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Jueves 27 de septiembre de 2012

+ Sindicatos: 2012 no es 1915-1929

+ Populismo sindical, no conquistas

 

A la hora de las votaciones sobre la iniciativa de reforma electoral del presidente Calderón, los miembros de la Cámara de Diputados deberán tomar en cuenta el escenario político de contexto:

1.- La alianza histórica del Estado con los trabajadores asumía a los beneficios a los sindicalistas como extensivos a la sociedad; pero esos sindicatos ya perdieron su relación con la sociedad y obtienen prestaciones sociales gremiales a costa del bienestar de la sociedad en general.

2.- Los sindicatos desaprovecharon la oferta de la reforma laboral de Carlos Salinas en 1990 en cuando menos dos concesiones: la propiedad accionaria de trabajadores y los comités de fábrica para toma de decisiones patrones-trabajadores. Salinas le entregó al sindicato de telefonistas y a los mineros en 5% de las empresas privatizadas para que tuvieran acceso a información de la empresa, pero los telefonistas le revendieron su paquete al propietario Carlos Slim y el líder sindical minero Napoleón Gómez Urrutia se apropió del valor del paquete accionario y lo vendió para beneficio propio.

3.- Los trabajadores sindicalizados convirtieron el salario en el eje de las relaciones Estado-trabajadores-empresas pero el neoliberalismo de Salinas colocó al salario como una variable estabilizadora antiinflacionaria. Los sindicatos, todos, aceptaron las nuevas reglas y con ello perdieron su fuerza negociadora. La clave se localizó en el hecho de que los trabajadores ya no estallaron huelgas por salarios.

4.- El bienestar de los trabajadores fue la doctrina política del PRI respecto a los obreros; pero en el Plan Nacional de Desarrollo 1989-1994 de Carlos Salinas, el enfoque tutelar del Estado en materia laboral se suplió por la doctrina neoliberal del “mejoramiento productivo del nivel de vida de la población”, es decir, la sobreexplotación de la mano de obra.

5.- El sindicalismo mexicano se dividió en dos grupos: el independiente-revolucionario-proletario y el priísta-fidelvelasquista. El Estado en los gobiernos de López Mateos, Díaz Ordaz, Echeverría, López Portillo, De la Madrid y Salinas aplastó al primero y colocó al segundo como el viable. El último líder sindical proletario, Rafael Galván, fue liquidado políticamente por el gobierno de López Portillo. Desde entonces y sobre todo a partir de 1981, el sindicalismo gubernamental de la CTM avaló la política antiobrerista de los últimos gobiernos del PRI.

6.- Aunque el PRD tomó el registro del Partido Comunista Mexicano en 1989 y con ello el compromiso obrero de una organización socialista, al final los priístas de la Corriente Democrática abandonaron los enfoques comunistas para retomar los criterios del cardenismo que organizó corporativamente a los sindicatos para equilibrar la presión patronal. Cuando Salinas separó al Estado de las corporaciones, los sindicatos se refugiaron en el PRD de ex priístas.

7.- La ley federal del trabajo moderna fue diseñada por los gobiernos antiobreristas de López Mateos y Díaz Ordaz y aprobada en 1970, pero el gobierno de Luis Echeverría (1971-1977) la utilizó con enfoques populistas para convertir a los sindicatos en el brazo político y proletario del PRI. Esta ley se basó en el criterio proletario de la redacción del artículo 123 Constitucional de 1917. El espíritu sindicalista del gobierno duró hasta el periodo 1989-1993, cuando Salinas abandonó los compromisos del Estado con los trabajadores en función de tres criterios: el fin del concepto de Revolución Mexicana en los documentos del PRI, el golpe autoritario contra el sindicato petrolero y el sindicato magisterial y el tratado de comercio libre que globalizó la economía y tuvo que diluir el concepto tutelar del Estado sobre los derechos y bienestar de los trabajadores.

8.- El problema central en la ley del trabajo no radica ya en el concepto tutelar de derechos de los obreros o en el compromiso del Estado de construir beneficios para los trabajadores, sino en la estructura corporativa de los sindicatos que daña la democracia sindical y que se convierte en un lastre para la política laboral del Estado.

9.- Los sindicatos han perdido la batalla política por su dependencia del Estado --disfrazada de relación “histórica” con el gobierno en turno-- y por el papel hegemónico del liderazgo sindical institucional. Hoy los principales miembros de la comisión del trabajo de la Cámara de Diputados pertenecen a sindicatos controlados por el PRI, carecen de autonomía política y van a aprobar lo que les ordenen del partido. En cambio, el sindicalismo independiente ya se burocratizó, carece de un partido de vanguardia proletaria y es minoría.

10.- Más que el asunto de la “autonomía sindical”, las “conquistas” históricas del proletariado y la “estabilidad social” por un proletariado tranquilizado con prestaciones sociales, los líderes sindicales han olvidado que el problema central es de disputa por la riqueza y que el punto central radica en la relación salarios-precios-utilidades-fisco. En esta articulación de variables económica se localiza el bienestar de los trabajadores. Sin embargo, los líderes sindicales quieren perpetuar el modelo de explotación de los trabajadores: liderazgos sindicales eternos, basados en la apropiación de las cuotas y articulados a acuerdos secretos con el gobierno y con el Estado.

Al final, estos diez puntos revelan que ya se agotó el modelo de relación Estado-trabajadores que definió el proyecto político de la Revolución Mexicana y el PRI y que este modelo implicó la triple explotación de los obreros por parte del gobierno, los líderes sindicales y los empresarios.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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