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Jueves 18 de octubre de 2012

+ Obama, el peor enemigo de Obama

+ Romney, asentado en centro político

 

A pesar de los esfuerzos realizados en el segundo debate presidencial el pasado martes, el presidente Barack Obama tuvo elementos suficientes para identificar al peor obstáculo para su reelección: no el republicano Mitt Romney sino el propio Barack Obama.

Si el debate le dio una ligera ventaja en las encuestas sobre el resultado del debate, el escenario político estadunidense siguió siendo adverso para el presidente en las tendencias del voto. Peor aún y pese a intentos medio tibios para polarizar la elección y colocar a su adversario en la derecha recalcitrante, al final quedó claro que Obama es el populista que quiere meter al Estado como la solución a los problemas y Romney se apoderó del centro político.

Lo malo para Obama es que está enfrentando el saldo social, económico e internacional negativo de su gestión. Uno de los ciudadanos que interrogó a Obama dejó caer el escenario más adverso para el presidente: ese ciudadano votó por Obama hace cuatro años pero hoy vive peor que entonces y le preguntó que podría esperar para el siguiente periodo. Obama se dedicó a auto elogiarse en temas que nada tenían que ver con el bienestar de los ciudadanos. Romney, en cambio, promovió la reactivación económica con reducción de impuestos, una estrategia que se les da mucho a los republicanos.

Obama hizo enormes esfuerzos para convertir en victorias el retiro de tropas de Irak y el asesinato de Osama bin Laden, pero Romney presionó en la herida recientemente abierta por el asesinato del embajador de los EU en Libia, luego de amenazas que la inteligencia estadunidense desdeñó. Ahí Obama perdió un poco los estribos y se enojó, aunque tampoco dejó certezas de que en cuatro años haya aprendido a operar la seguridad nacional. Minutos antes del debate, tramposamente porque se metió en la campaña electoral de su jefe, la secretaria estadunidense de Estado, Hillary Clinton, asumió la responsabilidad del error de política exterior que propició el asesinato cruel del embajador Chris Stevens en Bengazi. De todos modos, la declaración de Clinton en nada ayudó a Obama.

Obama había apostado todo su resto al segundo debate, luego de que la frivolidad del primero lo hundió en las encuestas, sobre todo porque el equipo republicano de Romney se dedicó durante días a difundir profusamente en la televisión de todo el país las escenas de un Obama sin propuestas. Las encuestas sobre ese primer debate del 5 de octubre le dieron una clarísima ventaja a Romney de 67% contra 25% para el presidente.

El segundo debate dejó también preocupación en los demócratas. Si bien la mayoría de las encuestas le dio a Obama una victoria en la discusión, de todos modos las tendencias dejaron a Romney muy cerca del presidente, en una situación de empate técnico. La gran victoria de Romney fue salirse del espacio de un candidato de la ultraderecha que quiso insertarlo Obama; políticamente, Romney quedó ya como un serio adversario del presidente.

A pesar de sus esfuerzos, Obama careció de capacidad de convencimiento, se enredó en muchas explicaciones aunque al parecer con la intención de quemar tiempo por carecer de respuestas; el tema que se vio como lastre de Obama fue la crisis económica, el desempleo y la falta de expectativas para los jóvenes que salen de las universidades. Ahí Romney aprovechó la oportunidad de prometer lo que fuera, al fin y al cabo que era el aspirante.

En las tribunas de los ciudadanos que preguntaban estuvieron electores que se acreditaron como indecisos, lo que obligaba a Obama a ser mucho más claro en sus respuestas; sin embargo, el peso del saldo negativo de las principales variables, sobre todo las económico-sociales, le restó movilidad discursiva. De ahí que los indecisos hayan quedado más indecisos sobre Obama, lo cual podría derivar en voto a favor de Romney o abstención que dañaría al presidente. En este rubro la aprobación presidencial, de acuerdo a las encuestas, bajó de 60% al jurar el cargo en enero de 2009 a menos de 50% en plena campaña presidencial.

El factor decisivo de las elecciones estará entre los indecisos que van a votar porque son aquéllos que esperaban más del presidente Obama y no estaban convencidos del conservadurismo de Romney; de ahí que la estrategia del republicano haya sido escabullirse de la ideologización de la política e insistido en los problemas prácticos del gobierno pero en función del principal interés de los estadunidenses: la crisis económica y sus secuelas en empleo y poder de compra.

El populismo de Obama lo hizo caer en el espacio del bienestar subsidiado por el Estado y no del ambiente de crecimiento de la economía; Bill Clinton tuvo éxito en su gestión porque propició el crecimiento económico y éste se transformó en empleo-bienestar y no se dedicó a subsidiar al consumidor. Por ello Obama se la pasó cuestionando a Romney, aunque sin duda como una forma de eludir respuestas que no tenía sobre el horizonte de la crisis.

La “ventaja modesta” para Obama, como la calificó el analista Nate Silver en The New York Times tenía referentes: una encuesta la noche del martes, después del debate, repartió el resultado en tres tercios: uno para Obama, otro para Romney y otro como empate. Este dato es significativo porque Obama estaba necesitado de un nocaut contundente. Pero el saldo de dos debates dejó una imagen de Romney muy de centro, un Obama agobiado por cuatro años de crisis y un electorado que quisiera mejores figuras políticas.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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