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Domingo 7 de octubre de 2012

+ Laboral: el peor de los caminos

+ Seguridad: los indicios de Peña

 

Por la forma, tiempo y estilo de presentación de la reforma laboral, su destino iba a ser… el que fue: la configuración de una zona de desorden político y social. El PAN le puso el cascabel al gato, el PRD prefirió proteger a los líderes charros de la izquierda y el PRI se quedó como pasmado.

La reforma de las leyes del trabajo --el artículo 123 Constitucional y su ley reglamentaria-- ha tenido cuatro etapas: la de su creación y consolidación en el periodo revolucionario 1917-1940, la de la represión obrera 1956-1968, la del populismo 1971-1982 y la del neoliberalismo 1989-2012. En las tres primeras fases hubo reformas para profundizar la alianza Estado-trabajadores, pero en la cuarta comenzó el deslindamiento de compromisos.

La reforma económica de Salinas de Gortari --endurecimiento del control sindical vía quinazos, liquidación del salario como instrumento de justicia y su papel como control inflacionario, la declinación del Estado y el dominio del mercado y la globalización productiva-- fue el detonador del final histórico del compromiso del Estado con los trabajadores.

En casi un cuarto de siglo los sindicatos perdieron su papel activo en el sistema político y el sindicalismo independiente-opositor-de izquierda no supo plantear una opción político-social y derivó en los mismos vicios del sindicalismo priísta. Paulatinamente los trabajadores fueron perdiendo su papel de vanguardia de la sociedad y comenzaron a luchar por beneficios propios y no sociales. El PRD como partido de la amplia coalición centro-progresismo-neopopulismo priísta-izquierda abandonó su papel como factor de la clase obrera y derivó en un partido de servicios.

Sin posibilidades de reconfigurar su papel en defensa del salario remunerador, los sindicatos priístas y de oposición se han conformado con defender sus privilegios en la conducción de los sindicatos sin rendición de cuentas y sin instrumentos de defensa de los obreros. Y lo mismo ocurre en los sindicatos oficiales como el de Pemex, la CFE y el SNTE, que en los de oposición como el de Telefonistas, universitarios y electricistas.

La crisis del sindicalismo fue una herencia del modelo de modernización neoliberal del gobierno de Carlos Salinas de Gortari porque en ese sexenio terminó el compromiso del Estado con los trabajadores, el mercado comenzó a dictar las reglas productivas y el PRI se conformó con mantener el control de la CTM y afines. La izquierda comunista le apostó a la ruptura imposible y luego el neopopulismo perredista reprodujo el esquema priísta de control sindical a cambio de militancia y votos.

De 1989 al 2012 hubo varios intentos de reorganizar el sistema productivo metiéndose con la urgencia de restructurar el sistema sindicalista, pero todos los gobiernos pusieron por delante la prioridad de la estabilidad social. El gobierno salinista debió de haber buscado la reforma, pero Salinas no quiso perder posiciones. El gobierno de alternancia de Fox también estuvo obligado a la reforma, pero prefirió flotar. Y el de Calderón no tuco tiempo político.

La reforma a finales del sexenio calderonista y del ciclo panista en la presidencia estaba condenada al fracaso, aunque ha servido para ponerle un nuevo piso al gobierno priísta de Enrique Peña Nieto. El destino de la reforma fue la derrota porque se trataba de una iniciativa que debió de haber sido pactada antes de enviarse al Congreso. Hoy PAN, PRI y PRD van a pagar los platos rotos de los estilos de reformar sin pactar.

 

SEGURIDAD: LAS DIFERENCIAS

 

El coordinador de diálogo político y política de seguridad del equipo de transición de Enrique Peña Nieto, Miguel Osorio Chong, dio una entrevista al diario Milenio para dar a conocer los primeros trazos de la política de seguridad interior del próximo gobierno. Como era de esperarse, dejó claro que tendrá que continuar la lucha contra los cárteles, aunque con algunas diferencias en asuntos colaterales.

La entrevista fue una respuesta rápida a las filtraciones provenientes de los Estados Unidos --interesadas, sin duda-- que buscaron el posicionamiento del gobierno de Peña Nieto sobre la versión de que se podría entrar en pactos con el crimen organizado. Sólo que en los EU son demasiado obvios; aunque quisiera, el próximo gobierno carecería de espacios para algún acuerdo secreto con los cárteles porque la ofensiva del gobierno de Calderón los puso contra la pared.

Lo que ha quedado claro es que el gobierno de Peña Nieto perdería demasiado si retrocede en la ofensiva militar y policiaca contra los cárteles por la desarticulación de los liderazgos. El colapso de seguridad en Michoacán y Guerrero obliga al gobierno peñanietista a mantener a los cárteles a raya, aunque con mayor espacio para operar sobre el contexto del conflicto: programas emergentes de empleo en las zonas rescatadas, mayor presencia educativa, vigilancia policiaca especial y programas de vinculación de la comunidad en al mantenimiento de los espacios públicos recuperados.

De todos modos, la parte más importante de la estrategia de seguridad de Peña Nieto radicará en los acuerdos a los que llegue con el próximo gobierno de los EU, pues las elecciones presidenciales en el país vecino serán el martes 7 de noviembre, cuando el nuevo gobierno de México aún no tome posesión. Los primeros indicios revelan que México no debiera esperar nada de Washington porque su agenda no quiere sobresaltar la precaria estabilidad social en zonas urbanas controladas por el crimen organizado, básicamente los cinco carteles aztecas que ya están en el territorio estadunidense.

La entrevista del general Naranjo en El País, el pasado fin de semana, en nada tranquilizó a la sociedad mexicana y sí causó reacciones negativas en la comunidad de los servicios mexicanos de seguridad nacional porque el colombiano aún no toma posesión de algún cargo en el gobierno de Peña Nieto que comenzará el primero de diciembre y ya decide como si estuviera en funciones. Al parecer algunos niveles políticos han comenzado a tratar de contener el exhibicionismo del general colombiano.

La entrevista de Osorio Chong en Milenio dejó la impresión de que el grupo de Peña Nieto quiere aprovechar estos dos meses para dejar sentadas algunas tesis de seguridad que serán decisivas en la próxima administración.

 

www.grupotransición.com

carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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