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Lunes 15 de octubre de 2012

+ Crisis: mucho ruido, pocas nueces

+ Quebrar todo y comenzar de cero

 

Ante la incapacidad de los gobiernos para ofrecer entrarle de lleno a la reformulación del orden económico y financiero, las protestas sociales han aumentado en ruido social pero sin ofrecer una alternativa viable.

Si se revisan las crisis que han obligado a programas de ajuste en Europa, el fondo de la crisis es sencillo de explicar: a lo largo de muchos años, los gobiernos socialdemócratas se dedicaron a gastar dinero para tranquilizar a la sociedad, pero sin atender la lógica económica de que todo gasto debe estar apoyaron en ingreso; ahora toca a los gobiernos conservadores aplicar programas de ajuste presupuestal para evitar la quiebra.

El caso de España es prototípico: el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero enfrentó la crisis de 2008 no con medidas racionales sino con mayor gasto público, llevando el déficit presupuestal a niveles de 12%. Ahora al gobierno conservador de Mariano Rajoy le correspondió recortar el gasto porque simple y sencillamente no hay dinero.

Y la derivación del problema es grave: está en peligro el sistema democrático por las movilizaciones sociales. Pero paradójicamente, con todo y las protestas, las encuestas en España siguen colocando al PP de Rajoy por encima del PSOE, lo que ha llevado al país a un callejón sin salidas: una consulta de la política económica podría llevar a la disolución del parlamento y convocatoria a nuevas elecciones, pero las tendencias del voto le darían la victoria al PP.

Lo que vive Europa y el gobierno de Barack Obama lo padeció México en los setenta y los noventa: el populismo de Echeverría y López Portillo aumentó el déficit, éste disparó la inflación y ésta afectó el tipo de cambio; el Fondo Monetario Internacional obligó a los gobiernos a bajar gasto, estabilizar la economía y controlar la inflación vía la demanda (salarios). En 1995, la devaluación heredada por Carlos Salinas obligó a subir tasas de interés para evitar más fuga de capitales, pero esa alza hizo perder a los mexicanos propiedades muebles e inmuebles; Zedillo salvó a los bancos para evitar la quiebra del sistema financiero.

La economía no es un recetario inflexible sino un sistema de pesos y contrapesos que se mueve por dos razones: la acumulación de ganancias o los acuerdos sociales. España resolvió el grave problema inflacionario en 1977 con el acuerdo social de los Pactos de la Moncloa negociados con todas las fuerzas sociales y política, como parte del llamado consenso por la transición democrática, logrando dos objetivos: saltar del franquismo a la democracia y modernizar a España. Zapatero hizo pedazos ese consenso y Rajoy no quiere salvarlo, pero al final la salida de la crisis se encuentra en el diseño de un nuevo consenso que relacione crisis económica con democracia.

En 1995, Zedillo ofertó a los partidos un Acuerdo Político Nacional que aumentó la democracia, distensionó las presiones sociales, condujo a la pérdida de la mayoría absoluta del PRI en el Congreso, posicionó al PRD en el DF y sentó las bases de la alternancia partidista en la presidencia de la república. Antes, Salinas controló a las fuerzas sociales para meter al país en una globalización salvaje de tipo neoliberal que permite crecer pero sin distribución de la riqueza. Y Echeverría y López Portillo, a finales de sus respectivos sexenios, entregaron las decisiones de política económica al Fondo Monetario Internacional.

Las protestas sociales son estridentes pero carecen de horizonte político. No por menos ya se globalizaron en torno al nombre de Ruido Global (Global Noise, en inglés) porque sólo gritan contra los recortes, pero sin entender que en la lógica del corto plazo los recortes son inevitables; y que una solución debe de pasar por un pacto estabilizador que prorratee los costos en el modelo ganancias-pobreza. Y por la violencia de las protestas, hay indicios de que está en riesgo el modelo vigente de democracia.

Las protestas piden no salvar a los bancos; sin embargo, la quiebra de los sistemas bancarios sólo profundizaría la crisis social y el empobrecimiento. De ahí que la dimensión de la crisis y de las protestas esté planteando a los gobiernos un esfuerzo político para rediseñar el sistema financiero internacional. No debe olvidarse que las regulaciones a los bancos fueron eliminadas por el demócrata Bill Clinton y apoyadas por los gobiernos socialdemócratas.

El orden financiero inaugurado en el balneario de Bretton Woods en 1944 para instaurar la hegemonía del dólar y crear a los policías financieros del FMI y el Banco Mundial y el sistema económico globalizado propuesto en el Consenso de Washington en noviembre de 1989 ya quebraron. El primero se creó para establecer el dominio de los EU al finalizar la Segunda Guerra Mundial y el segundo se propuso para fortalecer el señorío de los EU después de la caída del régimen soviético y el bloque comunista.

La crisis política y social a que ha conducido la crisis financiera está debatiendo la hegemonía económica internacional y colapsando el modelo de la globalización. Pero el debate se ha ido polarizando a ajustes neoliberales o más gasto populista, cuando las protestas no son el problema sino el efecto y la causa se localiza el rediseño de un Estadio como regulador de abusos, en el acotamiento a la codicia del enriquecimiento y a un consenso democrático que modernice el sistema representativo para que deje de ser espacio de las oligarquías y permita la ciudadanización de la política.

Lo malo es que la sociedad sólo grita y no propone.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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