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Viernes 10 de agosto de 2012

+ CIDH: falta de Alvarez Icaza

+ Dos caretas para presionar

 

El flamante nuevo secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Emilio Alvarez Icaza, parece confundido con sus funciones en el organismo, porque después de su toma de posesión sigue en actividades en el movimiento de Javier Sicilia.

Lo grave del asunto es que Alvarez Icaza está violando los estatutos y reglas de la CIDH. La fracción 3 del artículo 12 del Reglamento de la CIDH establece claramente que “el Secretario Ejecutivo, el Secretario Ejecutivo Adjunto y el personal de la Secretaría Ejecutiva deberán guardar la más absoluta reserva sobre todos los asuntos que la Comisión considere confidenciales. Al momento de asumir sus funciones, el Secretario Ejecutivo se comprometerá a no representar a víctimas…”

Pero Alvarez Icaza, ya en funciones de secretario ejecutivo de la CIDH sigue no sólo aparece en la ciudad de México en actos del movimiento de Sicilia defendiendo a víctimas sino que continúa con sus artículos de crítica al gobierno de Calderón y al Estado mexicano. Con ello, está comprometiendo la imparcialidad de la CIDH. Casi por regla, los mexicanos de la CIDH y de la Corte Interamericana se excusan de participar en investigaciones sobre casos mexicanos para evitar suspicacias.

Las funciones de la secretaría ejecutiva de la CIDH son más bien de burocracia interna:

a. Dirigir, planificar y coordinar el trabajo de la Secretaría Ejecutiva y coordinar los aspectos operativos de la labor de los grupos de trabajo y relatorías;

b. Elaborar, en consulta con el Presidente, el proyecto de programa‑presupuesto de la Comisión, que se regirá por las normas presupuestarias vigentes para la OEA, del cual dará cuenta a la Comisión;

c. Preparar, en consulta con el Presidente, el proyecto de programa de trabajo para cada período de sesiones;

d. Asesorar al Presidente y a los miembros de la Comisión en el desempeño de sus funciones;

e. Rendir un informe escrito a la Comisión, al iniciarse cada período de sesiones, sobre las labores cumplidas por la Secretaría Ejecutiva a contar del anterior período de sesiones, así como de aquellos asuntos de carácter general que puedan ser de interés de la Comisión; y

f. ejecutar las decisiones que le sean encomendadas por la Comisión o el Presidente.

Por tanto, el secretario ejecutivo de la CIDH debe de estar alejado de cualquier toma de posición sobre asuntos de violaciones de derechos humanos por el hecho de que pudiera considerarse como una parcialidad. Por tanto, Alvarez Icaza debió de haber meditado que el nuevo cargo en la CIDH lo obligaba al sacrificio de alejarse de la participación militante en grupos defensores de derechos humanos porque jurídicamente pudiera asumirse como parte y juez.

Si bien el reglamento de la CIDH otorga facultades menores al secretario ejecutivo, su relación con grupos investigadores de denuncias de ese organismo pudiera contaminarse con el activismo militante en alguna organización. Una cosa es que la fracción 2 del artículo 11 del Reglamento de la CIDH exija “reconocida trayectoria en derechos humanos” para los aspirantes al cargo de secretario ejecutivo y otra cosa que llegue a ejercer la función siendo miembro de alguna organización de defensa de derechos humanos.

Como secretario ejecutivo de la CIDH Alvarez Icaza participó en el conflicto por el monumento a las víctimas de la violencia y también con ese cargo internacional publicó cuando menos dos artículos en El Universal con críticas al presidente de México y al gobierno mexicano. Más aún, en el artículo de la semana pasada, viernes 3 de agosto, Alvarez Icaza se confronta con el consejero jurídico de la Presidencia de la República, Miguel Alessio Robles.

En realidad, Alvarez Icaza puede ejercer su militancia en el movimiento de Sicilia y polemizar con quién desee, pero no debería hacerlo desde su cargo de secretario ejecutivo de la CIDH porque esa parcialidad podría contaminar los expedientes que se desahogan en la Comisión Interamericana, algunos de los cuales provendrían de casos que apadrina el movimiento de Sicilia.

En su texto contra Alessio, Alvarez Icaza confronta al presidente de México por las víctimas, cuando el Reglamento de la CIDH establece claramente el compromiso legal del secretario ejecutivo de “no representar a víctimas”. Falta por saber es si la opinión de Alvarez Icaza es personal o en realidad está abusando de su cargo para meterse en el debate sobre la violencia en México.

Las opiniones de Alvarez Icaza pesan porque representan a la CIDH. Su denuncia de que el memorial a las víctimas impulsado por el gobierno sería “otra estela de luz” fue tomada por el periódico Los Angeles Times. Lo grave es que la próxima semana el movimiento de Sicilia iniciará una marcha en los Estados Unidos y en ese escenario se localiza el activismo de Alvarez Icaza a favor de víctimas pero con el cargo de secretario ejecutivo de la CIDH.

Además, opino que Javier Sicilia, su movimiento, el rector de la UNAM José Narro, los periodistas y el Movimiento YoSoy132 deben responsabilizar a los narcos de la violencia y los muertos, exigir sin dobleces la rendición incondicional de Joaquín El Chapo Guzmán, Ismael El Mayo Zambada, Heriberto Lazcano El Lazca, Servando Gómez La Tuta, Juan José El Azul Esparragoza, Vicente Carrillo Fuentes y otros capos y demandar la entrega de su arsenal de armas para ser juzgados como responsables de la violencia criminal en el tráfico de drogas y de varios de miles de muertos en enfrentamientos entre cárteles.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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