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Miércoles 1 de agosto de 2012

+ Soriana: los demonios, sueltos

+ AMLO y lenguaje, provocador

 

Como era de esperarse, las denuncias condenatorias de Andrés Manuel López Obrador en contra de Soriana derivaron en ataques con bombas incendiarias el lunes contra una tienda en Monterrey. La relación de ambos hechos es directa porque no existían amenazas en contra de ese establecimiento de autoservicio.

No se trata del primer incidente. A los dos días de las elecciones, seguidores de López Obrador se metieron a hacer mítines de protesta en tiendas Soriana del DF. Para azuzar el encono, el candidato presidencial perredista derrotado exhibió miles de tarjetas Soriana presuntamente vinculadas al PRI.

Lo grave del asunto es que López Obrador no hizo realmente una denuncia contra la empresa de autoservicio sino que emitió condenas. Si se revisan los mecanismos de utilización, el PRI uso el servicio y la empresa realizó un negocio. En toda la diatriba del perredista contra Soriana no hubo ninguna prueba que involucrara a Soriana como parte de la estructura electoral del PRI.

Los ataques violentos contra Soriana deben localizarse en el escenario de las protestas de López Obrador. Y en ese contexto se debe ubicar también la forma en que el candidato perredista metió a la empresa Televisa en el aparato político de Enrique Peña Nieto y con ello también azuzó a sus seguidores a emprender ataques contra la televisora.

El cerco del movimiento lopezobradorista YoSoy132 a Televisa no fue político sino de violencia insurreccional porque impidió el funcionamiento normal de la empresa en la fecha de inicio de actividades de la Olimpiada en Londres. Los estudiantes afectaron a los empleados de una empresa privada que no pudieron ingresar a su centro de trabajo, lo que puede considerarse una acción violenta. El discurso político de López Obrador ha soltado los demonios de la protesta nada cívica y sí de agresión física. El tabasqueño acusa a Televisa de haber fabricado la imagen mediática de Peña Nieto pero carece de pruebas que involucren esas acciones con el proceso electoral porque las denuncias de presuntos convenios datan de 2005.

En el fondo, López Obrador se ha encargado de fabricar un clima de violencia poselectoral; y si bien los climas no rompen el orden social, sí facilitan que algunas organizaciones lo hagan. La violencia del 132 contra Televisa y los responsables de arrojar bombas incendiarias a Soriana forman parte del mismo clima político de descomposición social que se ha encargado de crear López Obrador. Los perredistas pueden deslindarse de la violencia de ambas acciones, pero al final de cuentas el escenario es de ellos.

No es la primera vez que López Obrador o sus seguidores cometen este tipo de tropelías políticas. En el 2006, el clima de encono azuzado por López Obrador llevó a sus seguidores, el martes 18 de julio, a golpear la camioneta donde iba Felipe Calderón luego de reunirse con sindicalistas. El miércoles 19 de  julio, Elena Poniatowska y Jesusa Rodríguez organizaron la toma del edificio central de Banamex por una denuncia de López Obrador e impidieron en funcionamiento cotidiano. El viernes 21 de julio seguidores de López Obrador bloquearon la entrada de la empresa Pepsi-Co por denuncias del tabasqueño de que esa empresa había apoyado al PAN. El lunes 25 de julio, Elena Poniatowska, Jesusa Rodríguez y Regina Orozco se metieron a un centro comercial de Santa Fe a gritar consignas de recuento de votos.

En el 2006, López Obrador denunció a las empresas Banamex, Wal-Mart y Sabritas de haber apoyado al PAN y a Calderón y sus seguidores invadieron tiendas para gritar insultos a los duelos: el miércoles 26 de julio Jesusa Rodríguez y Regina Orozco hicieron un mitin dentro de Plaza Universidad para agredir a gritos al empresario jerónimo Arango. El martes 8 de agosto seguidores de López Obrador tomaron por la fuerza las cinco casetas de cuota y dejaron pasar libremente a los autos. El viernes 8 de septiembre miembros de la coalición de AMLO rompieron por la fuerza la valla de seguridad en Michoacán donde se encontraba Calderón. El 14 de noviembre Jesusa Rodríguez encabezó una protesta contra Wal-Mart en sus oficinas centrales.

El problema de la violencia política es el doble juego de lenguaje de López Obrador. En el 2006 en sus mítines en el zócalo agredió verbalmente a los medios que, según él, habían apoyado a Calderón y el PAN. Lo mismo ha ocurrido este 2012: periodistas que critican a López Obrador son agredidos por sus seguidores.

En la respuesta política de López Obrador no hay variantes. En el 2006 manejó la bandera del presidente interino, al grado de que enfiló al ex rector Juan Ramón de la Fuente como el candidato lopezobradorista al interinato, aunque llevaba ya la marca de la casa porque el candidato perredista lo había anunciado públicamente como el secretario de Gobernación de “su” gabinete presidencial. El abogado Elisur Arteaga, hoy firmante de desplegados a favor del tabasqueño, dijo que procedía la anulación electoral y el interinato.

En el 2006 López Obrador ordenó al PRD, al PT y a Convergencia movilizar a sus legisladores para impedir la toma de posesión de Calderón el primero de diciembre; la orden fue cumplida y cadenas puestas por perredistas cerraron los accesos al salón de plenos, pero Calderón ingresó por la puerta trasera; sin jura presidencial habría interino. La perredista Ruth Zavaleta reveló que perredistas habían ingresado a la Cámara bombas molotov. Y el sábado 10 de septiembre, en un juego de futbol americano en el Politécnico, seguidores de López Obrador pusieron una manta que decía: “no a la imposición”.

Nada de lo que hoy ocurre --violencia contra empresas, interinato y lenguaje-- es diferente al 2006. Antes y hoy López Obrador jura que su movimiento es pacífico, pero la violencia es de sus seguidores y en su nombre. Como en el 2006, hoy López Obrador soltó a los demonios de la violencia. Pero ni así.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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