nunca hubiera llegado al Colegio Electoral. Por tanto, el responsable directo de la entronización de Salinas es Bartlett, el hoy flamante senador lopezobradorista.

Y el problema de Bartlett es mayor por el hecho de que fue candidato del PRD-PT-Convergencia a la elección de senadores en urnas el domingo pero quedó en tercer lugar, aunque jugó a la segura como primero de lista a senadores plurinominales por el PT. Sin embargo, Bartlett declaró oficialmente que hasta el momento de al elección no había renunciado al PRI, por lo que su priísmo lo hace cómplice del PRI por las acusaciones de López Obrador. Al final, Bartlett ya perdió la brújula de lealtades políticas.

Lo realmente importante de la declaración del domingo de Bartlett fue que finalmente aceptó el uso de la palabra fraude para caracterizar la operación política que puso a Salinas de Gortari en la presidencia de la república en 1988. En declaraciones a Jorge G. Castañeda para su libro La herencia, Miguel de la Madrid contó que Bartlett le informó que las primeras cifras daban adelantado a Cárdenas y, le dijo Bartlett, “no puedo dar esas cifras  porque estarían muy ladeadas, y aunque después sigan las cifras de otros estados en donde creo nos podemos vamos a recuperar, si damos desde un principio la tendencia a favor de Cuauhtémoc, después no nos van a creer”.

Lo significativo de las palabras de Bartlett que contó de la Madrid es el uso del “nos” que implicaba su función como priísta. Lo repetiría más tarde; dijo De la Madrid que Bartlett estaba confiado en remontar las cifras adversas: “cuando nos lleguen los estados muy priístas, como Puebla, Chiapas y otros, allí nos vamos a emparejar”. Esta argumentación de De la Madrid lleva a la consolidación la tesis de que Bartlett desconectó las computadoras en la noche para permitir la llegada de votaciones de estados priístas y así ayudar a Salinas a no permitir que en ningún momento Cárdenas se colocara arriba de Salinas. Bartlett sugirió ocultar información y de la Madrid lo aceptó.

Los fraudes de Chihuahua en 1986 y presidencial en 1988 son hijos del mismo venero político del PRI y los dos tienen hilos de poder hacia Bartlett como secretario de Gobernación en del gobierno de De la Madrid. Luego de que los intelectuales pidieron anular elecciones, Bartlett fundamentó los argumentos del “fraude patriótico”, aunque en 1992, con Salinas en la presidencia, Barrio finalmente ganó la gubernatura, mientras Bartlett pactaba con el superasesor salinista Córdoba Montoya la gubernatura de Puebla por el mismo PRI que había sido derrotado en Chihuahua, eso sí, por dedazo y sin pasar por elección interna.

Por tanto, la candidatura de Bartlett al gobierno poblano fue hija del fraude de Bartlett a favor de Salinas y del pacto del PAN para entronizar a Salinas. O sea: Bartlett les debe su carrera política a Salinas, al PAN y al fraude de 1988.

 

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