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Martes 21 de agosto de 2012

+ El Yo soy132 como PRI de antes

+ La democracia, un mero pretexto

 

El movimiento estudiantil YoSoy132 se salió de control, perdió identidad y se perfila como organización anarquista y antisistémica.

Su fervor por la democracia es una mera pose demagógica porque en realidad se trata de una organización autoritaria que dice buscar la democracia pero se la ha pasado atacando las instituciones democráticas; y dice luchar contra la imposición de Enrique Peña Nieto pero en el fondo esconde su intención de imponer a Andrés Manuel López Obrador al margen de las instituciones democráticas.

A pesar de --o a lo mejor por-- estar formado por estudiantes de educación superior de instituciones privadas y públicas, el 132 ha definido autoritariamente su propia democracia, aunque es la hora en que se niegan a aceptar sus modelos de democracia: el 132 representa una democracia de masas y en movimiento y lucha contra la democracia representativa que define la Constitución.

Si se revisan los posicionamientos respecto a las elecciones, desde la campaña contra el PRI y Peña Nieto hasta la estrategia para bloquear e impedir la toma de posesión del ganador que determinen las instituciones electorales, el 132 pugna por imponer autoritariamente su voluntad, muy al estilo de la democracia de masas liderada por caudillos.

La democracia de masas depende de la movilización, del bloqueo en las calles, de tomar por asalto casetas de autopistas para violar la ley dejando pasar automovilistas sin pagar, de bloquear los accesos a medios de comunicación que ellos consideran que colaboraron con la política mediática de Peña Nieto y con ello tratar de obligar a un medio de comunicación privado a asumir la política informativa del 132 y no la que determinen las definiciones de las empresas. Asimismo, el 132 ya avisó que no respetará el resultado oficial de las instituciones electorales sin presentar --a pesar de estar formado por estudiantes e investigadores de nivel superior-- pruebas de sus dichos; ahí es donde el 132 es voluntaristamente autoritario: es su opinión… y punto, se debe acatar, aunque la democracia es el sistema de ejercicio de la libertad de expresión donde cada quien puede exponer libremente sus ideas.

El domingo, alguna de las tantas facciones del 132 estudiantil decidió bloquear uno de los accesos al edificio del periódico Milenio en nombre de la democracia y por no estar de acuerdo con la política editorial de ese medio privado de comunicación. Al bloqueo se unió otra fracción del 132 formado por la “asamblea de posgrados” de la UNAM, es decir, de nivel de maestría y doctorado. Hasta donde se tienen datos, ninguno de los estudiantes o profesores del 132 se ha preocupado por presentar algún ensayo o investigación académica que pruebe científicamente que Televisa o Milenio violentaron el equilibrio informativo.

Ahí es donde se percibe la pobreza intelectual y científica de los estudiantes y profesores del 132 y su degradación a vándalos callejeros que usan la violencia social callejera para desacreditar a adversarios, cuando en una democracia real existen espacios deliberativos, de confrontación y de difusión de ideas críticas. Por tanto, el pensamiento político e ideológico del 132 es autoritario y, peor aún, totalitario porque quiere imponer, en un escenario de construcción democrática, su versión de una realidad como la única; paradójicamente, se trata de un comportamiento exactamente igual al PRI del viejo régimen cuando imponía su enfoque de la realidad como único.

El 132 no ha abierto mesas de debates, no ha dialogado críticamente con los analistas de los medios cuestionados, no ha enriquecido el debate con ideas; sus impugnaciones son dogmáticas, con frases chuscas o insultantes en carteles exhibidos en marchas, carecen de un marco teórico indispensable, obviamente se salen de los canales institucionales porque sus demandas no resisten el análisis científico de la realidad. Es más fácil bloquear Televisa y Milenio que promover algún debate de ideas sobre el papel de la televisión o realizar investigaciones de contenido sobre los medios.

En este sentido el 132 es víctima de sus propias críticas: se hunden en las redes sociales que son mecanismos de interrelación pero no de análisis de fondo. Por ello es que es más fácil una frase chistosa en 140 caracteres que un ensayo analítico sobre el futuro de la sociedad o los escenarios del corto plazo o el papel de los medios. El grito callejero y el plantón sustituyen el debate de ideas. ¿Quién del 132 ha escrito algún ensayo sobre la transición, el pasado del PRI, el futuro de la restauración? La foto de ayer del plantón de Milenio presenta a militantes echando la güeva en sillas, alguno de ellos dormido, en lugar de haber montado una mesa para debatir políticas editoriales con periodistas de ese medio o de Televisa.

Lo grave de las posiciones estridentes del 132 radican en lo que pudiera considerarse la negación de la democracia: imponer por la fuerza la voluntad de una minoría rebelde por encima de la participación de una mayoría institucional: Peña ganó por 3.4 millones de votos a López Obrador, el PRD y sus aliados representaron el 30% del electorado y el 132 es una coalición gelatinosa de grupúsculos de presión sin una esencia política. Si los estudiantes del 132 han ido a la universidad para terminar como los Panchos Villas cerrando casetas de autopistas, entonces el sistema educativo mexicano ha sido un fracaso.

Así, el 132 ha derivado en un vandalismo callejero y está muy lejano de una organización de estudiantes de educación superior debatiendo la democracia. El 132 llamó la atención por la juventud de sus miembros, pero parece que la dirección política del movimiento está en manos de los profesionales de la industria de la protesta. Si es así, los padres de familia tendrían todo el derecho de exigir a las escuelas de sus hijos la devolución de las colegiaturas porque seguro los enviaron a estudiar ideas y no a graduarse en plantones y marchas.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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