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Jueves 19 de julio de 2012

+ ¿Fraude 2012 sólo contra AMLO?

+ PRD: y qué nadie tome posesión

 

En 2006, cuando López Obrador comenzó su lucha contra su derrota denunciando fraude y pidiéndole al PRD que impidiera la toma de posesión de Calderón, el perredista Adolfo Gilly hizo una propuesta seria para denunciar el fraude electoral y provocar una crisis constitucional:

“Con las indispensables pruebas de la manipulación o del fraude que denuncian, el PRD y sus aliados pueden impugnar toda la elección por la vía de los hechos jurídicos: si la votación presidencial ha sido manipulada y sus cifras son falsas, las de todas las otras elecciones concomitantes (seis papeletas en total) también lo son.

“En consecuencia, tienen el recurso y el derecho legales de no tomar posesión de sus cargos --senadores, diputados, jefe de Gobierno, jefes delegacionales, asambleístas-- hasta que un conteo imparcial conceda credibilidad y legitimidad a la elección de presidente. Y a ver cómo le hacen para gobernar si quienes fueron elegidos por esa marea electoral no aceptan someterse a las manipulaciones y las trampas.”

Pero nadie en ese 2006, absolutamente nadie de los electos con López Obrador, hizo ninguna denuncia contra el fraude, ni menos aún se negó a tomar posesión de su cargo. Hoy, en las elecciones del 2012, ocurre lo mismo: ninguno de los candidatos perredistas ha denunciado fraude ni menos aún ha introducido peticiones de anulación de votaciones parciales; por ello, resulta que el fraude electoral se hizo sólo contra el candidato presidencial perredista en casillas donde se votaron elecciones federales y estatales y con los mismos funcionarios electorales.

Por eso es que todos los perredistas electos en las urnas van a tomar posesión de sus cargos. La única excepción fue Manuel Bartlett, candidato de López Obrador al Senado por Puebla y operador del fraude en el conteo de cómputo de votos en 1988 contra Cárdenas: el aún priísta pero lopezobradorista denunció que le cometieron fraude con la manipulación de votos en el conteo de las computadoras --igual que el que él le aplicó a Cárdenas--, aunque será senador pluri en la votación presuntamente fraudulenta que denunció su nuevo jefe político y al cual obviamente no renunciará.

Ahí se localiza la principal incongruencia de la denuncia de López Obrador: si ningún otro candidato perredista quedó inconforme con el resultado ni denunció fraude, y menos los que ganaron la gubernatura de Tabasco y de Morelos, entonces existen evidencias de que el proceso electoral fue aceptado por la oposición. En cualquier tribunal esta argumentación sería válida para ubicar las denuncias en su exacta dimensión.

López Obrador tiene otro problema: justificar o esconder entre gritos de denuncia su disminución en votos:

--López Obrador, en estas elecciones del 2012,  sacó en el DF 578 mil votos menos que el candidato perredista a jefe de gobierno, Miguel Angel Mancera. En cambio, Peña Nieto sacó 177 mil votos más que la candidata Beatriz paredes.

--La votación de López Obrador en el DF, su centro de poder, ilustra el tamaño de su caída electoral en la capital de la república: casi 1.5 millones de votos para López Obrador en el 2012, contra 1.8 millones de Cuauhtémoc Cárdenas en 1997, 1.6 del propio López Obrador como candidato a jefe de gobierno en el 2000, 2.2 millones de Marcelo Ebrard en el 2006 y 2.1 millones de Mancera.

--Como candidato sólo del PRD en el 2000, López Obrador apenas sacó 40 mil votos más que el panista Santiago Creel; el PAN evitó la revisión de la elección porque el gobierno del DF, a cargo de Rosario Robles, le ayudó ilegalmente con la estructura gubernamental y el PRI de Zedillo prefirió evitar las protestas lopezobradoristas de cara a la victoria del PAN con Fox y la pérdida presidencial del PRI.

La fijación de víctima política que tiene López Obrador de sí mismo para disfrazar sus derrotas electorales lo hace desconocer una realidad: en el DF tuvo más de millón de votos menos porque aquí recuerdan el plantón del 2006 y todo el daño social a la ciudad de México. El saldo de casi 1.5 millones de votos en el DF para su candidatura presidencial fueron 7 mil votos menos que los que obtuvo en el 2000 para jefe de gobierno y muy por debajo de los 2.8 millones que logró en la ciudad de México en las presidenciales del 2006.

Las cifras revelan la debacle electoral de López Obrador y son los datos que el derrotado candidato presidencial perredista oculta a sus seguidores. Por ello es que su denuncia de compra de 5 millones de votos priístas no busca probar los mecanismos de adquisición de votos del PRI, sino quiere que le resten a Enrique Peña Nieto esos 5 millones para que su votación perredista quede en 14 millones 226 mil 784 votos --el 28.27% del total-- y López Obrador entonces quede como el ganador con sus 15.8 millones de votos, el 31.6%.

Pero como el proceso electoral mexicano no se maneja en función de los caprichos de los candidatos, entonces la segunda fase apelará a invalidar la elección presidencial pero no la legislativa federal ni las locales que se realizaron en las mismas urnas.

Y como el objetivo final está casi imposible en términos legales, entonces López Obrador pasará a la fase decisiva: echar mano su figura mesiánica para victimizarse del poder de los demás. En la protesta, sus seguidores están mostrando ya indicios de la derrota: por ejemplo, la Convención Nacional contra la Imposición utiliza el concepto de imposición que acepta resultados inevitables de derrota; protestan contra la imposición, es decir, el acto de haber impuesto a alguien, y ya no contra el fraude. Y esa Convención ya anunció acciones de agresión contra ciudadanos y empresas.

Si deveras hubo fraude, entonces queda la salida de Gilly: que ningún perredista tome posesión, ni siquiera en el DF, y entonces sí crear una crisis constitucional. Pero los perredistas andan felices con sus constancias de mayoría.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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