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Lunes 22 de octubre de 2012

+ Oposición restaura el priísmo

+ IFE y TEPJF, al estilo del PRI

 

Para Juan Carlos, en sus 29,

por lo mucho hecho y lo mucho que falta

 

Si han comenzado a utilizar el concepto de restauración priísta para referirse al regreso del PRI a la presidencia de la república, el PAN y el PRD deberían asumir su propia responsabilidad y no tanto por no ganar suficientes votos sino porque estos dos partidos han manejado la democratización para restaurar a su favor los modos del sistema político priísta.

Entre muchas otras cosas, el PAN y el PRD han sido instrumentos directos o indirectos de la rehabilitación del institucionalismo priísta. Mañana martes, por ejemplo, en Puebla se designarán consejeros electorales estatales para convertir al Instituto Estatal Electoral en un apéndice del gobernador actual que llegó al poder con el apoyo del PAN y del PRD para derrotar al PRI pero para ejercer el gobierno con los estilos priístas.

De acuerdo con la información consistente publicada en el periódico poblano Cambio, el gobernador aliancista Rafael Moreno Valle impondrá a cinco consejeros, dos el PAN y dos el PRI, con lo que el instituto local restaurará el modelo priísta de la Comisión Federal Electoral supeditado al ejecutivo. Y si la actual organización electoral fue una conquista democrática parta derrotar al fantasma de Manuel Bartlett y la CFE del fraude lectoral de 1988 para imponer a Carlos Salinas, ahora los institutos estatales son cuota de poder de los partidos y territorio exclusivo del gobernador en turno.

Como en los viejos tiempos priístas, los organismos estatales electorales en todas las entidades de la república están controlados por el ejecutivo estatal, lo mismo en el DF que en Oaxaca, Puebla y cualquier otra entidad. Ahora Puebla aparece en el tablero de la restauración del estilo priísta por la forma en que el gobernador Moreno Valle va a imponer al consejero presidente; lo advirtió a tiempo el columnista poblano Arturo Rueda: “en la lista (de aspirantes al instituto estatal) aparece el nombre de un mapache electoral del morenovallismo: el nayarita Víctor Cánovas, de infausta memoria” por sus operaciones electorales.

Lo que ocurre en Puebla y que se ha reproducido en todo el país ha hecho  prácticamente inservible el avance democrático de la ciudadanización de las autoridades electorales al hacerlas pasar por el filtro de los partidos. Y el IFE los consejeros son cuotas de los partidos y no representan a la ciudadanía. Con ello, los ejecutivos estatales son los que, como en los viejos tiempos priístas, deciden las elecciones y no existe en voto libre.

De ahí que la restauración priísta no va a llegar con el regreso del PRI a la presidencia de la república sino que ha sido aplicada por el PAN y el PRD que han llegado al poder para rehabilitar el modo priísta de apoderarse de las instituciones democráticas. En los estados también los institutos locales de transparencia y los tribunales estatales electorales, han sido copados por los ejecutivos del PRI, el PAN y el PRD y han perdido su impulso democrático.

Una verdadera instauración democrática debe pasar por el desensamblaje de la estructura de poder al estilo PRI que controlan los ejecutivos locales y el ejecutivo nacional. La verdadera democratización debe pasar por la reorganización total de las instituciones para evitar la restauración priísta:

--El IFE y los institutos locales deberían de desaparecer y en su lugar crear un solo instituto nacional de elecciones sin participación de partidos.

--La credencial de elector debe desaparecer y en su lugar crearse la cédula nacional de identidad porque tiene mayores controles.

--Los tribunales electorales carecen de respeto; por tanto, deben también disolverse y crearse una sala especial en la Corte Suprema para asuntos electorales.

--Los partidos deberían instaurar las elecciones primarias para evitar que los ejecutivos estatales y el federal impongan candidatos y conviertan --como en el sistema priísta-- a alcaldes, diputados federales y locales, senadores y gobernadores en piezas del ejecutivismo o poder ejecutivo estatal o federal.

Las reformas políticas ayudaron solamente a abrir espacios políticos y de gobierno a la oposición, pero no cambiaron el funcionamiento del sistema político priísta. Hoy existen ejecutivos estatales y municipales que son de la oposición pero operan con los mismos vicios priístas. Si se observa con agudo sentido crítico el cambio de consejeros electorales del instituto poblano se percibirá el modelo priísta, a pesar de que el gobernador --ex priísta-- llegó al poder por el PAN y el PRD. Pero lo ocurrido en Puebla ya ha pasado en todo el país.

De ahí que la restauración priísta no va a llegar a México el próximo presidente de la república, sino que en realidad no se ha ido. El gran fracaso fue de Vicente Fox: prefirió mantener el sistema priísta pero al servicio del gobierno panista en lugar de dar el paso de la transición democrática electoral a la instauración de una verdadera democracia. En el camino 2000-2012, gobiernos estatales panistas y perredistas han funcionado como PRI, poniendo las instituciones democráticas al servicio del poder personal del ejecutivo en turno.

Al final, PAN y PRD han demostrado que el priísmo no es un partido sino un modo político de vida. De ahí la importancia de la frase atribuida a Luis Javier Garrido: “en México todos somos priístas hasta demostrar lo contrario”.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

 

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